
El amor / Cómo ver la obra
Antonio Berni realizó uno de los murales de la cúpula de Galerías Pacífico, pleno de alegorías y tradición europea
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Hace 60 años, exactamente en 1944, Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino, Lino Enea Spilimbergo, Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro crearon el Taller de Arte Mural, en Tacuarí 443. Dos años después, a unas pocas cuadras de allí, habrían de inaugurar los murales de las actuales Galerías Pacífico. El de Berni se llama El amor o Germinación de la tierra.
Una buena observación del mural se puede hacer estableciendo dos campos de visión, el empíreo y la tierra. En cada uno hay siete personajes; recordemos que el siete es la suma del cuatro (mundo material) y el tres (mundo espiritual). Alude a la naturaleza humana, que es materia y espíritu. En el firmamento, siete figuras vuelan, se zambullen y hacen piruetas en escorzos y perspectivas complicadas, tal como estilaban los manieristas. Un personaje se apoya sobre una cornisa de nube. Mucho más interesante es el plano terrenal; a la derecha se alude al trabajo y a la izquierda, al descanso. Al primero, mediante una pareja en la zafra. Al segundo, por medio de otra que se recuesta contra un árbol en disimulada insinuación: el hombre está con su camisa desabrochada y la mujer, con la cabellera desgreñada. Estos cuatro personajes son mortales, humanos y terrenales; recordemos que el número cuatro refiere al mundo físico (por los cuatro elementos y los puntos cardinales). Los tres personajes restantes son alegorías. Es decir, figuras que aluden a conceptos o a otras realidades. En el medio, presidiendo la composición, una mujer semidesnuda y extremadamente blanca que se tapa parte del rostro levantando un brazo. Es la Germinación, el poder de la tierra para hacer crecer las plantas que alimentarán a los animales, continuando con la cadena infinita de vida.
Sobre esta mujer vuela un hombre rubio, el Sol. Rayos de luz se desprenden de las manos y la mirada; reforzando su simbología, una planta de girasol (ésta tiene la propiedad de ir volviéndose hacia donde está el Sol y es poseedora de pétalos semejantes a los rayos de este astro) se desprende de las cañas de azúcar y se acerca a la figura de nuestro Febo. Ambas alegorías están desnudas y cubren sus partes con paños de pudor, recurso típico del barroco para presentar un cuerpo erótico sin herir la sensibilidad del espectador. Una es netamente masculina, activa, solar; la otra está asociada a la tierra, receptiva y femenina. Los colores de los vestidos están ligados a estas potencias complementarias; el paño del Sol es azul como la camisa del hombre que descansa, mientras que dos mujeres, la alegoría y la campesina recostada, tienen paño y vestido rojos, respectivamente. La tercera figura alegórica es un hombre, rudo y desnudo (éste ya ni paño tiene) que se agacha a recoger unos yuyitos a la orilla de un río. La naturaleza es omnipresente; la pareja de enamorados se recuesta sobre un ombú de grueso tronco; los cosecheros trabajan en un cañaveral.
Hacia el fondo se pierde un paisaje de montañas, y a la derecha flota un pedacito de río. Nada de la cultura precolombina ni del compromiso político que inundaban los murales mexicanos aparece en esta obra. Más bien es de cuño europeo y alegórica. Está lejos del realismo que había cautivado a David Alfaro Siqueiros, que trajo aquí sus enseñanzas y motivó la creación del taller de Tacuarí 443.
El autor es crítico de arte, especializado en movimientos del siglo XX, últimas tendencias y circuitos internacionales.
Antonio Berni
(1905-1981) Considerado el iniciador del arte político en la Argentina, fue pintor, grabador, dibujante, muralista. También realizó objetos e instalaciones. Entre otros galardones, recibió en 1943 el Premio Adquisición en el Salón Nacional de Bellas Artes.
Datos útiles
Año: 1946
Técnica: mural
Dónde encontrarlo: Galerías Pacífico, Av. Córdoba y Florida. Informes sobre visitas guiadas: 5555-5110






