
Ideales de belleza
Desde los estereotipos hasta el valor por lo auténtico, la estética bajo la lupa de la sociología, la medicina y el universo de la moda
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La idea de la estética en los argentinos está ligada a la crónica inseguridad difundida por un ideal de perfección y a la construcción de una ecuación que equipara la perfección con la felicidad. Como la perfección es imposible de conseguir, se produce una búsqueda incesante de esa supuesta felicidad a partir de mejoras estéticas", asegura Susana Saulquin, socióloga y autora de los libros Historia de la moda argentina y La muerte de la moda, el día después.
"Si bien cada etapa histórica tiene un estereotipo de belleza ligado en general a la influencia de los grupos sociales dominantes, se puede decir que las mujeres argentinas necesitan cumplir con un ideal de perfección física", afirma la socióloga.
Saulquin opina que en nuestro país se privilegia la excelencia estética con todos los sacrificios que ese mandato conlleva, a diferencia de Brasil, en donde predominan el placer, la alegría y la calidad de vida. "En el modelaje y en otras profesiones, el éxito depende de la confluencia de muchos factores, entre ellos, tener una personalidad atractiva. Si bien en los años 90 los principales atributos eran la extrema juventud y la delgadez, en la actualidad, después de rozar la exageración, se ha comenzado a revertir."
La socióloga cree que la ideología del siglo XXI, que refiere a la salud y al respeto por cada biotipo humano, será la que se afirmará en el futuro. Valorará el cuidado de los recursos humanos y del planeta, y privilegiará la diversidad de cuerpos y caras.
"En nuestro país, el cambio comenzó con Iván de Pineda, un modelo masculino que no respondía a los cánones de armonía estética que hasta ese momento era la normal", cuenta Saulquin. Con una sociedad que ya privilegiaba las individualidades y la diversidad, cobraba importancia tener una definida personalidad e inteligencia. Así fue que comenzaron a destacarse las modelos con cuerpos reales, no ideales y que comunicaban placer y calidad de vida. En la actualidad, se privilegia la naturalidad y la autenticidad.
A lo largo de su carrera, Pancho Dotto descubrió mujeres de distintas estaturas y medidas. Todas tuvieron éxito. "Casos emblemáticos como Kate Moss y Pampita lo confirman. La clave es la personalidad, el carácter y la actitud. Tener ese no sé qué y ser diferente al resto. No sólo siendo delgada y con 1,80 se tiene el futuro asegurado como modelo", afirma y reconoce que la Argentina toma el estereotipo de belleza del primer mundo; modelos muy altas y delgadas.
Gustavo Dimario, fotógrafo coeditor de la revista Lunfarda, cree que en nuestro país muchas personas quedan excluidas porque el estereotipo sólo refleja la parte más comercial. Destaca también la personalidad como el atributo que contribuye al éxito de una modelo.
"La moda se acaba porque está agotada desde hace tiempo y no puede reinventarse. Lo mejor que puede sucederle es que se pase de moda, así la gente ya no estará tan pendiente de su imagen y entonces necesitará renacer", afirma el fotógrafo.
Dimario está convencido de que cada modelo tiene su público, desde las delgadas hasta las más rellenitas. "Lo importante es que no se usen estereotipos que se vean parecidos", dice.
Jorge Alberto Franco, psiquiatra y profesor adjunto de Salud Mental de la UBA, asegura que mientras los filósofos mantienen una eterna discusión sobre qué es en realidad lo bello, la moda impone una impronta incesante de lo que es bello. "Los dictados tienden a someter a sus seguidores a exigencias y hasta maltratos rigurosos que son asumidos como si fueran un mandato inexorable del destino. Todas las advertencias médicas o morales fracasan ante el imperativo del estilo de actualidad", sostiene.
Citas de autor
Como resistencias a esta dictadura, la norteamericana Susan Sontag escribió: No está mal ser bella, lo que está mal es la obligación de serlo. O la ironía de Groucho Marx: Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho en su favor.
El humor de Groucho sigue en la línea ya trazada por Bernard Shaw que al encontrarse con una modelo famosa, ella le sugirió qué extraordinario sería que tuvieran un hijo con la inteligencia de él y la belleza de ella. El escritor contestó que mejor era no llevar a cabo esa experiencia, por si resultaba a la inversa.
"Nuestras envidias o ambigüedades nos llevan a denigrar o sobrevalorar algo innegable como el poder atractivo que posee la belleza", retoma el Dr. Franco. Pero parece ser que el aspecto exterior es una condición necesaria pero no suficiente. Algo más debe acompañar a ese rostro armónico modelado por la divina proporción. Algo que corresponde al poder de expresión o comunicación social como la simpatía, el encanto o la espontaneidad.
Un estudio sobre la percepción de la belleza a través del mundo y de diferentes culturas (Aesthetic Anthropology: Beauty Across Cultures) valoró la naturalidad como uno de los factores más importantes al evaluar la belleza.
"La supresión de arrugas y las cirugías pueden afectar la riqueza con la que interaccionan los músculos de la cara que expresan las emociones –afirma el psiquiatra–. Las intervenciones faciales comienzan a ser puestas en tela de juicio cuando la búsqueda de un posible rejuvenecimiento produce una pérdida de la identidad y sensación de rareza". La cirugía exitosa es aquella que tiene la humildad y la genialidad de no dejar huella. La persona sigue siendo la misma, pero está mucho mejor. "El paulatino valor otorgado a la naturalidad y a la frescura hará respetar la individualidad y no homogeneizará los rostros con un criterio insulso de belleza. Ojalá también aceptemos que la belleza puede convivir con arrugas que sean huellas de sonrisas y emociones vividas", concluye.





