
Dibujos S.A.
De la mano de la informática, los films de animación ya no son lo que eran. Y la Argentina avanza en conocimiento y producción. Cómo trabajan dibujantes, técnicos y diseñadores nacionales para crear ilusiones en la pantalla
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La mayoría ronda los 25 años. Son dibujantes, diseñadores, técnicos en computación. Trabajan entre tableros y monitores sobre los que, casi indefectiblemente, asoma alguno de esos muñecotes de ojos enormes a los que tan acostumbrados nos tiene el animé. "Artistas", los llama José Luis Massa, director de Illusion Studios, una joven productora decidida a ponerle tono local al cine de animación, ese territorio dominado en un principio por los norteamericanos, renovado en el último tiempo por Japón y, en sus variantes más experimentales, liderado durante años por checos y canadienses. "La nuestra es una compañía de 100 artistas. La animación fomenta trabajo para creadores que de otro modo no tendrían lugar donde hacer lo suyo", se entusiasma Massa, en referencia a los jóvenes profesionales que trabajan a metros de su oficina.
Claro que pertenecer al mundo del dibujo animado en la Argentina no es lo mismo que hacerlo en los Estados Unidos o Europa. Aunque nuestro país tenga el raro privilegio de haber sido el primer lugar del mundo donde se estrenó un film de animación (en 1917, cuando el pionero Quirino Cristiani realizó el largometraje El apóstol). Y aunque en una productora como la de Massa se apueste tanto a la capacidad y el talento autóctonos como a las urgencias de la actualización tecnológica.
Si bien entre los animadores se mantiene cierto espíritu de trabajo artesanal, hace rato que en esta actividad los mouses desplazaron a los pinceles y los monitores a los tableros de dibujo. Al menos, en parte.
"Existe una relación continua tablero-máquina", aseguran los diseñadores del estudio. De hecho, en la productora pueden verse, además de algunos tableros y mesas de animación tradicionales, avanzados equipos informáticos traídos de Canadá, que permiten al diseñador trabajar directamente sobre la pantalla con una especie de lápiz digital. "Hay una necesidad de dibujar", corrobora Nicolás Iacobucci, director de Gaturro, uno de los films que están en producción.
Durante los años 30, en tiempos de Walt Disney, se impuso el "dibujo sobre acetatos", técnica basada en una mesa de animación sobre la que se disponían los dibujos hechos en transparencias. La cámara se montaba verticalmente para captar una por una las imágenes que componían el movimiento de los personajes. En la actual animación 2D -sucesora del método anterior- interviene, claro está, la computadora: los dibujos se animan digitalmente por medio de programas informáticos. Luego, todo el material se transfiere al fílmico. Con esta técnica la gente de Illusion Studios realizó Valentina, la película, film estrenado recientemente, dirigido a niñas entre 4 y 12 años. "El mayor desafío en la animación es encontrarle un lenguaje propio", reflexiona Eduardo Gondell, director de la película.
Otro de los proyectos del estudio es Boogie, el Aceitoso. Basada en la historieta de Fontanarrosa (quien tuvo acceso a una primera vista del guión), la película incluye personajes animados en 2D, fondos realizados a partir de fotografías y elementos creados de manera puramente digital. Con esos recursos, los realizadores apostaron a un lenguaje audiovisual en el que se cuelan los claroscuros del film noir. "Nos parecía que se podía jugar con ese estilo de policial -comenta Gustavo Jova, director de la película-. También pudimos emplear más recursos visuales, utilizar un lenguaje más adulto, cercano al animé."
En cuanto a Nicolás Iacobucci, él está al frente de Gaturro, primer film de la compañía realizado enteramente en 3D. Para llevar a las tres dimensiones la popular historieta de Nik, los realizadores trabajan con unas maquetas confeccionadas en plastilina que les permiten ver a los personajes con una perspectiva tridimensional. Los resultados se vuelcan a las computadoras, en las que, mediante el software adecuado, se "construyen" las figuras y se les otorga movimiento por medio de controladores. Además de expertos en informática, el equipo de trabajo cuenta con dibujantes, escultores, especialistas formados en la técnica 2D. Para encarar la tarea, Iacobucci se apoyó en un animador formado en la escuela del acetato, alguien que había trabajado junto con ese emblema del dibujo animado nacional que es Manuel García Ferré. "Una persona que le supo dar vida a un gato en un tablero va a saber hacerlo con una herramienta digital. Al revés, es más difícil", asegura el director. Nicolás es de los que disfrutan de la tecnología sin dejarse fascinar por ella. "Yo no sé programar muchas de las cosas que se necesitan en el film, pero entiendo lo que le tengo que pedir a cada especialista -explica-. En este tipo de proyecto es necesario trabajar en equipo con profesionales que te superen, además de procurar mantenerse capacitado todo el tiempo."
