En regresión. Niños que vuelven al primer casillero

Fuente: LA NACION - Crédito: Javier Joaquin
Vivian Urfeig
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5 de junio de 2020  

Martina volvió a pasarse a la cama de los papás. Tiene 7 años y solo se duerme si está acompañada. Manuela, de 2, había logrado dormir toda la noche, pero desde que empezó el aislamiento se despierta cada dos horas, como cuando era bebé. Julián, de 10, perdió todo interés por las clases vía Zoom y no para de jugar al Fortnite. A Emma, de 11, le cuesta concentrarse en las tareas y da mil vueltas para entregar los trabajos. "Antes se organizaba mejor, resolvía sin ayuda", se queja Marisa, mamá de 3 chicos en edades escolares muy diferentes. "Es muy estresante para la familia la agenda de clases virtuales, trabajos a entregar y coordinación general de la casa".

Es que la educación está en jaque. O por lo menos la noción de escuela como la conocimos siempre. De acuerdo con un documento que publicó la Sociedad Argentina de Pediatría, los chicos presentan inhibiciones y regresiones en "la acción, en lo emocional y en el estudio". El informe elaborado por el Comité de Familia y Salud Mental señala que la dificultad para generar situaciones de aprendizaje radica, entre otros, en la "falta de un encuadre que sostenga la actividad, donde el rol de la escuela intenta sustituir relaciones y vínculos afectivos a través de la virtualidad". El documento "El estado emocional de niños y adolescentes a más de un mes del ASPO (aislamiento social preventivo obligatorio)" también menciona la aparición de miedos ya superados y de pesadillas.

"Bauti estaba hiperactivo durante el día a pesar de que sostenemos la rutina de la siesta y las comidas. Recién cuando empezó a dar la vuelta recreativa se relajó un poquito", comenta Valeria Gómez, la mamá, que por momentos sintió que volvía todo para atrás, al casillero 1. "Las consecuencias que observamos en las supervisiones de videollamadas van desde la ansiedad a la dispersión, los chicos pierden la capacidad de atención y se angustian más", explica Silvana Gentile, directora del jardín maternal Mis Primeros Sueños, de Paternal.

En el nivel primario los efectos de la cuarentena también se hacen notar. A los problemas de conectividad y disponibilidad de espacios y dispositivos se suma la complejidad de sostener la programación de contenidos que llega desde la escuela. "Lola arrancó superentusiasmada, se divertía en las clases y participaba mucho. Pero ahora el entusiasmo se transformó en desgano y desinterés", dice Pablo M., el papá. Ante la falta de definiciones de la vuelta a clases, el Ministerio de Educación del gobierno de la ciudad distribuyó los contenidos a priorizar durante la emergencia Covid-19, para el nivel primario. "Dadas las condiciones heterogéneas no se trata de que se tomen estos contenidos como indicadores absolutos. El propósito es organizar la tarea, sostener el contacto con los docentes y con las rutinas habituales", se indica en la introducción del informe elaborado por especialistas. Y luego, se detallan cuáles son los contenidos a tener en cuenta: "Aquellos que recuperan saberes de años anteriores y que funcionen como base para futuros aprendizajes, los que puedan retomarse en la segunda etapa del año y los que involucren no solo cuestiones conceptuales, sino también modos de pensar y de resolver. Y los contenidos que puedan aprenderse con y sin tecnología digital". El informe especifica aspectos puntuales para las materias curriculares y se puede consultar en la web www.buenosaires.gob.ar/educacion/procedimientos-y-resoluciones.

El hogar, espacio creativo

"A esta altura no me preocupa tanto que resuelva un problema de matemática. Ahora prefiero poner la energía en cocinar algo juntas, explicarle cómo funciona el lavarropas y alentarla a seguir armando su Diario de Cuarentena, con anécdotas, recetas y juegos", dispara Laura Fuentes, mamá de Paloma, de 11 años. En esta línea de aprender en casa, Melina Furman, autora de Guía para criar hijos curiosos (Editorial Siglo Veintiuno), propone ayudar a que los chicos construyan el oficio de alumno en un marco de cotidianeidad hogareña. La casa como laboratorio creativo es un concepto que también aborda el psicopedagogo italiano Francesco Tonucci, que promueve transformar cada espacio en una oportunidad para aprender algo nuevo con los adultos como asistentes y facilitadores de esa experiencia. Al desinterés o las distracciones en las clases virtuales se suma la alteración del juego con otros chicos, que ahora solo queda reducida a un cuadradito en la pantalla. "El aula se convirtió en una experiencia aplanada. Frente a la preocupación de los padres respecto de los aprendizajes y hábitos que están en retroceso, podemos pensar este tiempo para generar nuevos aprendizajes puertas adentro. La escuela, según propone Freud, es el espacio por excelencia donde el niño aprende a inhibir, reprimir, sublimar los impulsos, en el marco de una operación lógica que se da en una cronología de tiempo y que incluye a otros (amigos, docentes). Pero también en un espacio ajeno a lo familiar", destaca la psicoanalista Gabriela Kesner, especialista en Clínica Infanto Juvenil del Equipo de Salud Escolar del Área Programática del Hospital Piñero.

Retroceder para avanzar casilleros que nos conecten con los chicos desde lugares distintos surge como alternativa para administrar la incertidumbre. Por lo menos hasta que vuelva a sonar el timbre de la escuela.

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