Renunciaron a su trabajo para recorrer Sudamérica en auto y revelaron por qué los extranjeros eligen “rutear” Argentina
Eduard Cifuentes y Evelyn Klimas se animaron a dar la vuelta por el subcontinente de manera descontracturada y con el propósito de conocer cada rincón que lo embellece
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Cada quien tiene su manera de viajar, ya sea en la comodidad de un avión o colectivo, hasta en la aventura de una bicicleta o motorhome. Por eso Eduard Cifuentes, oriundo de Cúcuta, Colombia, y Evelyn Klimas, de Montevideo, Uruguay, no lo dudaron ni un segundo cuando se les cruzó por sus cabezas recorrer Sudamérica en auto. Tomaron lo necesario, renunciaron a sus trabajos y hace cuatro meses emprendieron la travesía. En diálogo con LA NACION, explicaron por qué Argentina es perfecta para los viajeros no convencionales.
Con 26.000 seguidores en la cuenta de Instagram, a diario comparten los sitios que visitan, recomiendan o brindan sugerencias para los amateurs como ellos y hacen un resumen de sus días en la ruta.

Los dos se conocieron en 2024, cuando trabajaron en una fábrica de alimentos y, aunque al principio forjaron una linda amistad, con el tiempo surgió el amor y consolidaron su noviazgo en marzo del 2025. Además de sus sentimientos, coincidieron en las ganas de hacer un viaje por el continente de una manera distinta, por lo que renunciaron al empleo que tenían y en septiembre del mismo año dieron rienda suelta a su sueño en un auto.
Él tiene 30 años y hace cinco que vive en Montevideo. Desde que arribó al cono sur del continente, nunca retornó a su ciudad natal. Eso era algo que le pesaba mucho, según contó, y cuando descubrió la pasión de Klimas por “rutear”, es que se “alinearon los planetas”.

“Yo tenía el sueño de viajar; aunque tenía mi profesión, sentía que algo me faltaba. Miraba youtubers que hacían viajes ruteros por América y cuando Eduard me dijo que extrañaba Colombia y quería visitar a su familia, decidimos en junio ir hasta allá en auto”, dijo Evelyn, una ingeniera química de 29 años que renunció a su puesto fijo y a un salario mensual por cumplir otra de sus metas.
Quien dio el primer paso fue Eduard, que renunció a su puesto y comenzó con un emprendimiento de detallado de autos (limpieza exhaustiva y profesional). Este mismo oficio es el que les permite conseguir dinero a medida que recorren Sudamérica.

Con clientes y un sustento que les permitiría iniciar la travesía, Evelyn terminó con su contrato laboral y le comunicó a su familia la decisión de hacer realidad su sueño. “Pensé que me iban a juzgar, pero el apoyo fue buenísimo. Nunca dudé en dejar el trabajo. Somos jóvenes, hay tiempo para volver, pero uno nunca sabe qué pasará después”, dijo la ingeniera química.
“Si lo pensaba mucho, tal vez no sucedía, hasta que mi primo me dijo algo que me hizo un clic: ‘Nunca se van a dar todas las condiciones para que sea el momento’. No tenemos hijos, tenemos salud y el auto; era el momento para probarlo”, remarcó la uruguaya.
El principio del camino rutero y por qué Argentina es ideal para los viajeros
Después de un rico asado y una despedida familiar, los dos salieron de Uruguay e ingresaron a la Argentina. De Carmelo, cruzaron a Entre Ríos, luego Santa Fe, Córdoba, La Rioja y Catamarca. “La idea era subir al norte, pero mi hermana bajó de Colombia al Chaltén y, como hacía cinco años no la veía, nos fuimos al sur. Entonces aprovechamos y visitamos Ushuaia, pasamos a Chile y conocimos Torres del Paine, Punta Arenas y empezamos a subir. Tomamos la Carretera Austral y después pasamos a Argentina para terminar en Cafayate, Salta, que es donde estamos ahora (al momento de hacer la entrevista)”, relató Eduard.

—¿Qué no puede olvidar un viajero que hace una travesía tan larga como la de ustedes en auto?
Evelyn: —El mate y no idealizar el trayecto. Hay días que se duerme bien y otros muy estresados.
Eduard: —El abrigo. Descubrimos que en el sur hacía mucho frío y lo subestimamos. No hay que subestimar a la naturaleza.

Lo más sorprendente para la pareja fue conocer el Fitz Roy. Allí tomaron conciencia del aprecio de los turistas extranjeros por un paisaje inmenso y único de la Patagonia argentina. Cuando llegaron al punto de encuentro, quedaron maravillados por el entorno y la fascinación del resto. Entre la imponencia de la montaña que los abrazaba, conocieron la nieve. Un espectáculo natural que valió doble.
Esta es la primera experiencia de ambos en una odisea de tales características. En el caso de Evelyn, nunca estuvo fuera de su país por tanto tiempo. Sin embargo, ella destacó algo único y que caracteriza a nuestra sociedad: “Este es un país muy amigable para el viajero; es fácil conseguir agua y corriente en las estaciones de servicio. El argentino es muy dado a ayudar. Hasta en Chile nos cruzábamos con grupos de argentinos que nos daban su número de teléfono por si necesitábamos socorro”.
El hate de las redes sociales y la justificación de hacer lo que uno ama
A los 66 días de haber iniciado con este impulso, se animaron a subir un video en el que describieron cómo es un día en sus zapatos. El contexto en el que grabaron el video fue en la Patagonia chilena, justo sobre la Carretera Austral. Desde ese entonces sumaron contenido similar para que sus seguidores pudieran tener una perspectiva más cercana de sus experiencias más allá de las fotos de paisajes.

“La idea de un Instagram en conjunto nació en Uruguay para vender fotos, pero se viralizó un video de cómo dormimos en el auto y eso cambió todo. Me pone muy contenta cuando la gente nos escribe diciendo que los inspiramos”, dijo Evelyn, al tiempo que Eduard acotó, entre risas: “También viene el ‘bardeo’, pero lo tomamos con mucho humor negro. Contestamos siempre con educación e ironía”.

Al hacer un pequeño raconto de su recorrido, el joven destacó: “El mayor aprendizaje es la gente y sus filosofías de vida. Te hace analizar tus propias ideas preconcebidas. También es un viaje muy reflexivo; aprendés a valorar hasta una ducha, algo que en la ciudad hacés sin ser consciente”. A la vez que su pareja acompañó: “El contraste de estar todo el día afuera es genial. Yo trabajaba nueve horas encerrada en una fábrica; ahora nuestro ‘patio’ para almorzar es una montaña”.
La pareja aspira a llegar a Cúcuta, mientras conocen el resto del subcontinente. Duermen en el auto o también en carpa. Asimismo, paran en hostales donde ofrecen trabajo de voluntariado a cambio de una habitación (existen muchos de este tipo en Latinoamérica). Quienes deseen seguir su diario de viaje pueden encontrarlos en @camaraenmanok.
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