
La magia de una ciudad y el encanto de viajar a través de esta crónica de postales exóticas.
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Por Alejandro Zarate
En mi viaje a Marruecos llevo presente las imágenes de la película de Bernardo Bertolucci, El cielo protector, y tengo en mi cabeza la música del disco de Brian Jones en su estadía en Marruecos en el `71, donde deslumbrado por los músicos de Jajouka, grabó la misteriosa música en unas pistas que se transforman en un canto sagrado que nos invita a un estado de hipnosis.
<b>CON LA GUÍA BAJO EL BRAZO</b>
Con mi guía y alguna información de los lugares que visitaré, comienzo mi viaje a Marruecos, iniciando por la ciudad imperial y capital del sur: Marrakech.
Desde que uno aterriza en este lugar, se ve rodeado de perfumes, rosas, verdes palmeras y muros de una tonalidad que va desde el color ladrillo hasta el rosado y una gran variedad de ocres. Al oeste de la Medina (ciudad antigua y amurallada) se extiende una zona moderna, el Gueliz, que le debe su nombre a la colina situada al Noroeste de la ciudad. El eje principal es el boulevard Mohammed V, que está lleno de hoteles lujosos, tiendas y cafés; este el lugar donde casi siempre se hospeda la clientela internacional.
Pero yo me hospedaré dentro de la Medina, un lugar mágico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

<b>MEDINA Y SU EFERVESCENCIA</b>
El encanto de la Medina es perderse por ella, pero a veces da un poco de temor internarse solo por ese laberinto de calles oscuras y estrechas. Aunque el placer está también en eso, en perderse, y descubrir una arquitectura preciosa, llena de pequeños palacios, fuentes de mosaicos y un sin fin de diminutos locales donde los artesanos trabajan las cerámicas, las telas, los metales y logran verdades maravillas.
Mi hotel es un Riad (significa patio) y está entre las pequeñas calles del laberinto. Los Riad, casi siempre son las extensiones de palacios, hoy la mayoría de sus dueños son franceses, y siempre tienen un patio con árboles de naranjos y una fuente en el centro y todas las habitaciones dan hacia ese fresco y encantador patio. Un Riad tiene todo lo maravilloso del estilo tradicional marroquí y el gusto exquisito de los franceses en sus pequeños espacios reacondicionados a la vida moderna.

<b>UN RIAD COMO LAS MIL Y UNA NOCHES…</b>
El Riad donde me hospedé en Marrakech se llama Aida y fue la casa del servidor del sultán del Palacio de la Bahia (Palais de la Bahia). Hace algunos años fue un solo palacio, hoy esta parte se convirtió un este adorable hospedaje. Para quienes conozcan este tipo de pequeños hoteles, los que aquí llamamos Petit Hoteles u Hoteles Boutique, les costará mucho volver a los hoteles tradicionales y más comunes e impersonales como los internacionales. En los Riad el trato es cordial y la buena atención es moneda corriente ya que, desde que uno llega, la bienvenida es con una sonrisa y un exquisito té de menta.
Mi habitación, al igual que las otras, da a un patio lleno de naranjos, en donde solo se escucha el ruido del agua de la fuente, y llegada la tarde es decorada con rosas frescas que flotan y todo el patio es iluminado con faroles típicos marroquíes.
El desayuno es servido en un espacio delicadamente decorado, siempre con vajilla típica, que es de cerámica tradicional, y casi siempre pintada con azules y blancos.
Ya solo estar en este lugar un tanto especial, hace que Marruecos sea una delicia exótica por donde se la mire.

<b>LA FAMOSA PLACE JEMAA EL FNA</b>
Es una sorprendente plaza seca situada en el corazón de la Medina de Marrakech. Su nombre significa "Reunión de los difuntos" y antiguamente era el lugar en que se realizaban las ejecuciones públicas y se exponían las cabezas de los decapitados ante todos los que habitaban la Medina.
Con el correr de los años la plaza fue ganando importancia tanto de noche como de día, ya que son dos mundos diferentes las que la habitan en esas dos instancias del día.
Durante la mañana y la tarde, el sol hace que la plaza tenga un reflejo muy especial y parece un gran espejo, por eso los comerciantes hacen sombra con pequeñas tiendas, donde se instalan vendedores de naranjas, aguateros, especieros, fruteros, herboristas e incluso vendedores de dentaduras, entre otras curiosidades.
Al atardecer todo se impregna de un color magenta, con un cielo que podría ser un atardecer de una pintura de Monet. La plaza es invadida por acróbatas, encantadores de serpientes que tocan la Ghaita, provocando con su sonido la excitación de los reptiles que los hace comportar de una forma un tanto extraña. A varios de los turistas desprevenidos los encantadores les ponen las serpientes en su cuello, y eso sí, hay que tener siempre varias monedas encima si uno quiere pararse a mirar el espectáculo, ya que puede resultar imposible mirar sin pagar.

<b>UN RESTAURANTE BAJO EL CIELO ESTRELLADO</b>
A la noche la plaza se llena de tiendas, en donde hay mesas y bancos para sentarse a comer, y es imposible pasar por allí sin probar esas delicias que preparan en el momento. No hay cheff que no recomiende ir a comer a la famosa Place Jemaa el Fna.
La plaza, ya en plena noche, se convierte es un fabuloso lujo para la vista y el olfato, porque los olores de las especies, las comidas, y todo el embrujo reinante, maceran un perfume difícil de olvidar.
Entre las delicias que se pueden disfrutar, están los caracoles, las Pastillas, que es una especie de pastel con capas de hojaldre, manzanas, pollo y almendras. También una especie de brochette de carne de cordero macerada con una mezcla de especies, y hay infinidad de aceitunas, frutas secas y castañas horneadas en el momento.
Los hombres marroquíes forman rondas con percusionistas en el centro y varios de ellos bailan tomados de la mano, en un rítmico y cadencioso trotecito de lado a lado. Un espectáculo fantástico que recomiendo disfrutar sin prisa. Todo esto también se puede ver desde los cafés, que tienen espléndidas terrazas con vista a la plaza. Recomiendo no dejar de sentarse en la terraza del Café de France, tomar un te de menta y las típicas masitas con nueces, pistachos y miel; es casi como una ceremonia y se ofrece también en muchos lugares como cortesía.
<b>Algunos datos sobre Marrakech</b>
Vuelos: saliendo en junio desde $22.000 y en julio $ 28.000
Hoteles y riad: desde u$s 40 la noche , hasta un cinco estrellas por u$s 500, claro que en julio, los precios son un poco más elevados
Una comida completa: sale más o menos $15 y en restaurantes de categoría $60 dólares aproximadamente
Tomar un té de menta u$s 1.50 y una cerveza u$s 3, una entrada a un Hamman sale u$s 40 dólares y una entrada a un museo sale aprox. u$s 15.






