
Fanático del rojo, el periodista añora cuando su club era una institución modelo.
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Por Diego Zwengler
No solo sos hincha de Independiente sino que te criaste en el club. ¿Qué recuerdos tenés?
Es mi tercer lugar de formación: mi casa, el colegio y el club. Yo aprendí a contar del 1 al 11 a los dos años. Me acuerdo de ir de muy chiquito a la cancha y que los mayores me pararan para preguntarme cómo formaba: era como un examen y yo lo sabía de memoria. Pero no era solo ir a la cancha, ahí también aprendí a nadar, pasé veranos, todo el desarrollo de niño a joven. Además, jugué al waterpolo y en las inferiores de fútbol hasta los 23.
Viviste los años dorados del Rojo.
La época en la que Independiente ganó las copas Libertadores, las vi todas. Del 60 en adelante fui mascota. Pero la honra del hincha era tener una institución modelo, con mejoras permanentes en la pileta y en el club.
¿Cómo definirías ese amor que va más allá del fútbol?
Es tu lugar de pertenencia, tiene que ver con tus vínculos. Mi vieja decía que llevó honrosa su panza de embarazada a la cancha ocho meses y medio. Tenía un fuerte arraigo con el club; los domingos se planeaba la comida según el lugar donde jugara Independiente. Mi mamá le prestó plata a Independiente siendo la mujer de un obrero. En nuestra casa de Gerli se firmaron las entradas de prensa del partido para la final Intercontinental con el Inter, en el 64. A ella le cambiaba el ánimo, mucho más que una derrota, la situación del club.
¿Tu mamá está enterrada en la cancha?
Sí, un día me dijo: “No me vengas con las pelotudeces esas del cementerio, a mí enterrame en la cancha”. Y así lo hice, dejé una urna con sus cenizas.
¿Es difícil hoy tener un vínculo así con el club?
Creo que no. Lo que pasa es que los clubes cambiaron muchísimo. Cambió el estilo de vida; algunos mantienen su rol contenedor y ofrecen deportes competitivos, eso no te lo dan las municipalidades. Antes, los socios pasaban a tomar algo, a ver cómo estaban las actividades; hoy, las barras bravas son dueñas de las sedes.
¿Existe todavía el famoso paladar negro del hincha de Independiente?
Todos los hinchas quieren ver jugar bien a sus equipos, ese es su mayor orgullo. Pero hay un problema, acá se dijo que el cómo no importa, entonces ¿para qué vas a la cancha? El hincha no es idiota y sabe cuando te ganaron porque el otro fue mejor, pero las camadas más nuevas están consumidas por esta alternativa del éxito que dice que si no ganás no existís. La urgencia de los medios hace que todo se precarice. Ahí viene la trampa del dame algo, un triunfo, un campeonato y no importa cómo.
¿Soñás con que Independiente recupere su estilo?
Sueño con que desaparezcan los que viven del club, al que desangraron durante 25 años y lo destruyeron haciendo negocios. Reconstruir eso no va a ser tan fácil.
COMPLETE LA FRASE
Un buen hincha es… el que primero piensa en el club y no en su satisfacción personal desde el club
Hay que ganar como sea… No, lo que hay que hacer como sea es no ganar como sea
El partido ideal es… el hincha de Independiente ya vivió el partido ideal, no hay que aclarar más nada
En un futuro, el fútbol… puede ser un espectáculo hermoso o un “tarate conmigo”