Dada su complejidad técnica, se calcula que Gaturro estará lista a mediados del año que viene, lo que implicaría dos años de realización. Un tiempo considerable, pero, aun así escaso. "Todos necesitaríamos trabajar con algo más de tiempo -continúa Nicolás-. El nuestro es un trabajo de motricidad fina que, sin embargo, debe hacerse en tiempo rápido."
Gajes del oficio cuando se está en un país periférico: las reglas de juego del mercado, las dificultades para recuperar los costos de producción y una competencia cada vez más dura imponen cronogramas de trabajo más exigentes. "De todos modos, ni siquiera en los Estados Unidos se están tomando los tiempos que se tomaban antes", reconocen los animadores autóctonos, y afirman que, globalización mediante, cualquier film animado que salga hoy de la Argentina deberá competir no sólo con los poderosos estudios del Norte, sino también con productos de India, Corea o Tailandia.
"La cuestión es que el talento que hay acá es único, pero no hay ningún apoyo para este tipo de industria", sentencia Massa. José Luis, que comenzó siendo fotógrafo y realizador de videoclips para luego incursionar en la producción, asegura que cuando apuesta por un proyecto lo hace con "una mezcla entre lo que dice el corazón y lo que indica el mercado. Es una intuición medida. Hay mucho por invertir, mucha gente involucrada". Y arremete contra el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (Incaa): "Es necesario diferenciar entre una película de animación y una con actores; el financiamiento es distinto. Pero para el Incaa, no existe la categoría de animador o fondista. No tiene categorías para los técnicos de animación".
Sobre el escritorio de Massa se acumulan DVD con animación europea, revistas de historietas, libros de ilustración. El hombre, que proyecta hacer coproducciones con Brasil y México y mira con atención una programación infantil en cable en la que casi no existen los dibujitos argentinos, asegura: "Nuestra visión es talento latinoamericano para el mundo, pero me parece que nuestro mercado es Europa. Desde ya que no jugamos a imitar a los Estados Unidos". A través de los vidrios de su oficina, bajo una luz graduada en función de los monitores, se observan las pantallas en las que se afanan los animadores. Confiesa Massa, entonces, que, más allá de las dificultades, confía en el talento de los profesionales que integran su empresa. "Tendríamos que tener dimensión de lo que son nuestros dibujantes, de lo que es la capacidad argentina. Porque el software se aprende rápido; la estética, no."
1.- Guión: lo elaboran los guionistas, con indicaciones técnicas sobre acciones, parlamentos de los personajes, encuadres, escenas, decorados, etcétera.
2.- Storyboard: los elementos del guión se plasman visualmente, con un formato similar al de una historieta. También se utilizan los animatics, versión audiovisual (con movimiento y audio) de lo anterior.
3.- Dibujos: los dibujantes elaboran los personajes y otros elementos del film. Comienza el intercambio entre el trabajo en los tableros y en las computadoras. En el caso de la animación 2D, se elaboran los movimientos digitalmente. En la animación 3D, se realizan las maquetas y luego se desarrollan las versiones digitales.
4.- Fondos: paralelamente, los fondistas elaboran los decorados donde transcurrirán las escenas. Primero trabajan con papel y lápiz. Luego, esos materiales se escanean, digitalizan, y se refinan contornos y colores. En esta área se marca el estilo del film, lo que será el clima general que enmarcará la historia.
5.- Composición: se integran los fondos con los personajes. En la edición se homogeneiza la imagen. Luego, el material se envía al laboratorio, donde se lo transfiere al fílmico.






