
Condoleezza: la más poderosa
Es hija única, soltera y no tiene hijos. Ligada a la familia Bush desde 1989, la secretaria de Estado norteamericana y principal estratega de la Casa Blancase ha convertido en la mujer más influyente del planeta. ¿Quién es la señora de 50 años cuya candidatura a la presidencia en 2008 suena cada día con más fuerza?
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WASHINGTON.– Se conocieron en verano. En un fin de semana entre julio y agosto de 1998. Ellos no recuerdan con precisión la fecha. El ex presidente George Bush había quedado encantado con la solidez y el carisma de una mujer que nueve años antes, a los 35, se había convertido en la principal estratega de la Casa Blanca sobre la Unión Soviética.
El encuentro ocurrió en Kennebunkport, un pequeño balneario del estado de Maine, 150 kilómetros al noreste de Boston, donde Bush tiene una casa de veraneo. Sobre el Atlántico, y gracias a su padre, el futuro presidente George Walker Bush estuvo frente a quien, en cuestión de semanas, se convertiría en su mano derecha y en una de las mujeres de mayor confianza de su esposa, Laura: Condoleezza Rice.
Su influencia es evidente y decisiva. Sólo ella accede al rancho de los Bush, en Crawford, Texas, donde no entran ni el vicepresidente Dick Cheney ni el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, los otros grandes ejes del poder actual en Washington DC.
Soltera, sin hermanos, sin hijos y dedicada por completo a su carrera, Condi, como la llaman, siempre repite que de inmediato descubrió en Bush hijo la mística que sólo muestran quienes tienen madera para ser presidentes. Sus opositores afirman, en cambio, que es ambiciosa. Y que supo apostar. Pero la ahora secretaria de Estado y ex asesora de Seguridad Nacional recorrió un largo camino hasta llegar a hacerle sombra al otrora todopoderoso Henry Kissinger, quien ocupó esos mismos cargos, en ese mismo orden, en los 70.
Por la música
Nació el 14 de noviembre de 1954 en Birmingham, en el estado sureño de Alabama, cuando la segregación era un hecho cotidiano, no un dato histórico.
Una de sus primeras amigas, Denise McNair, murió en 1963 cuando explotó una bomba en una iglesia a la que ambas solían ir. En ese momento, con menos de 9 años, despertó de la niñez y comenzó a moldear su carácter.
Pero optó por no sumarse a las políticas de "acción afirmativa", de promoción de las minorías. Todo lo contrario: apostó a su propia inteligencia y tenacidad, a tal punto que varios movimientos negros le endilgan ahora haber abjurado de su raza, lo que a su vez ella niega.
Esa misma personalidad, dura, sólida, es la que la llevó a amedrentar a Boris Yeltsin en la cocina de la Casa Blanca o a decirles a todos los embajadores de la Unión Europea destinados en Washington, en 2001, sin temblarle la voz, que si fuera por los Estados Unidos, "el tratado de Kyoto sobre medio ambiente está muerto". Hija única de padres ya mayores y de familias acomodadas, su madre, Angelena, eligió su nombre por amor a la música: Condoleezza es una derivación fonética de la expresión con dolcezza –"con dulzura"–, la inscripción que se apunta al margen de las partituras de música clásica.
Su currículum impresiona. Excelente pianista, Rice salteó dos años de secundario y se inscribió a los 15 en la Universidad de Denver. Un año después, concluyó que jamás podría ser concertista de piano, pero también descubrió su vocación por las ciencias políticas.
Fue en una disertación que brindó un académico y ex diplomático checo, Josef Korbel, más conocido ahora por ser el padre de Madeleine Albright, que sería con los años secretaria de Estado de Clinton.
Korbel expuso las estrategias que adoptó Josef Stalin para concentrar el poderío soviético: armonizar primero con un sector para destrozar a sus opositores, luego optar por unirse a otro sector para destrozar a sus hasta entonces aliados para, por último, abrirse de quienes todavía se mantenían en pie, barrerlos y quedar solo en la cima.
