Una nueva versión del todo por dos pesos se reedita: ahora los productos chinos se compran online. De tablets a pares de medias, la web ofrece un mercado infinito, a un clic y con envío a domicilio.
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Emilia S. se enteró por una amiga: ¡Se pueden comprar productos chinos por internet, rebaratos y con envío a domicilio sin cargo! Desconfiada al principio, se decidió a probar con un pañuelo de 1,99 dólares. Le resultó más sencillo de lo que esperaba y se enganchó: ya es una usuaria habitual de uno de los sitios que posibilitan las transacciones y lo recomienda a sus conocidos.
Como el caso de Emilia, en la Argentina cada vez hay más usuarios de Internet que se animan a comprar en páginas web chinas y con tarjeta de crédito. La ventaja más notable es que los productos son mucho más baratos que en los comercios -en algunos casos, hasta un 70% menos- y se consiguen artículos difíciles de encontrar en el país.
La contracara sería la demora en la entrega -entre quince y sesenta días desde el encargo- y el pago por adelantado, que funciona como barrera para los más desconfiados.
Existe una amplia oferta de sitios con similares características, pero, entre los más visitados en el país, aparecen Aliexpress, Dealextreme, Focalprice, Dinodirect y Pandawill. Para concretar el pedido es necesario registrarse, pero no para mirar los productos disponibles: desde accesorios para celulares por un dólar hasta tablets por 48, zapatillas por diecinueve o pantuflas con diseños coloridos por cinco. Se toma el valor del dólar oficial y, aun con el recargo del 35% de la AFIP, los precios convienen.
Los artículos pueden ser de primera mano o usados. En la mayoría de los casos, no tienen una marca reconocida que los avale, pero los usuarios suelen mostrarse conformes con la relación precio-calidad y tampoco esperan demasiado si eligen lo más barato. Una de las inquietudes más frecuentes es que el pedido no llegue, pero desde los sitios ofrecen un reembolso completo del dinero para ese caso. El envío es gratuito, salvo en algunos productos puntuales y para quienes prefieran pagar unos pesos extra por correo privado o por un sistema de encomiendas con más garantías. Como el Gobierno chino subvenciona los gastos de correo simple, aceptan la entrega a domicilio incluso en las compras de un dólar. El requisito es no superar los veinte kilos. Y la legislación argentina establece una franquicia de veinticinco dólares por persona para una compra a distancia sin cargo extra. Si el valor es superior, se deberá pagar el 50% del excedente. Por supuesto, hay trampa: muchas personas arreglan con el vendedor para que en la factura figure un monto inferior.
Santiago O. cuenta que lleva más de cien compras por estos sitios, que ordenó productos por setenta dólares y que no le cobraron ningún cargo extra: "Una vez me citaron por un paquete con dos pares de botines, pero el problema era el peso. La compra superaba los veinticinco dólares y solo me cobraron seis pesos por los días de almacenamiento". Después del cuarto videojuego que compró al mismo vendedor de Hong Kong, arregló directamente con él otros encargos –sin la página que intermediara– y consiguió precios más baratos.
Según datos de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), en el último año alrededor de 10 millones de personas compraron online y las ventas ascendieron a 16.700 millones de pesos. Explican este desarrollo como consecuencia del crecimiento del número de usuarios de Internet, que ya alcanza el 75% de la población y demuestra la confianza que empiezan a adquirir en el sistema. También las trabas a las importaciones potencian las compras online en el exterior. Los usuarios encargan ropa, calzado, electrónica y juguetes, pero también objetos tan variados como macetas para el jardín, extensiones de pelo o grifería para el hogar.
Toda esta revolución china también hace que la parsimonia aduanera se altere. Una empleada de la Aduana, que prefirió no revelar su identidad, contó que las sacas (sacos) que antes llegaban al Correo con cuatro o cinco paquetes grandes, ahora traen ochenta pequeños y que, por el tamaño, en la mayoría de los casos no son controlados exhaustivamente: solo se mira la factura y se lo palpa, como establece la reglamentación. Pero si el envío supera el kilo y medio de peso, la dirección está equivocada o algún aspecto llama la atención, se cita al destinatario para que presencie la apertura de la caja. Si está todo bien, y el producto se corresponde con el valor declarado, podrá llevarse su paquete sin pagar nada.
Pero atención: el mes pasado el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, le hizo una zancadilla al siga siga. Anunció que se profundizarán los controles de las compras por Internet y se destinarán más de cien inspectores para investigar los sitios Web que posibiliten estas transacciones. Uno de los objetivos es establecer criterios homogéneos sobre los impuestos que se deben pagar en cada caso y garantizar el cumplimiento de la norma. Veremos, entonces, si eso no se traslada al precio. Mientras tanto, el todo por dos pesos se reedita en el siglo XXI, clic a clic.
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