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Bienestar

Insatisfacción. Dejó la abogacía, se fue de viaje y armó una creativa empresa

Jimena Barrionuevo
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8 de mayo de 2020  • 00:34

Lo hacía casi compulsivamente. Viajar se había vuelto una forma de refugio que la desconectaba por momentos de un proceso turbulento que estaba viviendo en su interior . No era la primera vez que lo hacía. Desde los 16 años Lucía Denevi (37) había encontrado en los viajes una pasión que sostuvo durante mucho tiempo y con amor. Sola, sin mirar atrás ni prestar atención a los miedos, había recorrido Turquía, Egipto, Israel, Grecia y Cuba de punta a punta. Lugares bellísimos, hostiles y enriquecedores al mismo tiempo.

Y en ese momento de su vida, sintió que repetir la experiencia iba a ser una suerte de salvavidas. "Lo hacía casi compulsivamente. Hasta mis amigos íntimos me decían que parara un poco, que me encontrara conmigo misma. Pero yo no les daba importancia, me subía al primer avión que salía y seguía en mi mundo. Tengo que reconocer que, si bien mi pasión más grande es viajar, en ese entonces estaba cubriendo un vacío muy grande ".

Abogada de profesión, se había criado entre el barrio de Recoleta en la ciudad de Buenos Aires y el verde fresco de Lincoln, ciudad natal de su mamá. Allí pasaba los veranos entretenida en el club, la colonia, las clases de natación y las tardes enteras sobre la bicicleta.

Cuando llegó el momento de optar por la formación profesional, la admiración hacia la carrera de su padre inclinó la balanza por la abogacía. "Además me parecía una carrera muy amplia, me generaba curiosidad poder resolver conflictos. Tiene su encanto. Me doy cuenta que en todas las etapas de mi vida la he ejercido, aún indirectamente. Incluso hoy". Cursó sus estudios y se recibió en tiempo y forma en la Universidad del Salvador. Ejerció el derecho por muchos años en un estudio que fue como un segundo hogar, y con el que sigue en contacto actualmente. Pero había algo que la inquietaba. Necesitaba ir por más y ya no se trataba simplemente de viajar.

Lucía siempre había tenido la necesidad de desarrollar su lado creativo y, de alguna manera, aunque en ese entonces no lo sabía, lo hizo . "De pequeña me encantaban las clases de expresión corporal en el colegio. Los veranos hacía danza, gimnasia artística, viga. Solía mirar las clases de yoga con admiración, las posturas me parecían tan estéticas, tan simétricas. Intentaba copiarlas y eso me ayudó más adelante cuando inicié mis prácticas".

Fue en ese contexto que conoció el yoga. Estaba en un momento de profundos cambios en su vida. Y confiesa que agradece que haya así sucedido . "La práctica de yoga es una reconciliación con uno mismo, una invitación constante a amigarse con nuestra ansiedad, nuestras limitaciones, nuestros miedos. Te centra en el aquí y ahora, reconoces tu respiración, tomás el control".

De la mano del yoga, y mientras continuaba en el estudio de abogados, se animó a estudiar asesoramiento de imagen con Carolina Aubele -especialista en Moda, Asesoramiento de Imagen y Tendencias-, hizo diseño de interiores, organizó muestras de arte e intervenciones de artistas amigos. Pero su contacto profundo con la moda fue cuando se lanzó a lo desconocido y aceptó dejar el derecho por un puesto en la marca de indumentaria Naíma. Allí se enfocó en la producción integral de las campañas y producciones, lanzamientos, presentaciones de temporada. "Aprendí a trabajar en equipo. A materializar las ideas más locas. Descubrí fortalezas mías de las que no tenía idea y conocí lugares y personas increíbles. La experiencia que tuve en esa empresa es una de las más sagradas de mi historia".

Pero el desamor tocó su puerta y lo que había conseguido se derrumbó. Lucía se refugió en los viajes. Y no dudó en emprender vuelo hacia continentes aún no explorados . "Venía de un desamor muy grande y sentía que no iba a poder salir de esa desesperanza. Fueron meses de mucho desconcierto. Y, en un viaje a Sudáfrica me di cuenta que por más que estuviera en el lugar más espectacular del mundo, nada iba a ser suficiente si me faltaban cosas elementales como amor o admiración por lo que hacés. En ese momento me faltaba todo".

Vientos de cambio

El vacío le oprimía el pecho, pero Lucía siguió adelante. En los viajes encontraba un paliativo a su malestar, hasta que conoció a su pareja actual. "Fue un un cambio total. Y lo lindo es que fue gradual, muy íntimo, porque yo tenía pánico de sufrir otra vez por alguien . Mi transformación más grande y mas compleja fue volver a confiar, entregarme, creer en el otro, aprender a ser dos. Me llevó meses, hasta llorar de bronca conmigo misma por no poder abrirme al 100%, pero pasó, y hoy solo tengo gratitud".

Los días de calma retornaron. Y con esa tranquilidad, Lucía pudo retomar sus prácticas de yoga, que la conectaban con un lugar muy profundo en su interior. "Cambié de mat mil veces. Un día me senté en uno y empecé a dibujarlo con marcadores. Después descubrí una marca de mats estampados y compré mi primer mat. Lo amé, y fue lo que luego de mucho tiempo me empujó para crear House of Mats , mi propia marca de mats que da la posibilidad de jugar con los colores, estampas, frases, palabras que inspiren".

La creatividad explotó en todos los sentidos. Así fue que Lucía se decidió a emprender. Fue en septiembre del año pasado y la apuesta en ese momento la hizo de la mano de mats sustentables , de material de residuos sólidos urbanos. "Cuando empezamos a planear la presentación de los nuevos mats, comenzó la cuarentena y fue ahí que tuve que desplegar todas las ideas en un pequeño mundo como el que vivimos actualmente. Creo que de las cosas buenas que nos dejara esta experiencia es que las personas han conectado más consigo mismas, con su ser interior... y eso ha redireccionado muchas actividades físicas al yoga, y consecuentemente la importancia de tener un propio mat".

Hoy fabrica mats de alta densidad, compactos, sin olor, y antibacteriales ya que sus células son cerradas e impiden que la transpiración penetre. "La pandemia por el coronavirus nos enfrentó con nosotros mismos y nos hizo buscar la manera de atravesarla de la forma más sana posible. El yoga y la meditación son dos herramientas fundamentales que ayudan en ese proceso, y el yoga mat es una consecuencia que, hoy, tiene más protagonismo que nunca . El mat es un elemento que no solo sostiene tu práctica, sino tu cuerpo. El contacto es directo. La higiene hoy en día tiene que ser protagonista si o si de nuestra vida cotidiana y más aun de prácticas corporales. Hoy esa es nuestra prioridad, ofrecer un producto de alta calidad, duradero y que cuide tu salud".

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