Por qué deberías lavar las bananas antes de pelarlas: beneficios y contraindicaciones
Aunque no se come con la cáscara, su limpieza previa es clave para evitar contaminaciones
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Las bananas forman parte habitual de la dieta diaria por su valor nutricional, facilidad de consumo y versatilidad en distintas comidas. Sin embargo, expertos en seguridad alimentaria aconsejan prestar atención a su manipulación desde el momento en que llegan al hogar.
Lavar la fruta antes de pelarla y aplicar ciertos métodos de conservación puede marcar la diferencia en términos de higiene y duración, evitando que se deterioren con rapidez.
Durante su recorrido desde el cultivo hasta el punto de venta, las bananas están expuestas a múltiples contaminantes. Tierra, residuos químicos y microorganismos pueden quedar adheridos a la cáscara.
Al retirar la piel sin una limpieza previa, estos restos pueden pasar a la pulpa y generar contaminación cruzada, especialmente si se manipulan con las manos o se cortan con utensilios.

La limpieza es sencilla: basta con colocar cada banana bajo el chorro de agua durante unos segundos y frotar suavemente la superficie. En casos de suciedad visible, puede emplearse un cepillo destinado exclusivamente a frutas. Tras el lavado, se recomienda secarlos con papel de cocina o un paño limpio antes de pelarlos. Si se utilizan cuchillos, estos deben estar limpios o lavarse entre cortes para evitar la transferencia de bacterias.
Otro aspecto clave para su conservación es el control del etileno, un gas que la fruta libera de forma natural y que acelera el proceso de maduración. Este se concentra principalmente en el tallo. Cubrir esa zona con papel de aluminio o film transparente ayuda a limitar su propagación dentro del racimo, lo que permite retrasar el ablandamiento y el oscurecimiento. Con esta técnica, las bananas pueden conservarse frescas entre 3 y 5 días adicionales, dependiendo de la temperatura ambiente y del estado inicial de maduración.

Aun así, este método no detiene completamente el proceso natural. Por ello, se aconseja adquirir las bananas en un punto adecuado y consumirlos en un plazo razonable.
Además, el lugar de almacenamiento influye de forma directa. Guardarlas en un espacio fresco, seco y bien ventilado contribuye a mantener su textura y sabor. También es recomendable separarlos de otras frutas como manzanas, kiwis, aguacates o tomates, que emiten etileno y aceleran su deterioro si se almacenan juntos.
Cuando las bananas alcanzan un grado de maduración avanzado y no se prevé su consumo inmediato, pueden pelarse y congelarse. Esta opción permite aprovecharlos posteriormente en batidos, repostería o postres, reduciendo el desperdicio alimentario y conservando sus propiedades.
Por María Camila Salas Valen
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