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Sábado

Convivir con el virus. Cómo es la lenta vuelta a la vida social

Sebastián A. Ríos
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22 de agosto de 2020  

Helena nació durante la cuarentena, y el del sábado pasado fue su primer paseo. "Veníamos haciendo alguna pequeña salida, de muy pocas cuadras, pero ir al río fue su primer paseo, y la verdad es que nos dio mucha alegría poder empezar a hacer actividades al aire libre", asegura Juan Manuel Ode, locutor de 36 años, que el sábado pasado salió a caminar junto a su pareja y a Helena, de 4 meses, por el vial costero de Vicente López.

Habilitado recientemente para la práctica de actividad física individual, pero también para esparcimiento, ese espacio verde con vista al Río de la Plata exhibe una postal inimaginable hasta hace poco. Cerrado al tránsito, su calzada ofrece pista a runners, ciclistas, gente en rollers y chicos en monopatines. Algunas cuadras son exclusivas para la práctica deportiva; en el resto conviven personas que pasean o que se sientan sobre el pasto; solas, en parejas o en grandes rondas donde la distancia social es la premisa, todos con barbijo, muchos con mates que no comparten. Al ingresar se les toma la temperatura y se les rocía con alcohol las manos.

Todas convenciones de la llamada nueva normalidad. "Hay que tener en cuenta que a más circulación de personas, más circulación del virus", advierte el médico infectólogo Pedro Cahn, y agrega: "Hay actividades que presentan menos riesgo que otras, pero hay que hacerlas con respeto a los protocolos".

Es que en esta nueva normalidad -condicionada por la ausencia de vacuna o de tratamiento para el Covid-19-, volvemos progresiva y lentamente a interactuar en espacios comunes, fuera del hogar, contentos de poder salir pero también con cierto desconcierto ante un escenario sin precedentes.

Ir a la peluquería, salir de compras (ya no solo al almacén o farmacia de cercanía), retomar la rutina de controles médicos (algo que muchas sociedades médicas señalan como fundamental) o simplemente calzarse unas zapatillas para correr un rato bajo la Luna o el Sol son actividades que vuelven de a poco a ser parte de la rutina de muchas personas que, respetuosas de la necesidad de cuidarse y de cuidar al otro, pasaron meses sin salir de su casa más que para comprar comida o medicamentos. Y ese contacto con el afuera y con personas ajenas al círculo íntimo que los contuvo durante meses de aislamiento despierta una multiplicidad de sentimientos.

"Si bien cada sujeto responde desde su configuración singular a las situaciones que le despiertan factores externos de ansiedad o peligro, hoy en mi práctica clínica como psicoanalista veo que pueden aparecer emociones en un arco que va del temor inhibidor a la omnipotencia negadora, de la sensación confusional a la creencia del control absoluto, desde la frustración hasta la resignación", cuenta Jorge Catelli, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) e investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Bicis y skates en una tarde de sábado y sol en el vial costero de Vicente López, abierto con medidas de seguridad
Bicis y skates en una tarde de sábado y sol en el vial costero de Vicente López, abierto con medidas de seguridad Fuente: LA NACION

"En las personas cuya configuración psíquica tiende a ser más defensiva la situación actual ofrece un disparador que suscita mayores temores, aislamiento, medidas precautorias exacerbadas, así como retraimiento generalizado y de intereses que afectan las representaciones de proyectos de vida. Aquellos con rasgos más maníacos y negadores de la realidad que amerita el aislamiento social preventivo y obligatorio, tienden a exponerse y exponer a los semejantes. Son las personas más equilibradas emocionalmente quienes pueden sopesar esta llamada nueva normalidad con el cuidado necesario, un cuidado que implica estar "en vigilia", despierto sin quedar paralizado por una vivencia de pánico", explica Catelli.

"Al principio tenia miedo a contagiarme y vivía muy preocupado, pero hoy en día me alegra poder salir a hacer ejercicio al aire libre o ir a una plaza o al rio y poder estar más afuera sin estar encerrado", cuenta Gonzalo Jastreb, de 22 años, que guitarra en mano visitó el vial costero el sábado pasado: "Fue increíble. Fui con amigos que hace mucho tiempo no veía y nos la pasamos charlando y cantando un par de canciones y yo tocando la guitarra", agrega al tiempo que destaca las medidas de cuidado compartidas en la ronda que el grupo formaba sobre el césped: barbijo, distancia, alcohol en gel y cero contacto físico.

