Graciana Solari: la cocinera de Paraná que recorrió 35 mil kilómetros

Junto a su marido, gozaron (y padecieron) las cocinas del mundo: España, Dubái, Kuwait.
Junto a su marido, gozaron (y padecieron) las cocinas del mundo: España, Dubái, Kuwait. Fuente: Archivo
Rodolfo Reich
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16 de noviembre de 2020  

Desde el día que se fue de Paraná (Entre Ríos) para estudiar en la capital cordobesa, la cocinera y pastelera Graciana Solari recorrió 35.000 kilómetros. Los destinos se sucedieron como en una road movie: el itinerario laboral la llevó primero a Las Grutas, después a Córdoba, de allí a España (fue la primera vez que se subió a un avión), más tarde a Dubái, luego a Kuwait y de nuevo a Dubái, para emprender una larga vuelta al país, aterrizando en Mendoza y, finalmente, en este 2020, como en un círculo que se cierra, una vez más a Paraná, su ciudad natal.

En realidad, no se cierra ningún círculo: "Viajar fue mi manera de entender que el destino estaba en mis manos. Hoy estamos acá para asentarnos, ver a la familia y tomar envión", advierte.

-Empezaste administración, pasaste a cocina y terminaste como pastelera...

-Mientras cursaba Económicas, acompañé a un amigo cocinero en un despacho. Vi esa adrenalina y me pareció mágico. Así me puse a estudiar cocina. Lo único que no me gustaba era la pastelería, que era demasiado exacta y precisa. Me gustaba la batalla. Pero decidí que igual debía aprender todo y me anoté en un intensivo de pastelería profesional. Hoy soy cocinera y pastelera.

En España trabajó en Navarra, donde conoció al cocinero Gabriel Stivala (su esposo). Juntos fueron a Dubái, donde buscaban un cocinero y un pastelero.

En España conoció al cocinero Gabriel Stivala, su esposo.
En España conoció al cocinero Gabriel Stivala, su esposo. Fuente: Archivo

"Dubái está armada como una ciudad perfecta, es fascinante. Pero el trabajo es muchísimo: es correr, correr y correr. Un día parpadeamos y habían pasado tres años. No me arrepiento, pero no es sostenible en el tiempo", cuenta Graciana. En Kuwait estuvieron solo seis meses. "Ahí la vida no vale un centavo. Y la mía, siendo mujer, extranjera y trabajadora, aún menos. Trabajaba en una planta de producción enorme, con mayoría de inmigrantes ilegales. Si venía un inspector, desde los parlantes daban el código «pizza pizza tango», y todos se escondían en el subsuelo". Retornaron a Dubái, donde por primera vez Graciana se hizo cargo de la pastelería en la apertura de un hotel de lujo. Hasta que con Gabriel decidieron que era hora de volver a la Argentina. "Era el 2017; conseguimos trabajo en Mendoza, con Gabriel a cargo de Azafrán, luego yo a cargo de Unión. Aterrizé con 90 kilos de equipaje. Todos nos miraban".

-¿Fue difícil volver?

-El choque fue durísimo. Veníamos de un lugar donde había todo; y llego a un lugar donde no había ni una batidora. Lo mismo me pasó con la cultura del trabajo. Allá trabajás hasta terminar lo que estás haciendo; acá termina tu horario y te vas. Los primeros meses salía todas las noches llorando. Nos llevó tiempo, pero con un cocinero misionero armamos un gran equipo.

-Y te volviste a casa, a Paraná...

-Ya desde Dubái queríamos recuperar calidad de vida. En Mendoza, la encontramos, pero seguíamos pasados de rosca. Vinimos a Paraná en febrero para abrir nuestro lugar propio, un café, y justo empezó la pandemia. No teníamos nada que hacer: Gabi arrancó dando unas clases por Zoom; un día hizo mucha cantidad de humita, la ofrecimos y nos la sacaron de las manos. Recuperamos un Instagram viejo (@twoochefs) y lanzamos un delivery que creció muchísimo, con menús de fin de semana, de oficina, dulces... Una cocina simple, de estación, todo casero, con nuestra mirada y cariño. Y cuando pase la pandemia, lo del café sigue vigente.

-Al fin, asentarse...

-No tanto. La pandemia nos trajo la gran sorpresa de que vamos a ser papás. Estar acá, en la ciudad donde nací y crecí, es ideal para un plan familiar. Pero cuando el niño ya camine, veremos. Con Gabriel somos inquietos y aventureros. Esto es más bien tomar envión y ver por dónde seguir.

Señas particulares

  • Edad:36
  • Un ingrediente: la palta
  • Un restaurante en Argentina: María Antonieta, Mendoza
  • Un restaurante en el mundo: cualquier bar de tapas de la calle Laurel, Logroño
  • Un hobby: pasear en bicicleta
  • Un momento del día: el sol de la mañana
  • Una bebida: el mate
  • Una comida/plato: los sándwiches de miga
  • Un recuerdo culinario: un evento de 1500 personas en Dubái. Éramos 15 cocineros y estuvimos 43 horas sin dormir.

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