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Pasea tranquilamente por el parque de su casa de Pilar, teléfono en mano para sacarle una foto al cielo, celeste y blanco, por el Día de la Bandera. Es sábado a la tarde y Graciela Borges acaba de terminar una clase basada en el método creado por la francesa Thérèse Bertherat. "Se trata de la antigimnasia, ejercicios que se hacen de forma relajada, recostada sobre el piso, para distintas partes del cuerpo. Es maravilloso. Lo hago con links que me manda Teresa Salazar: ella tiene este método en Argentina. Además, camino todos los días cuando me levanto, el despertar para mí es casi cerca del mediodía. Me acuesto tarde, dos o tres de la mañana, porque me quedo viendo películas y series, leo mucho… También mando mensajes de WhatsApp a esa hora. [Se ríe]. Además estoy escribiendo: cuentos cortos, historias mías… Tengo entre manos un cuento de misterio sobre una chica que padece agorafobia, pero que por las noches sale a dar paseos. Me gustaría hacer una película y dirigirla. Sería mi primera vez como directora.
–Llevás una cuarentena muy creativa…
–Sí. Pero, aunque soy una privilegiada por el lugar en el que estoy, rodeada de verde, a veces se hace medio tediosa. Por eso, declaré darme pequeñas alegrías en el día. Jugar con los perros, bailar –pongo mucho Maria Bethânia, que es amiga mía, y me muevo con su música–, cantar, hacer un Zoom con mi nieta Jesusita, que es maravillosa. También es cierto que me sirvió para parar. Yo venía de hacer dos películas bastante seguidas y la gira de mi espectáculo, con la que hice miles de kilómetros, arrastrando además un pinzamiento en el fémur. Es el reposo del guerrero, que me permite hacer lo que me da ganas y lo que no, no.
–Bajar la autoexigencia.
–Exacto. Yo tengo Luna en Capricornio y mi vida siempre se rigió por el deber y el compromiso. "Debo hacer esto, tengo que hacer tal otra cosa…". Desde los 14 años que vivo así.
–¿Creés que esta pandemia va a transformarnos para mejor?
–Creo que eso es romantizar la pandemia. Cada uno va a recibir su mensaje o su aprendizaje, pero no todos van a saber capitalizarlo o incorporarlo a su vida. Sabemos que el Planeta está cambiando, que los ríos están más limpios, los animales están mejor sin tanto humano dando vuelta, pero ¿qué vamos a hacer mañana, cuando esto pase, para que eso siga siendo así? ¿Habremos tomado realmente conciencia del mal que le hacemos al mundo?
–¿Cómo pensás que va a encontrarte a vos el día después?
–Yo sé lo que no quiero más para mí. No quiero más largos viajes, aeropuertos que se vuelven insoportables… Ya tuve los mejores y los peores hoteles –porque esta profesión te da un gran abanico de todo–, comí en los mejores restaurantes, conocí gente divina, gente para el olvido… Eso ya lo hice. ¿Sabés qué quiero ahora? Pequeños viajes, irme a Tilcara a meditar, de repente, pequeños sitios, poca gente. Hasta, te diría, mudarme del departamento en el que vivo hace cuarenta y seis años a algo más chico, con menos cosas.
–¿Te estás despidiendo de tu profesión?
–Eso es algo que vengo pensando hace rato, pero en realidad, cuando digo que no quiero filmar más, estoy diciendo que necesito que mi profesión me vuelva a sorprender. Hice muchas películas, me metí en tantas historias, tantos personajes… No sé si en este momento retomaría el cine. Es difícil decir esto, pero yo nunca fui demasiado feliz filmando.
–¿Diva o estrella del cine?
–Para mí, ninguna de las dos. Soy una muy buena actriz que ha trabajado duro desde los 14 años. Lo de diva, nada más alejado de mí, porque eso tiene que ver con un modo de vida. Yo soy una persona muy austera. Salvo los viajes, los festivales de cine y las fotos –que agradezco todo de corazón–, en mi cotidianeidad prefiero los pijamas viejos y calentitos a los camisones de seda y encaje, la ropa cómoda a los vestidos, las medias de buena lana a las de nylon. Cada vez me cuesta más ir a una fiesta, cada vez soy menos social y más íntima, como decía mi amiga Silvina Ocampo. Cuando me digo: "Me voy a bañar, me voy a lavar los dientes, me voy a poner perfume, me maquillo, me visto divina", seguramente termine fracasando y no vaya a ningún lugar. [Se ríe].



