
Emma Shapplin, la soñadora
La soprano francesa pasó por la Ciudad con su último disco, Etterna, un mundo de emociones y de música
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Diminuta. Ingrávida. Casi etérea. Su apariencia de libélula hace de Emma Shapplin alguien ante quien los demás suelen fascinarse.
Nacida en París en 1974, la soprano francesa recuerda haber sido una niña pudorosa, amante del silencio. Pese a haber crecido en una familia que no se caracterizaba por su amor por la música, sabe el momento exacto en el que se produjo su pasión por el bel canto: tenía 11 años y, luego de escuchar Reina de la noche, de la ópera La flauta mágica, supo que ése sería su destino.
El instante no fue resultado de una gala en un teatro, sino después de ver un comercial de TVque tenía esa pieza como leitmotiv. “Corrí hacia mi cuarto e inmediatamente traté de cantar lo que había escuchado. Desde ese momento, lo único que quise fue cantar esa música”, dice.
Clases de canto. Descubrirse soprano. Encontrar su voz y aprender a usarla. Esos fueron los pasos siguientes, pese a la negativa paterna a que ella eligiera el camino del arte. “Mi padre era policía y mi mamá, secretaria. Los dos pensaban que convertirme en secretaria significaría el acceso a un buen trabajo. Pero cantar, para mí, era una manera de afirmar que estaba viva.”
Al principio incursionó en el rhythm & blues y hasta se convirtió en la cantante de una banda de heavy metal. Pero un buen día conoció en una fiesta al compositor pop Jean-Patrick Capdvielle, una estrella del género en Francia. Le pidió que escribiera un álbum para ella. Demanda a la que Capdvielle respondió: “Pero yo no soy Verdi”, y ella acotó: “Y yo no soy una cantante de ópera formal”.
De esa unión nació su primer trabajo discográfico, Carmine Meo (1997), que en la Argentina llegó a vender 180 mil placas y se convirtió en Francia en disco de oro. El éxito se repitió en el resto del mundo: Emma Shapplin se convirtió en una celebridad capaz de desplazar de los charts hasta a Celine Dion.
Hace poco, la joven Emma estuvo de paso por Buenos Aires con su nuevo disco, Etterna (Universal), bajo el brazo. Para este trabajo, que contiene esta vez sus propios temas, decidió cambiar de compañía y de colaboradores. “Descubrí –dice– que me gusta crear mundos de pequeñas emociones con la música popular. Soy una soñadora.”