Fascinada, Rice se concentró en las ciencias políticas y no paró más. A los 19, se graduó con honores; un año después obtuvo un máster por la Universidad de Notre Dame, y a los 26 se doctoró en relaciones internacionales, otra vez en Denver. De allí marchó a Stanford, como profesora adjunta. En apenas tres años, recibió uno de los premios más codiciados entre los profesores de posgrado: el Walter J. Gores Award for Excellence in Teaching, en 1984.
Evangelista y deportista
Los siguientes dos años los pasó en la Hoover Institution, un búnker de pensamiento republicano, y de allí saltó al área de planificación nuclear estratégica del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, gracias a una beca del Consejo de Relaciones Exteriores. Su primer gran salto a la órbita pública.
Su vínculo con George Bush padre comenzó poco después. En 1989, asumió como directora de Asuntos Soviéticos y de Europa del Este del Consejo de Seguridad Nacional. Estar allí significó encontrarse en el lugar correcto, en el momento correcto: la caída del Muro de Berlín. Junto al secretario de Estado James Baker III trazó la estrategia de Bush para la reunificación de Alemania y el nacimiento de la democracia en Polonia.
Quizás esas vivencias la llevaron a elegir a Harry Truman –el hombre que reemplazó a Franklin Delano Roosevelt en la presidencia, en plena Segunda Guerra Mundial, y ordenó el lanzamiento de las dos bombas nucleares sobre Japón– como el hombre del siglo en la encuesta que organizó la revista Time.
"De algún modo, Truman mostró cuál debía ser el rol de los Estados Unidos en el mundo, en las circunstancias más difíciles, cuando era más fácil para el país retroceder –explicó–. Miro a la gente de aquella época con asombro y admiración por lo que fueron capaces de hacer."
Aquel cargo de directora para la Unión Soviética de la Casa Blanca también le permitió a Rice asesorar y preparar a Bush para las cumbres de Malta, Washington, París y Helsinki, con Mikhail Gorbachov.
El reconocimiento a su trabajo no pudo ser más explícito. Al encontrarse con el premier soviético en diciembre de 1989, Bush la presentó: "Ella es Condoleezza Rice. Ella es la que me ha dicho todo lo que sé sobre la Unión Soviética".
Ya lejos de la Casa Blanca y tras la humillante derrota ante Bill Clinton, Bush padre no olvidó a Rice, ni ella le dio la espalda. Así ocurrió entonces aquel encuentro en el balneario Kennebunkport. Pero fue otro ex secretario de Estado, George Shultz, quien aportó el toque final que faltaba para sellar la alianza.
Fue él quien organizó en Stanford un encuentro entre Bush hijo, ya gobernador de Texas, y académicos de la Hoover Institution. "Condi tenía mucho para decir –señaló luego Shultz a la revista The New Yorker– y él la escuchó."
Ella, Condoleezza, repite siempre que admira los "instintos sobre política exterior" de Bush. "Es muy rápido y tiene un intelecto muy agudo que va directo al núcleo. Eso es crucial en asuntos que no se manejan muy bien", dice.
Hay otras muchas coincidencias entre ellos: ambos son evangelistas practicantes, ambos son deportistas, ambos se identifican más como halcones que como palomas y ambos son pragmáticos.
"Soy realista y el poder importa", admitió ante la revista National Review, pero también reconoce, al menos desde su discurso, que la real-politik debe combinarse ahora con la promoción de la democracia.
"Tenemos relaciones con Estados que, claramente, no son democráticos. Y tenemos amistades duraderas y alianzas con Estados que tampoco lo son –dijo–. Pero ahora hay un enunciado claro en la Casa Blanca, que dice que el camino hacia la modernidad es por medio de la democracia."
