
Gabo Ferro: "La escritura de un poema es un disparo infinito a la fantasía"
Del músico punk al compositor, escritor, poeta e historiador actual pasaron muchos años; un alma en constante movimiento
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La primera receta propone: "Poner la fruta frente al espejo/ Azucarar la sombra de la fruta/ El espejo comenzará a encarnarse/ Soplar si arde o suelta estrellas/ Romper contra los ojos algunas vainas de vainilla y olerlas/ desde el lago/ Mirar arriba desde abajo/ Pronunciar su nombre por lo alto/ Enfriarlo. Difícil encontrar este texto en la librería sobre la mesa de textos gastronómicos. Ingredientes y proporciones son aquí, claro está, poesía; un libro atípico editado por Ciclo3: Recetario Panorámico Elemental Fantástico & Neumático, del rockero, historiador, músico y poeta, Gabo Ferro, a poco de cumplir 50 años. También, y ahora en su faceta de historiador, acaba de publicarse bajo el sello editorial de Beatriz Viterbo otro de sus trabajos, 200 años de Monstruos y Maravillas Argentinas, un texto que le requirió diez años de investigación y documentación, un libro que tiene como aspiración convertirse en manual didáctico para los alumnos de las escuelas. Es artista, pero si jugara al básket el entrenador no dudaría sobre su puesto: ala-pivot; un jugador hábil para el rebote y con buen tiro en posiciones dentro de la zona. Gabo apunta, y adentro. Música, teatro, literatura, performance. Este año hizo de todo, y yendo de un escenario a otro, como él dice, se asegura unas "vacaciones constanes de la rutina laboral".
Eso de que un artista nunca debe quedarse callado te lo tomás en serio. ¿No parás nunca?
-Ese piboteo constante, en lugar de cansar o fatigar, me nutre. Empezó hace muchos años entre la escritura desde la música y la historia. Luego se abrió el juego con la música contemporánea y la ópera [con Ese grito es todavía un grito de amor, sobre textos de Roland Barthes] y después la performance. En junio pasado estrenamos Artaud 1, Lengua ? Madre en la 1° Bienal de Performance, junto a Emilio García Wehbi, y ahora en diciembre volvemos con seis funciones al teatro Payró. Vamos a presentar la literautra de esa performance, del 2 al 7 de diciembre.
-Dos libros editados este año y un tercero a fines de 2014, Costurero Carpintera, con una antología de las letras de tus canciones. ¿Cómo es el pase entre el poeta, el músico y el historiador?
-La escritura de la canción siempre la viví muy emparentada con la poesía. Aunque con la primera hay cierta ortopedia instrumental, una guitarra, un piano o a capella, pero en compañía siempre de una melodía. La escritura de un poema es un disparo infinito a la fantasía. Y en el ensayo vuelvo a la soledad, en el archivo, porque en la historia de la culutra, sobre lo que escribo, todo necesita ser documentado y doblemente demostrado.
-¿Cuál es tu lugar favorito para sentarte a investigar?
-Voy a la Biblioteca Nacional, pido mi box y me quedó allí las horas que haga falta. Este libro de historia me llevó diez años de trabajo, y estar en contacto con documentos y discursos del siglo XVII es relamente fantástico.
-¿Quiénes son los monstruos y las maravillas?
-Cuando se celebra el Bicentenario, si bien hubo gran reconocimiento a la figura femenina, no hubo una renovación del panteón historiográfico. Siempre el foco puesto en los héroes, y en general en los mismos. Tal vez algunos que no eran demasiados considerados pasaron por un rato a la primera línea, pero luego volvieron a lugar donde la historia liberal siempre los ha colocado. Por eso quería hablar sobre los colectivos anónimos, hacerlos visibles, y por eso me asocié con [el ilustrador] Christian Montenegro para que los retratara. Yo como autor estoy invisibilizado, lo que consta es lo que dicen los documentos, pero en el caso de Christian sí quería que él se mostrara, que retratara la erótica, el anfibio, el desaparecido, todos están allí.
-¿Quién es el anfibio?
-En 1827, Alberdi [Juan Bautista] llama el anfibio al afeminado, y le pide a las señoritas que se alejen de ese monstruo. Montenegro le da una identidad a este sujeto afeminado que, según Alberdi, ya es una plaga en el mundo.
-¿Querés reinstalar la discusión sobre ciertos temas?
-Creo que estos 200 años de historia argentina hay una erótica negada. la pretensión de este manual es que vaya a las escuelas, que los chicos en el secundario puedan leerlo.
-¿Lo ves posible como un manual de texto escolar?
-Sí, porque creo que si bien hubo una renovación desde la ficción histórica, la erótica ha entrado en la historia solamente en forma de anécdota: la amante de San Martín o cuánto gastaba Sarmiento en orgías. La idea es devolver este tema de una manera complejizada. La historia debe ser un probelma, no un puñado de anécdotas.
-Volviendo al recetario, ¿por qué hacer poesía en forma de reglamento, de instructivo?
-Porque frente a esa estructura tan rígida donde no entraría el poema diseñé una especie de microfísica, un camino distinto para la fantasía. En realidad, en cuanto a la superestructura las recetas son todas iguales, en cuanto a lo temático y lo estructural varían, puede ser una receta para matar a la distancia o para hacer un barrilete.
-¿Hay alguna que el lector realmente pueda seguir y obtener un resultado final?
-[se ríe] Yo no me animaría, pero si el lector quiere intentar que después me cuente cómo le fue.
-¿Por qué todos tus trabajos suelen compartir un mismo espíritu performático?
-Solamente por un motivo podría definir todos mis proyectos como performativos, y es porque tengo un cuerpo. Esto que parece una obviedad muchas veces no es tan así. Si pienso en los músicos, los cantautores, veo cierta negación del cuerpo. De esconder algo detrás de un instrumento, de un micrófono de pie. Yo pongo siempre mi cuerpo adelante, me gusta dialogar con el azar y el cuerpo en el devenir de un preciso momento.
-¿Lo que negamos es lo que nos define?
-En 2013, escribí una canción que dice que "lo que da terror te define mejor".
-¿Y qué te da terror?
-Sutil lo tuyo... Pero no son gran cosa mis terrores más que lo cotidiano. La muerte, como a todos. Soy muy vulgar.
Directo de la vertiente
Nada más exquisito ni sabroso que el agua, el agua de deshielo, el agua fría, rica, sabrosa y para nada insípida -como asegura Gabo- que probó en un rincón de El Calafate, en Ushuaia. "Pongo en valor el agua, una bebida que elijo siempre, que disfruto todos los días. Y el sabor del agua de deshielo no lo cambio por nada."





