El desayuno, a debate. Al final, ¿es bueno o no?

Después de décadas de pregonar que debe ser la comida más importante del día, un estudio reciente plantea que, en realidad, saltearse la ingesta matutina le hace bien a nuestro cuerpo; los argentinos, en duda
Después de décadas de pregonar que debe ser la comida más importante del día, un estudio reciente plantea que, en realidad, saltearse la ingesta matutina le hace bien a nuestro cuerpo; los argentinos, en duda Fuente: LA NACION
Vicky Guazzone di Passalacqua
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29 de junio de 2019  

Era casi un axioma. Aquello de "desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo" fue un postulado mundial repetido por décadas. Pero con el despertar de la concientización alimenticia y el crecimiento de la cultura fitness, comenzaron a abrirse algunas fisuras en preceptos que se creían inalterables. En ese camino, el del desayuno como comida esencial está bajo la lupa estos días. A raíz de un estudio publicado por The New York Times que sugiere que saltearse esta comida podría ser una buena estrategia para perder peso, las voces surgieron a uno y otro lado de la polémica. El debate empezó a plantearse en todo el mundo y Argentina, claro, no fue la excepción.

"En mi familia siempre fueron fundamentalistas del desayuno. De chicas, con mi hermana nos levantábamos con tiempo para tomarlo, sabíamos que debíamos darle su espacio al organismo para generar energía para el día. Jamás salimos de casa a las corridas", recuerda Magdalena Villemur, que a sus 33 años sigue cumpliendo esa premisa. De hecho, hoy asegura tener tan instaurado el hábito que si se queda dormida o por alguna razón debe salir rápido, corre riesgo de desmayarse. "Y si desayuno poco o apurada, ya me predispongo para tener un mal día". Los días felices, en cambio, le destina al menos media hora al proceso de iniciar la mañana con un café con leche, jugo de naranja y tostadas de pan integral con queso crema o mermelada. "Si salgo a desayunar afuera también agrego granola o algún yogur", amplía. A media mañana, además, suele sumar una barrita de cereal o una fruta.

Similar rutina vive María Dolores Seoane, de 38 años, cuyo mayor miedo al sacarse sangre no son las agujas sino el ayuno previo. "En esos casos suelo pedir hacer home office para volver a casa y poder desayunar como siempre", describe. O sea, con té con leche, tostadas de pan blanco casero con semillas untadas con queso blanco y un huevo duro. Y si es fin de semana, el pan puede reemplazarse por waffles. "Desde hace unos 20 años que llevo este hábito. Tengo tendencia a engordar y me controlo con nutricionistas, y aunque negociamos en varias cuestiones, el desayuno es un punto vital en el que siempre coincidimos", ilustra.

Mariana Lanza, atleta y nutricionista, desayuna frutas y granola después de entrenar
Mariana Lanza, atleta y nutricionista, desayuna frutas y granola después de entrenar Fuente: LA NACION

En este sentido, las campanas profesionales suenan de ambos bandos, aunque podría decirse que por ahora son más los que prefieren la receta tradicional. "Me parece un enorme riesgo en cuanto a política sanitaria salir a decir que es mejor no desayunar", dispara la doctora Mónica Katz, autora, entre otros, de los libros No dieta y Somos lo que comemos. "Estamos permanentemente atrapados en dicotomías, y no se trata de extremos, sino de sentido común. La duda de si desayuno sí o no depende de la calidad de lo que comés, algo que los estudios observacionales no suelen analizar", sentencia. Para ella, el desayuno es un paso importante porque es, literalmente, romper con el ayuno de muchas horas, en el que es necesario reponer energía y nutrientes. También porque se correlaciona con una mejor performance cognitiva, de memoria y de trabajo de coordinación ojo-mano. "Y de esto sí hay evidencia", apunta.

La calidad de los alimentos además influye en la cuestión de saciedad. Para María Salinas, de 36 años, el café con leche con huevos revueltos que desayuna hace siete años es la clave para llenarse de energía y no tener hambre hasta pasado el mediodía. "Hice un régimen a base de proteínas y me quedó ese hábito, porque me súper resultó. Si en cambio algún día como carbohidratos o pan, hacia media mañana ya tengo hambre de nuevo", explica.

Deportistas y detractores

Del otro lado se ubican aquellos que no desayunan, y que incluso se sienten mal si lo hacen. "Cuando estudiaba y trabajaba, me despertaba a las 6 para estar 7:30 en la oficina. Amo dormir, por lo que trataba de maximizar el sueño, y me levantaba a las corridas", relata Máximo Forcieri, de 30 años. Así empezó a desayunar lo mínimo indispensable, que resultó ser un vaso de agua, con el que descubrió que se sentía perfectamente listo para encarar el día. Por estos días, solo desayuna cuando está de vacaciones o en un hotel, y asegura que esos raptos de tentación le terminan pasando factura, porque al rato se siente pesado. "Con el tiempo, hablando y leyendo sobre el tema, empecé a ver que quizás el desayuno no es tan importante como siempre nos lo pintaron, que hay mucho de marketing atrás, y que el cuerpo no está listo ni acostumbrado a procesar alimentos ni bien se levanta", apunta.

