Un informe para conocer este recurso tan antiguo como versátil, que sigue ofreciendo su flexibilidad para crear objetos únicos y bellos para la casa
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Luciano Polverigiani es un ceramista que realiza piezas decorativas auténticas y con una filosofía particular: "Hace más de veinte años que trabajo con barro, siempre lo hice solo y en pequeñas producciones. No trabajo sobre pedidos, es difícil captar la subjetividad de otra persona, prefiero ofrecer los trabajos terminados", explica. En esta entrevista, nos metemos en su mundo para conocer de cerca las particularidades de su materia prima, las características de su proceso creativo y su resultados.
Living: ¿Cómo te gusta componer los objetos que trabajas?
Luciano Polverigiani: Separo mi trabajo en dos. Por un lado está la producción de piezas pequeñas, en donde puedo seriar parte del proceso con moldes o repitiendo modelos. Estos trabajos son los que vendo semanalmente en ferias o en el taller. Por otro lado, dedico tiempo a generar obras nuevas, que es lo que más disfruto; piezas de mayor tamaño, en las que suelo primero diseñar con papel y lápiz. De aquí surgen nuevas ideas que disparan futuras series o piezas que luego presento en diferentes salones nacionales.
Compongo mi trabajo con barro, agua y fuego. La técnica que estoy empleando en este momento es una pasta cerámica con óxidos colorantes que es quemada en horno eléctrico a 1180ºC, combinada con engobes (arcillas coloreadas con óxidos y pigmentos). Estos engobes se aplican a pincel sobre las piezas y el acabado que se obtiene es mate.
L: ¿Hay algún diseñador que te guste mucho?
LP: No conozco en profundidad el mundo del diseño, pero tengo en cuenta que éste existe desde que el hombre necesitó inventar herramientas para subsistir. El diseño lo relaciono más con la generación y la repetición de una idea. Me gusta mucho la cerámica americana pre-hispánica. Combinaron técnica y estética con maestría. Se pueden reconocer los diseños según a que culturas representan.
L: Hay algún invento que te sigue asombrando?
LP: Un invento fabuloso es la bicicleta. Es económica (su valor y manutención), es limpia, no genera residuos en el medio ambiente y es muy beneficiosa para la salud. Me gusta, además, porque andando en bici se oxigena la sangre, se despejan las ideas y al volver te predispone mucho mejor para comenzar a trabajar.
L: Cuando estás en un espacio: ¿qué puede incomodarte?
LP: Me molestan los espacios cerrados y oscuros. Necesito al menos una ventana que me comunique con el afuera y si el taller se puede agrandar es mejor aún… Hace siete años que trabajo y vivo en Villa Elisa. Es un lugar con muchas plantas y sol, esto me permite agrandar el taller y trabajar al aire libre en épocas de calor. Por otro lado, estoy cerca de la ciudad que es donde comercializo mis piezas.
L: ¿Que se viene?
LP: En lo que estoy trabajando ahora no es en una obra en especial sino en una herramienta. Estoy construyendo un nuevo horno de gas, el cual me permitirá experimentar mucho más. Con este tipo de horno logras temperaturas mayores y calidades diferentes, reducciones, cerámica negra, tornasolados, etc. Es tan inagotable la búsqueda que podes estar toda la vida jugando. Además de formular pastas, esmaltes, engobes, trabajar en el diseño de las formas, el ciclo se cierra con el horneado. En este momento estoy muy interesado en investigar tipos y cualidades de hornos cerámicos.
L: Si tuviera que identificarte con el diseño de un objeto, ¿cuál sería?
LP: No sé… ¡Podría ser un sillón! Es un buen invento, no por nada tantos diseñadores le han dedicado su tiempo.
L: ¿Con qué te inspirás a la hora de diseñar?
LP: Pueden ser personajes o figuras antropomorfas, que primero dibujo y luego modelo, creando una escena que represente un momento particular, un sentimiento o simplemente configuren una estética deseada. Las formas que elijo para modelar son casi siempre conjuntos, dos o más piezas.
A la hora de diseñar necesito estar en mi taller, muy tranquilo y en silencio o con música de mi gusto. Por lo general estos requisitos se dan por la mañana muy temprano. Unos buenos mates y nada más. Otro momento podría ser a la noche, cambiando el mate por una copa de vino. Otro momento podría ser si tengo en agenda alguna presentación para un salón o una muestra. Todos son impulsores que llevan a nuevos desafíos.
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