Juicy Salif: 25 años de un ícono del diseño industrial

Su forma ambiciosa descalifica al resto de los exprimidores, aún cuando su funcionalidad sea cuestionable. Desde su lanzamiento, se ha consagrado como una de las creaciones más seductoras del diseñador Philippe Starck, ubicándose entre las piezas más taquilleras de Alessi
Romina Metti
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20 de mayo de 2015  • 16:36

Exprimir cítricos con la Juicy Salif es una experiencia de lo más frustrante: el vaso nunca parece estar bien ubicado como para recibir al líquido sin que se derrame, mientras que la pulpa y las semillas se cuelan en el jugo y todo el resto de la fruta termina distribuido entre las manos y la mesada. Un cuarto de siglo después, este logrado anti-exprimidor sigue dando que hablar, ganando fieles y alimentando detractores.

Vacaciones en familia

Corría el comienzo de una nueva década: 1990. Alberto Alessi convocó a Starck para que diseñara una bandeja de acero inoxidable. Pasaron los meses y las vueltas sobre el proyecto, pero el diseñador no logró ninguna forma que lo convenciera. Alessi fue paciente, aunque comenzó a perder las esperanzas. Cuando menos lo esperaba, recibió un sobre desde la Isla de Capraia: adentro viajaba una servilleta arrugada y con manchas de grasa de "Il Corsaro", una pizzería y casa de pastas en la que el diseñador había comido con su familia durante sus vacaciones. Sobre el papel se veían distintos bocetos de lo que luego sería el exprimidor: los calamares con limón del almuerzo habrían servido de inspiración para el sorpresivo diseño.

Ese frío objeto de deseo

Es una única pieza de 27cm de alto y 14cm de diámetro: no incluye accesorios ni recipientes. Su versión original es de aluminio inyectado y pulido; su aspecto, el de una escultura robusta, atemporal, arácnida. Hasta ahora, ninguna descripción encaja con la del clásico exprimidor de cocina, con tapa de plástico calado para filtrar pulpa y semillas, y recipiente con asa para contener al líquido. ¿Es o no es, entonces, un exprimidor? Sí, pero no. En palabras de Starck: "Mi exprimidor no está pensado para exprimir limones, sino que tiene la intención de iniciar conversaciones". No es un provocador gratuito ni un diseñador caprichoso: sus objetivos son claros y siempre superan el aspecto utilitario de los objetos.

La Juicy Salif es, ante todo, una pieza de colección: tal es así que forma parte de la muestra permanente del MoMA de Nueva York, fue elegida para la tapa de Emotional Design, de Don Norman, y cuenta con distintas ediciones limitadas, entre ellas una de 10 mil unidades numeradas y bañadas en oro, lanzada con motivo de su décimo aniversario. Pero no todo es glamour y frivolidad en torno a la Juicy Salif: los problemas que plantea su uso han sido motivo de estudio e investigación por parte de críticos y semiólogos; su análisis, un paso obligado en la agenda académica de las carreras de diseño industrial.

Homenaje a la italiana

Durante la Semana del Diseño en Milán se celebró el 25º aniversario del exprimidor con invitados exclusivos: allí, una Juicy Salif de gran tamaño ofició como libro de visitas para los asistentes, que escribieron y dibujaron sobre la maqueta. Para conmemorar la fecha se lanzaron dos ediciones especiales: una de aluminio fundido con un revestimiento cerámico blanco y otra de bronce de solo 299 piezas numeradas. Por último, a modo de homenaje se presentó el libro "Veinticinco años sin exprimir un limón" de Michele Cogo, una compilación de historias, fotografías y notas periodísticas sobre el exprimidor.

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