Para julio de 1999, Rice había completado su sexto año como profesora y autoridad académica en Stanford, a cargo de controlar el presupuesto anual de US$ 1500 millones de la universidad, coordinar a 1400 profesores y empleados, y a 14.000 estudiantes.
Cuando asumió el cargo, en 1993, la universidad perdía decenas de millones de dólares desde hacía años. Rice se marchó de allí con balances positivos y con ahorros por otros tantos millones de dólares. Se estaba convirtiendo en el tipo de persona cuya vida se programa, semanas hacia adelante, en bloques de veinte minutos.
"Ella no intenta imponerse, ni llamar la atención, pero tiene semejante nivel de capacidad que termina recibiendo pedidos para hacer todo tipo de cosas", explicó Shultz.
Ya con seis doctorados honoris causa y libros publicados sobre relaciones internacionales, Rice incursionó entonces en el mundo empresarial. Tampoco le fue mal, aunque sí generó un gran revuelo cuando la petrolera californiana Chevron usó su nombre completo –Condoleezza Rice– para un buque cisterna.
Fue ella misma, como miembro del directorio de Chevron, quien bautizó el buque en una ceremonia, en Río de Janeiro.
Tiempo después, la petrolera rebautizó la nave para evitar mayores controversias.
Lo demás es, en parte, historia conocida. Ella se sumó a los Vulcanos, el equipo de campaña de Bush, quien ganó la presidencia y pareció desorientado hasta el 11 de septiembre de 2001. Entonces, él fijó un nuevo rumbo, que le permitió ganar su reelección presidencial en noviembre último.
Fue ella, sin embargo, quien jugó un rol central en el diseño y la ejecución de la estrategia que aplicó la Casa Blanca para responder a los ataques terroristas e invadir Irak, junto a Cheney y Rumsfeld. Fue ella quien en el programa del canal CBS Enfrentando a la Nación afirmó que los vínculos entre Al-Qaeda e Irak eran "indiscutibles" y que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, que podía entregarlas a células terroristas y que, por tanto, debía ser detenido.
Paradójicamente, Colin Powell, el más firme impulsor del multilateralismo en la administración, quedó asociado a la campaña y a la invasión de Irak, sin medir razones, medios, ni consecuencias. Y quedó fuera del segundo mandato bushiano antes de que empezara.
Ahora Rice está cuarta en la línea de sucesión presidencial y no reniega de sus sueños. Ya hay sitios de Internet promoviendo su candidatura para presidenta en 2008.
Para saber más:
www.whitehouse.gov/nsc/ricebio.html
www-hoover.stanford.edu/bios/rice.html
La amada
- "Laura y yo estamos honrados de estar aquí. Durante los últimos cuatro años, Estados Unidos se ha beneficiado del sabio consejo de la doctora Condoleezza Rice y nuestra familia se ha enriquecido con nuestra amistad con esta persona admirable. La amamos..., pero no sé si debería decir esto de la secretaria de Estado"
( George W. Bush, al tomarle juramento a Condoleezza Rice, en enero último).
- "Condi Rice es una mujer de carácter; es lo menos que podemos decir de ella"
( Michel Barnier, ministro de Relaciones Exteriores francés).
- "Pragmática, tiene la palabra lista y, sobre todo, dice lo que piensa.
A diferencia de (Colin) Powell, Rice conoce Rusia desde adentro"
( Sergei Ivanov, ministro de Defensa ruso).
- "Rice desafía las expectativas y las suposiciones. Hay una autoridad evidente en su larga chaqueta negra, en sus severos detalles y su silueta amenazante. La oscuridad otorga un aire de misterio; el negro es el color del intelectualismo, la abstinencia, la penitencia. Si hay que extraer algún simbolismo de su despojado atuendo, es que ella es dura y suficientemente determinada para cualquier tarea que le caiga entre manos"
( Robin Givhan, The Washington Post).