También hay quienes eligen el ayuno extendido como una práctica de bienestar. Desde enero, es el modus operandi de Dolores Calcagno, de 43 años. "Son ayunos intermitentes de 16 horas, hasta el mediodía no consumo nada excepto mate y tal vez un café chico. Esto logra el descanso del sistema digestivo, una desinflamación muy notoria en los órganos y un enorme aumento de la energía", relata. Además, asegura ver mejoras en la piel y haber reducido el colesterol. "Jamás tengo hambre. No bajé la cantidad de alimentos que ingiero, simplemente los distribuyo de modo distinto", explica.

Máximo Forcieri, de 30 años, solo toma agua de camino a la oficina
Máximo Forcieri, de 30 años, solo toma agua de camino a la oficina Fuente: LA NACION

Son también varios los profesionales que ponen paños fríos a alabar el desayuno per se. "No creo que haya una comida mejor que otra, sino que todas deberían ser completas con los tres macronutrientes: carbohidratos, grasas y proteínas", sostiene Alejandro García, médico especialista en deporte. Para él, la cuestión de si desayunar o no depende tanto de la calidad de los alimentos ("no es lo mismo un desayuno clásico de un argentino con galletitas o facturas que uno con frutas o huevos"), como de la costumbre de esa persona, ya que si no tiene el hábito es probable que cualquier cosa le caiga mal. Preguntado sobre el estudio a favor de saltearse el desayuno, refuerza el concepto de buenas elecciones. "Lo ideal es que la persona, al final del día, haya consumido la cantidad y calidad ideal de alimentos. Si lo hace a la mañana, a la tarde o a la noche, es indistinto", sentencia.

Con entrenamiento matutino

Si entre las primeras cosas que se hace a la mañana está entrenar, en tanto, la duda se agranda. ¿Qué es lo mejor para el organismo antes de un gran esfuerzo? Mariana Lanza, de 37 años, atina a contestarlo desde su experiencia como nutricionista pero sobre todo como atleta (es profesora de educación física, instructora de fitness, guardavidas y runner, entre otros talentos deportivos). "Mi desayuno fue cambiando con los años, porque mi actividad y mi demanda física fueron variando. No consumo siempre lo mismo, porque no da igual un día de competencia que ir a dar una clase de spinning", ilustra. Atenta a cumplir con los requisitos de hidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales, el menú suele rotar y puede incluir una tostada de pan integral con queso y mermelada, café con leche o té de hierbas, jugo de naranja, granola, frutas, palta, jamón, queso y un omelette. Pero algo fundamental lo diferencia: esta clase de desayunos los realiza luego de entrenar; antes solo consume algo liviano, como un té, una banana y unos frutos secos. "Podría decirse que invierto los conceptos de desayuno y colación", dice.

Su colega, el licenciado en Nutrición Diego Cáceres, está de acuerdo con esta teoría. Con pacientes atletas de alto rendimiento, no recomienda más que té verde o café sin azúcar, unas cucharadas de aceite de coco (que usa grasa del cuerpo para producir energía instantánea) y creatina, ideal para actividades de gimnasio. "Debemos proporcionar nutrientes que puedan ser metabolizados rápidamente", sostiene. Más que eso puede ser perjudicial, ya que se requieren entre tres y cuatro horas para una digestión completa de un desayuno tradicional. "Lo que estás haciendo, aunque creas que desayunaste, es ir a correr en ayunas. Lo que ingeriste fue más para tu cabeza que para tu cuerpo", argumenta. Y aunque quienes estén acostumbrados a desayunar e ir a entrenar tal vez no lo noten, esa conducta también resta potencial de energía para la actividad. Al estilo de Mariana, el real desayuno debe darse después, para cubrir el sacrificio muscular. "Uno de los mejores complementos post entrenamiento es el huevo. También una porción de fruta, como banana, manzana, ciruela o frutos rojos. Y especialmente grasas de calidad, como las de la palta o la aceituna", describe el profesional, que sí cree que esta comida debe ser la más importante, para luego ir disminuyendo en cantidad hacia el momento de la cena, que es cuando menos capacidad para la bajada de glucosa y más para engordar se tiene.

Entre sus pacientes, la influencer y "fit girl" Agustina D'Andraia (@agusdandri), de 30 años, es una de las que comenzaron a aplicar este método de comer poco y estratégicamente antes de hacer ejercicio. Su desayuno post entrenamiento, en tanto, puede incluir pancakes hechos con huevo, harina de coco, cacao, chía y banana o también palta y frutos rojos, entre otras combinaciones. "Hace más de cinco años que estoy en proceso de cambiar hábitos, y en ese camino fui probando distintos métodos y conociendo profesionales. Hoy no solo me importa la cantidad de calorías sino la calidad y el momento en el que se consumen", plantea. Para ella, esta es la receta para comenzar un día pleno y lleno de energía.

Producción de Marysol Antón

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