
El cactus hoodia: ¿Un remedio milagroso?
Una planta que los bosquimanos han usado para paliar el hambre desde hace siglos concentró la atención de laboratorios internacionales, que esperan obtener un medicamento mágico contra la obesidad. Con alrededor de 60 millones de obesos sólo en Estados Unidos, podría convertirse, además, en un negocio multimillonario
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El tema ocupa a los más importantes medios de mundo. En el desierto de Kalahari, los bosquimanos, tras haber vivido solos durante miles de años, se encuentran ahora invadidos de hombres blancos: abogados, biólogos y farmacéuticos se lanzan sobre el desierto para estudiar y desarrollar una planta que a ellos les resulta vulgar. Todos parecen dispuestos a pagar muy caro por un cactus que los hará adelgazar. Ellos, en cambio, la emplean desde hace siglos para paliar el hambre de sus niños. Y ahora los nativos, hasta ayer al borde de la extinción, se aprestan a convertirse en un pueblo más rico.
"En el desierto, cuando encontramos una planta, la cortamos y la comemos. Después, ya no tenemos hambre y podemos caminar todo el día", explica Piet Kleinman. El guardián del Parque Nacional Kalahari Gemsbok corta el cactus con un rápido movimiento circular, le quita la piel y las espinas y luego, sin vacilación, se lo mete en la boca. Un gesto que sus ancestros han repetido durante miles de años en esa región donde puede pasar más de un año sin llover. Molido y convertido en polvo, el cactus alivia el asma, los achaques de la abuela y, según parece, estimula la libido del cabeza de familia. "Hasta se lo damos al perro cuando tiene hambre", asegura Piet Kleinman, un poco asombrado ante el enorme interés que ha despertado la planta.
El cactus es verde, picante y amargo. Integrante de la familia de las asclepiadáceas, conocido con el nombre inglés hoodia, (los nativos lo llaman xhoba) es una de esas milagrosas plantas del Sur que pueden enriquecer a las empresas farmacéuticas del Norte. Sus propiedades fueron descubiertas, en el campo científico, durante la década de 1990, por los investigadores del Council for Scientific and Industrial Research (CSIR), el centro de investigación del gobierno sudafricano. Tras diez años de trabajo para aislar la molécula que quita el apetito, el CSIR presentó discretamente el ingrediente bioactivo P57.
En 1997, concedió la licencia de explotación y comercialización al laboratorio británico Phytopharm. La empresa, especializada en plantas medicinales naturales, quedó muy impresionada por las primeras pruebas, hechas sobre ratas. El nuevo producto, que permite suprimir 2000 calorías diarias al provocar sensación de saciedad, no parece tener efectos secundarios. Phytopharm vio en la planta un potencial tan importante como el del Viagra y en 1998 cedió los derechos de desarrollo y comercialización al gigante farmacéutico Pfizer (que espera facturar 3 mil millones anuales con el medicamento) por alrededor de de 30 millones de dólares.
El Dr. Richard Dixey, de Phytopharm, explicó, en una entrevista con la BBC: "La molécula P57 actúa sobre el hipotálamo como si fuera glucosa. Sólo que esta molécula es diez mil veces más activa que la glucosa. Cuando uno ingiere el hoddia, esta parte del cerebro recibe señales de saciedad".
En junio de 2001, una encuesta del diario británico The Observer reveló toda la historia. Biowatch, una ONG sudafricana, difundió la información. Y gracias a la perseverancia de Roger Chennels, un abogado sudafricano dedicado a la defensa de los pueblos indígenas, el tema se convirtió en escándalo público. En esa época, Sudáfrica empezaba a interesarse por sus minorías. Y los bosquimanos eran la minoría de las minorías. Esos pequeños hombres, que constituyen el pueblo más antiguo del sur africano, han sido perseguidos durante siglos, tanto por blancos como por negros, y clasificados por las leyes del Apartheid, que nunca les reconocieron identidad individual. Sin embargo, el pueblo sobrevivió. "Se los explotó durante siglos, y sólo recientemente han estado en condiciones de defender sus derechos", dice Chennels.