La Cobra
Por Manuel Vicent
Aquella cobra nubia que se erguía con el cuello ancho en la frente del faraón no es distinta de la que ahora exhibe George W. Bush en la figura de Condoleezza Rice. Pero esta cobra es una virtuosa del piano y después de morder letalmente a un enemigo que le da la mano, puede interpretar con rigor a Bach. Los animales son nuestro subconsciente. Los escudos y las banderas están llenos de águilas y leones. Por ser estas fieras las mejor dotadas para defender su espacio vital, prestan al patriotismo su fuerza simbólica; en cambio, otros animales más vulgares no aportan sus virtudes a los blasones, sino directamente a las armas.
La serpiente tiene el olfato en las puntas de su lengua bífida, con las que detecta el rastro de moléculas que su presa ha ido dejando y cuando la tiene a una distancia medida pone en funcionamiento un sensor de rayos infrarrojos, colocado en su cabeza, que capta el calor de ese cuerpo vivo, con su forma y tamaño exactos.
Ese mismo sensor extraído de los reptiles ha sido adaptado a los modernos bombarderos, que desde una altura de treinta mil pies pueden acusar la temperatura de cualquier cuerpo vivo, aunque se esconda bajo tierra, y de forma automática les abre la panza y provoca una lluvia de fuego. Los lagartos son paneles solares que expuestos al sol acumulan la energía necesaria para mover su organismo hibernado. Con este mismo sistema se alimentan las baterías de los satélites espaciales preparados para dirigir a los misiles por el espacio en la guerra de las galaxias. Y ya en el asfalto uno puede preguntarse qué diferencia hay entre la tinta del calamar y los botes de humo que arrojan los guardias.
Ahora ninguna máquina navega o vuela a ciegas gracias al radar prestado por los murciélagos, que les permite cazar mosquitos sin tropezar con los cables. A su vez, los delfines han inventado el sonar para mandarse secretos todavía indescifrables, algunos de ellos muy poéticos, y mientras las ballenas también lo usan para sus citas de amor a miles de kilómetros de distancia, los submarinos lo han adoptado para dotar de la máxima precisión a los torpedos. Los soldados ya no son seres carbónicos, sino simples robots que han cedido el espíritu de las armas al instinto de los animales.
Pero no todo lo humano se ha perdido; si bien la serpiente no engulle ninguna presa que no haya cazado ella misma, la cobra nubia, que adorna la cabeza del faraón, mientras caen las bombas, aun puede interpretar con gran delicadeza un concierto de Bach al piano.
El autor es escritor, periodista, columnista del diario El País, de Madrid.
Hillary y Condi
La perspectiva de dos mujeres extraordinarias –Hillary Clinton y Condoleezza Rice compitiendo por la Casa Blanca en 2008 está ganando fuerza. Aunque todavía quedan tres años para la carrera hacia las elecciones primarias, las presidenciales de 2008 ofrecen mucho más juego político de lo habitual porque el vicepresidente Cheney se ha declarado fuera de la competencia. Y mientras nadie duda en el Partido Demócrata de las ambiciones presidenciales de Hillary, a Condoleezza le están surgiendo admiradores en las filas del Partido Republicano para conseguir una simetría político-femenina nunca vista. Esta incipiente base política de «Condistas» cuenta ya con un comité para recaudar donaciones, anuncios de radio en lugares decisivos, encuestas favorables, páginas en Internet, y la parafernalia electoral de pegatinas, chapas, muñecos y hasta su propia canción, Condoleezza Will Lead Us. Pero todo este entusiasmo contrasta con la decisiva influencia de la derecha evangélica en el Partido Republicano y la reiterada posición de Condi a favor del aborto. Otro problema adicional para Rice es que no ha competido nunca por un cargo electivo. Dentro del bando demócrata, Hillary está considerada la «precandidata» a vencer y con los esfuerzos más agresivos para organizar una efectiva campaña presidencial. Pero el tiempo dirá.
Diario ABC/LA NACION