"FUI MUY AMADA Y TAMBIÉN ME HAN ROTO EL CORAZÓN"
–De todos los artistas y grandes figuras que conociste, ¿con cuál te hubiera gustado vivir una historia de amor?
–Cuando estuve en el Festival de Río por primera vez, yo tenía 18 años y fui con mi amiga Socorrito González Guerrico. ¡La pasamos tan bien! En el festival, se enamoró de mí Warren Beatty y llamaba todas las noches a nuestra habitación para invitarme a comer. Yo le pedía a Socorrito que atendiera y le dijera que ya estaba durmiendo. "Qué pena, yo estoy tomando un trago", respondía él. Era tan espléndido de buenmozo y el más mentado del festival que yo nunca me animé ni a tomar un té con él. ¡Y me hubiera encantado! En cambio, salí con el actor griego Stathis Giallelis, que no era tan requerido. [Se ríe]. Ahí aprendí que es más fácil que la gente les huya a las estrellas…
–Seguramente después a vos te pasó lo de Warren Betty y a más de uno le daba miedo acercarse…
–Seguramente. Es curioso los que se animan a llamarme o a escribirme. Yo digo: "Mirá, cómo se animó". A muchos les da pudor, supongo. Una vez, viviendo en París con una amiga, nos sentamos en un café y nos dimos cuenta de que estaban "la Simona" de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. Dimos mil vueltas hasta que nos acercamos para hablarles pensando que íbamos a escuchar cosas muy interesantes, intelectuales, y ellos nos hablaron del clima, de que les gustaba salir a caminar, nos preguntaron cosas de Argentina… [Se ríe a carcajadas]. Pasa eso, ¿no? La gente me debe ver así, inalcanzable, y nada más alejado.
–¿Fuiste una mujer muy amada? ¿Sufriste por amor?
–Fui muy amada y también me han roto el corazón. Tuve un mal amor que me hizo muy mal, pero no quiero nombrarlo porque ya murió. Me acuerdo que al poco tiempo de conocernos nos fuimos a Polinesia y pasé los quince días más muerta de amor de mi vida. Yo nunca me drogué, pero los días allá pasaban tan lentos y suaves como si hubiera estado fumada. Le dije a Tata Dios: "Fui tan feliz, Diosito, que no importa si no me vuelve a pasar algo así". Y lo más divertido es que nunca más me volvió a pasar una cosa así.
–¿Qué fue lo que hizo para romperte el corazón?
–Él se enturbió. Empezó con las mesas de dinero, el poder, las drogas y dejó de quererme. Y cuando yo sentí eso, sufrí muchísimo.
–¿Cómo te definís en el amor?
–Soy insoportable: no me pondría de novia conmigo ni loca porque soy muy intensa.
–¿Alguna vez fuiste infiel?
–Cuando fui infiel, lo conté. No me lo banqué y tuve que confesarlo. Es muy trabajoso ser infiel y yo soy tan responsable que no sirvo para eso. También tuve que bancarme que algunas mujeres me patearan el nido a mí, ¿eh?






"TENGO SOSPECHAS DE QUE HAY OTRA VIDA"
–¿Cuántas veces te dijeron "qué voz tan seductora tenés"?
–"¡Tu voz, que es tan sensual!". Y pensar lo que la detesté y la padecí tanto cuando era chica. Yo era tan flaquita, pálida, tímida y con esta voz ronca. ¡Imaginate, fueron miles de veces! Como era casi muda, mi mamá me mandó estudiar declamación para que me animara a hablar. ¡Qué ironía las vueltas de la vida!
–¿Te gustaría escribir tus memorias?
–Es tanto lo que hay para contar… Las carreras, Juan Manuel Bordeu, el "Chueco" Fangio, los festivales… Me daría miedo olvidarme de algo. Además, me gustaría que la gente las lea y fuera como si escuchara mi voz contándoselas. Debería poder transmitir las emociones de cada instante.
–¿Imaginás una bioserie sobre Graciela Borges?
–¡No me gustaría nada! Es demasiado petulante. Además, me gusta seguir manteniendo mi halo de misterio.
–¿Cómo te vinculás con la muerte?
–Yo tengo una aceptación de las cosas de la vida y la muerte que me hace ser muy descontracturada con ese tema. Doy gracias todos los días por estar viva, por un día nuevo… Cuando me llegue la hora, va a ser. Me horrorizaría la decrepitud y tener que depender de alguien o que me vean sufrir, pero si la muerte me sorprende tomando un té o riendo con una amiga, un buen ataque al corazón sería fantástico. [Se ríe]. ¡Pero que no sea por ahora!
–¿Creés en la reencarnación?
–Yo tengo sospechas de que hay otra vida, pero nada más. Para algunos esta vida fue muy generosa y para otros mucho más sufrida y para esos tiene que haber una revancha. Además, siempre pienso que voy a volver a ver a mamá, esos ojos verdes que extraño como nada.
–El 10 de junio cumpliste años. ¿Cómo vivís ese día?
–No creo en los números. Mi niña interior está tan presente que no tengo idea del paso del tiempo. Mi abuela Isabel una vez me dijo: "Usted tiene que hacer como las reinas. Cuando le piden su fecha de nacimiento, la dice y después se la olvida al instante, no la marque en su mente". Las mujeres estamos hartas de que nos reclamen ser eternamente jóvenes.
–¿Sos buena madre?
–Creo que fui lo mejor que pude, pero eso no significa nada excelso. Siempre estuvimos muy juntos con Juan Cruz y nos queremos mucho, pero imagino que mis largas jornadas de filmación cuando él era chico y "A mí no me gustaría que Jesusita sea actriz. Cuando te va bien, esta profesión es maravillosa, pero también hay mucho ególatra. Y se sufre mucho con el ego" que yo sea tan conocida no siempre le deben haber hecho bien. Si naciera de nuevo, no sé si elegiría ser actriz a pesar de todo lo bien que me fue. Tengo una espléndida carrera, pero quizás sería escritora o pintora.
–¿Y como abuela?
–Soy una abuela particular, muy amorosa, que lee cuentos de terror, que la hace reír, que le permite cosas, pero no soy la típica abuela que le hace platos riquísimos. [Se ríe].
–¿Te gustaría que Jesusita fuera actriz como vos?
–Yo la veo más escritora o dibujante. A mí no me gustaría que Jesusita sea actriz. Cuando te va bien, esta profesión es maravillosa, pero también hay mucho ególatra. Y se sufre mucho con el ego. Que ella haga lo que la haga feliz, pero como abuela no me gustaría verla sufrir.



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