El bótox nos está robando los grandes galanes de Hollywood
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Que oportuna frase para incorporar al diccionario de autoayuda contemporáneo: “La cicatriz es el lugar donde te da la luz”. Este nuevo mantra aparece en el remate de un comentario acerca de la última portada de la revista GQ de agosto, en la que Brad Pitt como chico de tapa luce sospechosamente rejuvenecido a fuerza de sustancias químicas, prueba de que incluso los hombres más deseados acaban cediendo al maleficio de la cosmética y el desespero por la eterna juventud. No es photoshop. Qué lástima. La frase desencaja con la cara planchada, irreconocible, del rubio protagonista de tantas películas y romances estelares. Envejecer nos duele a todos, qué duda cabe.
A Pitt – y a Luis Miguel también- las mujeres tienden a perdonarle cualquier decepción, incluída esta sobredosis de bótox, piedad que no corre pareja para los candidatos que luego cruzamos en las redes de citas, esos que juran tener 40 cuando a la tercera foto se les nota que son veinte más. Y nos condolemos aún más desde que sabemos que el ex de Jenifer Anniston padece una prosopagnosia o ceguera facial, una incapacidad para recordar la cara de las personas nuevas que conoce. Con razón el pobre admite que siempre se ha sentido muy solo, con razón sigue saltando de cama en cama. Imaginen despertar y que te pregunte quién sos mientras se limpia las lagañas...
Sigo leyendo y no doy crédito a la trasformación. No es novedad que los hombres están cada vez más dependientes de su aspecto, algunos cultivando un estilo varonil demasiado “emprolijado” por la cosmética. Suele vérselos sentados en la manicura y en las camillas de los centros de estética, sea para dibujarse las cejas con microblanding (ejemplo, Ronaldo), sacarse puntos negros, hacerse peelings, depilarse y raparse la cabeza a lo marcial y con tupé. Como señala en un artículo el diario El País, el 28,2% del total de usuarios de tratamientos estéticos, al menos en España – donde evidentemente (y sin hacer juicios sexistas), el famoso macho ibérico está redefiniendo su perfil- son hombres, y solo el 13,3% consume una marca que comercializa bótox, esto sin contar otros laboratorios que producen dicha toxina. Algunos optan por el ácido hialurónico para proyectar pómulo, borrar el surco nasogeniano y disimular la temida flacidez.
¿Se arruina la reputación de los tratamientos o de la gente?
No deberíamos sorprendernos ni alentar prejuicios, pero la aparición de Brad Pitt totalmente tuneado causa sensación, al menos entre sus fans, porque es el mismo caso de cientos de mujeres de Hollywood que se prestan a modificar el efecto del tiempo con tal de mantenerse en la industria. Citado en la nota, el doctor Leo Cerrud, titular de una clínica en Madrid y en Panamá, sostiene que el revuelo se debe a, simplemente, su fama, ya que se trata de “un galán indiscutible, muy reconocido como actor que nunca se hizo nada, y de repente a los 58 ha decidido hacerse algo, pasando de una cara dura a algo dulcificada, por eso llama la atención”. Lo de dulcificada es relativo. Para otros especialistas estas transformaciones repentinas en las celebrities arruinan la reputación de los tratamientos, por los resultados desafortunados de ciertos casos. “En ocasiones puede ahuyentar a los hombres de la medicina estética, lo ven y piensan: ‘Yo no me voy a acercar a una clínica para salir así'. Pero no es real. La toxina botulínica, más conocida por el nombre de una marca, no modifica los rasgos. Solo disminuye la contracción del músculo, parece que te has ido de vacaciones, no se nota y a los pacientes le suelen decir: ‘Ay, ¡qué bien te veo!”, aseguraba otra fuente consultada. “Lo que hincha y modifica son los rellenos, como el ácido hialurónico”.

Como las mujeres cuando descubrimos el veneno, cuyo precio se ha ido a las nubes por la devaluación del peso y la estampida del dólar, cada quien tiene sus fundadas razones, y criterios para aplicarse lo que venga en gana. Más allá de eso, queremos que nos devuelvan al Luismi de los dientes separados y sin relleno en los cachetes; y al Aquiles de Troya con la frente fruncida y quemada por el sol, sin los ojos asombrados, pues por muy famosos que sean y dinero que tengan para pagar la mejor mano, malos profesionales hay en todas partes...
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