"La mayoría de la gente que vi se cuida", agrega Gonzalo. Juan Manuel Ode coincide: "la verdad es que vi bien a todas las personas cercanas a mi, todas manteniendo distancia, algunos en rondas sentados en el césped pero tomando cada uno su mate, otros caminando, todos con el barbijo. En esta primera salida para mi me sorprendió ver mucha gente, pero bien, todos con los cuidados correspondientes".

Apego al protocolo

Vividas por momentos con más alegría, por momentos con más temor, y casi siempre con sentimientos encontrados, la salida del hogar y la vuelta al contacto con el otro implican pensar con criterio (y sentido común) la mejor forma encarar la llamada nueva normalidad con las precauciones necesarias para minimizar todo lo que sea posible el riesgo de contagio.

"Lo que pasa es que no todas las actividades son igualmente riesgosas -advierte Cahn, que integra el comité asesor del Gobierno ante la pandemia de Covid-19-. Una cosa es salir a caminar al aire libre solo o con una persona a dos metros y con barbijo, y otra cosa es juntarse a salir a correr en grupos de 20 personas, sin mantener una distancia mínima de por lo menos 5 a 10 metros de persona a persona. Siempre hay que tener en cuenta que podemos contagiarnos nosotros, padecer o no la enfermedad, pero sí transmitírsela a personas que puedan tener consecuencias mucho más negativas, incluyendo enfermedad grave y muerte".

Más allá de las medidas de cuidado básicas (distancia social, tapabocas, higiene de manos), la gradual apertura de actividades comerciales se da en el marco de protocolos que permiten que, por ejemplo, quienes este lunes se alojen en los hoteles porteños que reabren finalmente sus puertas o que vayan a una peluquería, lo hagan en un entorno cuidado que ayuda a minimizar aún más el riesgo de contagio que, sabemos, nunca es cero.

Peluquero y cliente, con barbijos y medidas de seguridad de por medio, en uno de los locales de The Barber Job
Peluquero y cliente, con barbijos y medidas de seguridad de por medio, en uno de los locales de The Barber Job Fuente: LA NACION

"Nunca dejé de salir ni estuve más de una semana sin salir de mi casa, porque además de hacer mis compras me ocupo de las de mi papá, que es paciente de riesgo y no salió en ningún momento en todos estos meses -cuenta Magdalena Villemur, periodista de 34 años, que asegura que tiene bien incorporadas las medidas de cuidado como la distancia social, el uso de barbijos y la higiene periódica de manos-. Lo que sí retomé fueron mis actividades más sociales y recreativas, como ir a hacerme las manos, encontrarme con alguna amiga en el barrio para ir a hacer compras e incluso salir a andar en bici, algo que no hacía desde marzo".

Quien también volvió esta semana al deporte es Ezequiel Correas Espeche, de 46 años, que por ser paciente de riesgo (hace 25 años recibió un trasplante de riñón) y empleado del Hospital Garrahan, trabaja desde el hogar. Con la reciente habilitación de las actividades deportivas individuales, retomó su pasión a exactamente un año de haber salido campeón de tenis de mesa en los Juegos Mundiales para Trasplantados que se realizaron en Inglaterra.

"Había entrenado por última vez en marzo -cuenta Ezequiel-. En casa me hice una mesa de tenis con un tutorial de YouTube y maderas del entorno que me sirvió para mantenerme activo técnicamente. Pero esta semana comencé nuevamente a jugar con dos amigos del deporte en un galpón gigante; pudimos reencontrarnos mesa de por medio y sacarnos las ganas de disfrutar de nuestra pasión por unas horas".

Sin público, sin acompañantes, sin nadie más que sus dos compañeros y con todas las medidas de prevención. "Soy paciente de riesgo, y extremo mis cuidados y los de mi familia. Hoy no iría a jugar (y de hecho no iba antes de la cuarentena) a determinados clubes que tienen espacios y zonas de juego muy chicos, en donde se acumulan muchos jugadores", aclara Ezequiel, que describe su reencuentro con el tenis de mesa: "Lo viví con muchas ganas de jugar, ganas acumuladas de 5 meses, las sensaciones son excepcionales, es reencontrarte con algo que te gusta y disfrutás".

