
Federico de León: el artista protegido
El joven director teatral argentino, que debutó hace poco como cineasta con Todo juntos, fue beneficiado por el programa de mecenazgo artístico que lleva adelante la firma Rolex. Esto le permitió, entre otras cosas, trabajar con el prestigioso Robert Wilson, uno de los grandes de la escena estadounidense
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Lo más común, lo típico, es escuchar que no hay presupuesto para el arte. Pero a veces sí lo hay. Federico León lo sabe bien. La compañía suiza de relojes Rolex inauguró, hace dos años, una singular iniciativa de mecenazgo artístico para mentores y protegidos.
Se seleccionaron cinco disciplinas: danza, literatura, música, teatro y artes visuales, y con la ayuda de un consejo asesor se eligió un maestro y un discípulo que las representaran. El objetivo era que pudieran nutrirse, intercambiar experiencias, aprender.
El actor, dramaturgo, cineasta y guionista Federico León, de 29 años, que viene de presentar su opera prima Todo juntos en el Malba, fue el elegido -como protegido- en el área de teatro entre aspirantes de todo el mundo. Y pudo darse el lujo de trabajar junto a Robert Wilson -el mentor-, uno de los grandes maestros de la escena estadounidense.
-Me llegó un día una convocatoria de Rolex diciendo que había sido seleccionado. El tema consistía en encontrarse durante un año, por lo menos tres veces, con el dramaturgo Bob Wilson, mi mentor. Fue muy sorpresivo. Además, tenía algo misterioso, como de secta. Yo no entendía cómo habían llegado hasta mí -dice León, mientras toma un café en el bar del Malba.
Para participar de este programa no es posible postularse. Los jóvenes elegidos, de menos de 40 años, son propuestos por distintos líderes del mundo del arte: curadores, programadores de salas de teatro, directores de festivales, críticos. Las presentaciones son analizadas por personalidades como el revolucionario arquitecto Frank Gehry; el director de teatro, ópera y cine, sir Peter Hall; la soprano Jessye Norman, y la novelista Wole Soyinka, ganadora del Nobel de Literatura.
El ciclo inaugural -2001/ 2003- llegó a su fin. Es hora de balance y conclusiones. De ver qué tuvo de bueno y cómo se podría mejorar. Porque este programa terminó, pero a mediados de este mes se anunciarán los mentores y protegidos del próximo.
Para el ciclo que viene se agregó el cine como nueva disciplina.
Federico León habla rápido, fuma y parece que su cabeza girara a mil kilómetros por hora.
Hace unas semanas terminaron las representaciones de su puesta El adolescente en el Teatro San Martín y está a punto de iniciar con la obra una gira por Europa.
Dos meses, treinta y pico de funciones. Este joven no conoce el freno.
En realidad tuvo que interrumpir su trabajo para encontrarse con su mentor, el ocupadísimo míster Wilson.
El primer viaje fue a Long Island; allí, Wilson tiene un laboratorio multidisciplinario para las artes donde desarrolla sus proyectos: Watermill. León pasó tres semanas, hablando poco y nada porque ninguno, ni mentor ni protegido, hablaba el idioma del otro.
Pero dice Federico León que ese silencio fue valioso, que en la observación hubo comunicación.
"Creo que Wilson me eligió por lo distintos que somos. Yo construyo las obras durante los ensayos, a diferencia de Wilson, que lleva adelante las ideas preconcebidas. Yo trabajo con actores y con lo que les pasa; para él, los actores son modelos de una obra de orden más plástico, pictórico, lumínico. Los actores son como la luz, un elemento que hace a la composición", enumera Federico sus diferencias, tantas, al parecer, que es difícil imaginar que podrían comprenderse. Sin embargo, León está conforme con la experiencia, con haber sido testigo de las mecánicas de trabajo de una eminencia.
Y aunque no concretó un proyecto conjunto con su mentor, acota que le gustaría -dada su afición por incursionar en distintas artes- hacer algo con el arquitecto jordano Sahel Al-Hiyari, el elegido en artes visuales. Tal vez una instalación, aún no lo sabe.
León y Wilson no tuvieron una relación más allá de los encuentros formales. Sin embargo, en la última cena, el día del balance final, tuvieron una feliz coincidencia. Para ambos, un intercambio real entre dos artistas llevaría varios años de encuentros y mutuo seguimiento de la obra.
Un año sería apenas el comienzo.
Para saber más
Seguirlos de cerca
Desde Ginebra, Suiza, Rebeca Irvin, directora del programa que patrocina Rolex, le explicó a la Revista que los resultados del ciclo inaugural fueron "extremadamente positivos y superaron todas las expectativas".
No fue la primera acción filantrópica para la compañía de relojes, pero sí la de mayor importancia. Rebeca Irvin comenta que el programa se perfeccionará con el tiempo. "Es prioritario lograr un aporte en la vida de los individuos que participan en el programa, pasar una herencia artística de una generación a otra y tener un impacto global."
El primer ciclo ha terminado, pero la prestigiosa firma de relojes suizos seguirá de cerca la carrera de sus protegidos y, en la medida de lo posible, la apoyará.