Marthinus Hork, uno de los directores del CSIR, firmó en 2003 un memorándum en el que reconocía que los bosquimanos son "guardianes de ese saber ancestral, heredado a lo largo de los años". Pero la aplicación del derecho internacional no es simple. La idea de propiedad intelectual cubre la explotación de un conocimiento emanado de un individuo o de una empresa, y no el saber de una comunidad. Además, se planteaba el problema de cómo incluir los derechos de todos los bosquimanos que viven en la región. Hoy se estima que hay 100.000 de ellos en Africa austral, repartidos entre Sudáfrica, Namibia, Botswana, Zambia, Zimbabwe y Angola.
Tras años de lucha legal, las partes llegaron a un acuerdo económico por el que los bosquimanos recibirán un 8 % del monto obtenido por el CSIR al vender la patente del P57 –unos 10 millones de dólares–, que será pagado a la etnia en los próximos cuatro años. Una vez que Pfizer comercialice su producto, está previsto para 2008, los bosquimanos recibirán también el 6% de la regalía que Phytopharm pagará al CSIR durante los próximos veinte años.
Los expertos recomiendan tener cuidado con las páginas que en Internet ofrecen el hoodia: el cactus aún está siendo sometido a investigaciones y tardará algunos años en estar disponible.
El dinero por derechos para la etnia, manejado por un consejo compuesto por representantes del CSIR, responsables de ONG sudafricanas y un observador del Ministerio de Ciencias de Sudáfrica, ha empezado a fluir. El consejo, con miembros en diversos países de Africa austral, ha decidido invertir parte de esos fondos en la educación de este pueblo, que jamás gozó de ningún privilegio. Luego decidirán la compra de tierras.
Las comunidades deberán organizarse para el cultivo de la planta, lo que les asegurará la supervivencia. Tanto para los viejos como para los jóvenes, en el desierto de Kalahari el cactus hoodia es sinónimo de esperanza. Con ojos risueños, Ragel van Rooi ve cómo su pequeño mundo cambia con rapidez. "Cuando era niña –dice–, mi único horizonte era la granja del patrón blanco. Ahora, mi hijo trabajará su propia tierra. Y hasta tendrá una computadora", concluye.
Por Caroline Dumay y Cyrille louis / Le Figaro/LA NACION
(Traducción: Mirta Rosenberg)
Fotos: Louise Gubb/Corbis
Para saber más
www.blackherbals.com/hoodia_cactus.htm
www.dolfzine.com/page612.htm
www.unl.edu/rhames/courses/current/hoodia.htm
La lucha por los Derechos
Pese a que en la Convención de Río sobre la diversidad biológica fue firmado un texto para proteger a las comunidades indígenas poseedoras de saberes ancestrales, se han denunciado en los últimos años muchos casos de biopiratería contra diversos pueblos de América del Sur, Africa y Asia. En un informe de 1999, la organización Rural Advancement Foundation International consigna al menos 147 casos de apropiación, efectuadaos tanto por universitarios como por investigadores de la industria farmacéutica. Estos son sólo algunos casos: 1) El neem de Asia, conocido así en la India, es un árbol que se utiliza desde hace milenios por sus propiedades medicinales e insecticidas. Los médicos tradicionales del subcontinente emplean sus granos, corteza, raíces y frutos para tratar enfermedades virales, respiratorias, parasitarias o dermatológicas. Así, el vegetal padece desde hace décadas la codicia de los laboratorios farmacéuticos. A principios de los 90, el Ministerio de Agricultura de EE.UU. intentó conseguir una licencia internacional para desarrollar un fungicida a partir de un compuesto de la planta. La licencia fue rechazada por las autoridades europeas, pero aceptada en EE.UU. y en Japón. 2) La medicina ayurvédica emplea la raíz anaranjada de la cúrcuma longa por sus virtudes cicatrizantes y antiinflamatorias. Pero en 1995 dos investigadores de la Universidad de Mississippi pidieron una licencia para utilizar este vegetal como cicatrizante de heridas externas. Si la licencia se hubiera concedido, las empresas indias no habrían podido comercializar las pomadas antiinflamatorias basadas en la Curcuma longa. El gobierno de Nueva Delhi cuestionó legalmente el intento y obtuvo su anulación en EE.UU.






