El empleo del tiempo

(0)
2 de mayo de 2020  • 14:15

Una película de catorce horas. Parecía una eternidad cuando se estrenó, pero ahora que, en plena cuarentena, Mariano Llinás decidió liberar los contenidos de La flor , ya son 320.000 las personas que se aventuraron a ver la obra más épica del cine nacional, a razón de 15 mil visualizaciones por día desde que se puso a disposición del público en la plataforma cultural Kabinett (wearekabinett.com), el último viernes de marzo. Llinás dice que el fenómeno tiene que ver con el momento: "Se dio una situación parecida a la que podía darse frente al cine o la vieja televisión. Toda esa gente reunida frente a la computadora".

Yo, que fui una de las 320.000 que disfrutaron de la aventura por entregas, pienso en el tiempo, en lo relativo que se volvió el empleo del tiempo en poco más de un mes: ¿qué son catorce horas de días que transcurren iguales, sin el sosiego del regreso a casa, cansados, a la noche, para sacarse los zapatos y prender la tele para encontrar que no hay nada? Me acordé de la película homónima de Laurent Cantet, precisamente, El empleo del tiempo (2001) -que tomaba a su vez elementos de la novela El adversario, de Emmanuel Carrére-, en la que un ejecutivo es despedido y finge reuniones y ocupaciones, y se queja de la sobrecarga de trabajo, y miente una y otra vez para sostener sus propias mentiras frente a las presiones y las expectativas de su vida familiar.

Lo que hacemos con nuestro tiempo es una de las cosas que se pusieron en juego con la cuarentena y habla de las subjetividades del capitalismo que también entran en crisis con la pandemia. ¿Cómo invertimos nuestro tiempo? ¿Cómo lo invertíamos antes y cómo lo hacemos ahora? ¿Cuándo fuimos o somos más dueños de nuestra vida? Es raro: como al personaje de El adversario , ahora nos sobran horas que podemos usar para meditar, ver buenas películas o hacer nada. Como en el cuadro de Dalí, los relojes se volvieron blandos. Como en el poema de Auden, con los relojes se detiene el mundo. Los días ya no son días, las horas ya no son horas. O al menos ya no las medimos en minutos, sino en lavadas de manos, chequeos de mail y lecturas de estadísticas, la única referencia del exterior que entra en nuestras casas recordándonos que afuera sigue pasando el tiempo.

Hay un cartel enorme en una obra cuya construcción ahora quedó detenida a pocas cuadras de mi casa. Dice: "El tiempo es un lujo y su gestión, un arte". Hoy, cuando hago mi única salida permitida al supermercado con la bolsa de las compras como fiel compañera y salvoconducto, me resulta una ironía. Tiempo es lo que nos sobra. Al menos pude aprovecharlo para ver La flor .

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.