Harry y Meghan contra la monarquía, ventilan sus miserias y cobran fortunas: ¿son los nuevos Kardashian?
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Las mujeres capaces de tomar la iniciativa son las que alcanzan sus objetivos en la vida: un empleo, un negocio, un proyecto, un príncipe… No vamos a espolear acá la nueva serie de Netflix protagonizada por Enrique de Inglaterra y su esposa Meghan Markle- pero quienes se adentren en su historia comprobarán enseguida quien corta el bacalao en esa pareja.

Queda a la vista que el chico no tiene muchas luces, o que estaba muy falto de cariño y autoestima cuando sus caminos virtuales se cruzaron. Según sus propias palabras, durante la primera cita presencial ocurrida en un restaurante de Londres (versión que contradice la que los Sussex contaron públicamente durante su presentación en sociedad, cuatro años atrás), ella comprobó que el pelirrojo era EL candidato más perfecto del mundo. Tanto es así que no esperó una segunda propuesta: al día siguiente del encuentro le mandó un mensaje diciéndole que quería volver a verlo, tal como cuenta la duquesa. Eso es actuar rápido y con precisión, ir por lo que el destino te puso delante.
En el segundo capítulo de la saga, que recién empieza y promete más “sangre”, también queda confirmado que éstos dos no piensan parar. Quizá se han dado cuenta lo caro de sostenerse fuera de la corona y que deben generarse sus propios ingresos para poder pagar las cuentas, así que mejor ponerse a trabajar... de víctimas.
Los trapitos sucios ventilados durante aquel show de Oprah Winfrey eran apenas el comienzo de una estrategia lucrativa muy bien diseñada, pues es evidente que no van por una disculpa pública de la familia real por esa supuesta discriminación que dicen haber sufrido mientras fueron parte del clan Windsor. Luego de mostrarse compungidos en los funerales de la reina, vueltos a su palacio de Montencito, en California, la pareja saca este nuevo haz de la manga, desafiando el acostumbrado silencio de Buckingham.
Que los ignoren es lo peor que puede pasarles. Si bien han conseguido impacto mediático, el documental de Netflix ya amenaza con convertirse en un bumerán. Al parecer sus discursos están plagados de contradicciones y falacias, además de que en la edición final habrían usado imágenes que no corresponden con los hechos puntuales que denuncian, dice la prensa británica. A eso se suman testimonios de terceros que cuestionan el origen mismo de la monarquía, en la que planeaban permanecer de no haberse sentido agraviados. En su defensa huelga decir que los paparazzi allá son implacables, y que hay que ser de amianto para soportar semejante exposición pública, algo que Meghan no tuvo en cuenta (o sí) al enviar aquel segundo mensaje romántico.

Una monarquía que tambalea
Lo que está empezando a notarse tras la partida de Isabel II es que la monarquía tambalea en un mundo en el que ya resulta insostenible aquello de que existen seres con poderes “especiales”, merecedores de reverencias y palacios costeados con los impuestos de los vecinos. Ya el pobre Carlos II ha visto lo difícil que será “reinar” en ese contexto. La semana pasada le tiraron un huevazo mientras visitaba una localidad vecina de Londres, y hace menos de un mes vivió otra situación similar cuando fue blanco de un manifestante que le arrojó varios huevos en una caminata por York junto a Camila.
A esas accidentadas experiencias vienen a sumarse las confesiones del hijo menor, que prácticamente lo acusa de haber tenido que tomar la decisión de alejarse por miedo a que su mujer terminara como su madre si seguían en la corte, un argumento cuerdo si recordamos el triste final de la Princesa de Gales. Claro que el matrimonio está en su derecho de expresarse, pero lo que el mundo les reprocha es eso de hacer caja a costa de su relato “plagado de insultos racistas, de amenazas o conspiraciones palaciegas contra Meghan”, describe el periodismo local, que ya los trata como los nuevos Kardashian, un paralelismo bastante realista si es verdad que aquella familia levantó un imperio a costa de exhibir sus miserias.

Cuando hay tanto en juego...
En un momento del primer capítulo la entrevistadora le pregunta a Meghan por la razón que los decidió a filmar el documental: “Cuando hay tanto en juego, no tiene más sentido oír nuestra historia contada por nosotros” admite M (así se llaman en la intimidad, “M” y “H”). Su versión les ha permitido firmar un contrato con Netflix cercano a los 100 millones de dólares, y al decir de las crónicas en Reino Unido, ya se convirtió en lo más visto del año, como recoge un artículo de la BBC. Solo la primera entrega fue vista por más de 2,4 millones de espectadores.
Volviendo al punto de partida, sobre la cita con el príncipe en un restaurante, lo curioso es que ella dice haber ido “en ropa cómoda” (... a cenar con un príncipe) y que antes de reunirse lo stolkeó en las redes para saber bien quién era el personaje. “¿Te acuerdas de Princesa por sorpresa, de Anne Hathaway? No hay clases ni nadie que te diga: ‘Siéntate así, usa ese tenedor, no hagas esto, así son las reverencias, usa este sombrero’. Tuve que aprender mucho. Incluido el himno nacional. Me sentaba y practicaba y practicaba”, afirma en la controvertida docuserie.
Hasta ahora la única parte creíble del show es cuando frente a la cámara imita la reverencia que debió hacer el día que su prometido le presentó a su abuela, la reina Isabel II, un gesto casi de burla que hasta a su marido parece haber incomodado. Sin dudas, Harry es el gran perdedor de esta historia...
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