Intensamente cerebral

A partir del film de Pixar, podemos ver cómo todo está guardado en nuestro cerebro
Diego Golombek
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26 de julio de 2015  

Fuente: LA NACION - Crédito: Alma Larroca

Varios la habrán visto con ojos de niños (o de padres, abuelos, tíos), pero vale la pena verla con ojos de neurociencia, porque lo que allí se plantea merece un sesudo análisis de esos de congreso, con guardapolvo, anteojos y pizarrón a mano. Se trata, claro, de Intensa/Mente, la película de Pixar en la que somos espectadores en primera fila de lo que sucede en el cerebro de una chica de 11 años. Prometemos no adelantar (spoilear) nada jugoso o, al menos, nada que no esté en un buen libro moderno sobre el sistema nervioso y sus circunstancias.

Sólo un poco de información para ponernos en tema. Intensa/Mente explora el cerebro de la joven Riley, desde que nace hasta la crucial edad de 11 añitos, con traumática mudanza de ciudad incluida. Pero los verdaderos protagonistas son las cinco emociones que habitan en su cuartel general cerebral: Alegría, Tristeza, Temor, Furia y Desagrado. Aquí, por supuesto, cabe una primera pregunta neurocientífica: ¿son estas las verdaderas emociones primarias? La película hace un guiño interesante al sugerir que no es sólo de ellas, sino de sus combinaciones, de donde surgen nuestros estados de ánimo y sentimientos.

Pero quizá lo que realmente alimente un debate neurofilosófico sea la noción de un lugar en el cerebro: todo parece tener su sitio muy específico –las emociones en el cuartel general, los recuerdos de largo plazo en largas góndolas de supermercado, los recuerdos esenciales en un cofre del tesoro, la información a borrar en un gran basurero neuronal y las islas de la personalidad flotando en un espacio vacío–. En cierta forma, esta localización es un canto a la frenología, esa idea de principios del siglo XIX inventada (nótese la palabra) por Franz Joseph Gall según la cual cada cualidad tiene un lugar en el cerebro: hay un sitio para la bondad, otro para la violencia, otro para el deseo, y así sucesivamente. No sólo eso: el charlatán de Gall afirmaba que si uno era muy algo, el lugar de esa cualidad se agrandaba, y si uno era recontraalgo, su área se hacía tan grande que deformaba el cráneo produciendo, por ejemplo, un chichón de bondad. Claro, una idea tan extrema fue reemplazada por otra: en el cerebro nada está localizado, sino que las cualidades están distribuidas por todos lados. Hoy apoyamos una situación intermedia; mientras que las imágenes cerebrales descubren funciones más o menos localizadas, muchas veces la información se codifica en circuitos más bien difusos.

Y aquí hay otro elemento para discutir Intensa/mente. Los recuerdos son allí esferas transparentes, perfectas como las pelotas de vidrio que se agitan para ver caer la nieve sobre una casita. Cada recuerdo es independiente y tiene su justo sitio en el almacén de corto plazo, que en algún momento es seleccionado para partir rumbo a las estanterías de largo plazo, donde se queda para siempre. Es particularmente interesante el hallazgo de que las memorias dependen por completo del contexto emocional en que sean obtenidas y recordadas (así, algunos recuerdos en particular cambian radicalmente luego de ser tocados por Tristeza). Estos recuerdos son incluso reprocesados para aparecer de manera aleatoria por la noche gracias a las Producciones de Ensueño, como si supiéramos de dónde vienen esos sueños y esos despertares.

Intensamente se atreve a esbozar incluso una teoría de la personalidad, con las islas que representan a la familia, las boberías, la honestidad y otros aspectos de la breve vida de Riley. Aquí lo fascinante es el concepto de que estas islas pueden ir cambiando, complejizándose a medida que la niña crece, abonando la idea de la plasticidad cerebral: todo deja huella en nuestro cerebro, cambiando a las neuronas, sus charlas, sus islas y, finalmente, a nosotros mismos.

En fin: es bueno reflexionar que todo está allí, en la cabeza de Riley. Como dice la canción, todo está guardado en la memoria…, en las emociones, en las mudanzas y en los sentimientos. En nuestro cerebro. En nosotros mismos.

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