Recuperar el juego

Felicidad. Con esa palabra describe Laura Zenteno, de 16 años, su primer reencuentro con amigas en el circuito delimitado para la práctica de actividades deportivas aledaño al Hipódromo de San Isidro. "Necesitaba volver a verlas, porque ya no me bancaba tener que hablar por videollamada, dentro de casa. Quería contarle las cosas que me pasan y a veces me siento incómoda hablándolas con toda la familia alrededor", dice Laura, que salió a andar en bicicleta y a correr con sus compañeras de fútbol, alentadas por su entrenador que -habilitado el deporte al aire libre, pero con el club cerrado- sugirió retomar una rutina de entrenamiento, con todos los cuidados del caso.

Como vienen señalando los especialistas, muchos chicos y adolescentes se vieron seriamente afectados por el aislamiento social de la cuarentena. "A lo largo de los 5 meses han pasado por diferentes momentos -dice Susana Mandelbaum, psicóloga de Niños, Adolescentes y Familias, miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP)-. En un primer momento estar todo el día con los padres podía hacerlos sentir bien adentro mientras el afuera era vivido como peligroso. Con el tiempo pasaron por momentos de retraimiento y agotamiento junto con momentos de creatividad y juego. Actualmente pasan mucho mas tiempo frente a las pantallas y los límites son más laxos. Vemos a los niños y a sus padres más cansados".

"Hemos visto también regresiones, que tienen que ver con ir hacia atrás en algunas pautas adquiridas -agrega Ángela Nakab, médica especialista en Pediatría y Adolescencia de la SAP-. Estamos viendo algunas dificultad en el sueño, hay chicos que les cuesta dormir o se despiertan a la noche asustados; otros se ven afectados en la alimentación, se ponen inapetentes o por el contrario la ansiedad les lleva a comer más; también vemos alteraciones del humor".

En este contexto, sostiene Mandelbaum, "el beneficio de salir es volver a conectar con el afuera, no como quisieran los niños pero con mas posibilidades de juego y movimiento que en el espacio de la casa. Esto les permite mayor descarga y conectarse con su cuerpo y sus habilidades. Les permite cuidarse y cuidar a los demás". Nakab agrega: "Desde la SAP estamos estimulando todo lo que tenga que ver con la actividad física y el juego. Infancia es jugar y cuanto más movimiento mejor, y si se puede hacer al aire libre hay que hacerlo tomando todos los recaudos".

Pero al igual que los adultos, los chicos también reaccionan de distintas formas a la vuelta al mundo exterior: "Algunos desarrollan un miedo al afuera y prefieren quedarse en casa. Otros salen contentos, aprendiendo a cuidarse con barbijos y respetando distancias. Disfrutan de sus bicicletas, patinetas y de poder correr. A los que les cuesta salir es bueno no forzarlos e invitarlos a volver a conectar con la calle y la plaza progresivamente", recomienda Mandelbaum.

La nueva normalidad, o como queramos llamar a este lento y progresivo tránsito desde el aislamiento hacia el contacto (a distancia) con el otro, es una situación que demanda responsabilidad, criterio y sentido común, y en la que son muchos los que están dispuestos a poner en práctica las medidas de cuidado aprendidas.

"Creo que, aun en presencia de tratamiento y vacuna, va a haber una nueva normalidad-opina Cahn-. En algún momento nos tuvimos que acostumbrar a usar cinturón de seguridad o que si íbamos al supermercado había que llevar bolsa para no contaminar. La nueva normalidad nos va a obligar a un respeto del distanciamiento social, del uso del barbijo, del lavado de manos. Si todos respetamos los protocolos vamos a ir pudiendo abrir más actividades; si no los respetamos va a seguir creciendo el número de casos y de muertos, y va a ser poco menos posible que podamos seguir abriendo actividades."

"Quienes pueden vivir el cuidado, no sólo para sí mismos, sino para sus congéneres, son quienes pueden vivir esta transición difícil sin negar la situación riesgosa para la población y amenazante para el sistema de salud que depende de la consciencia colectiva -concluye Catelli-. La posibilidad de pensar el cuidado de sí como cuidado del otro, fundado en el lazo social, es la única salida posible en un tiempo de pandemia".

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