La echaron en su segundo día de trabajo, planeó una venganza pero le salió al revés
Lauren Arafat, una empleada de un spa de Reino Unido, tuvo un paso efímero por su trabajo; su revancha llevó al lugar a la quiebra
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Las conductas que mantiene una persona en un trabajo son la clave para determinar su continuidad. Con mucho que aprender en un oficio nuevo, una chica de nombre Lauren Arafat, de 30 años, consiguió una entrevista de trabajo en un spa de Reino Unido y debido a la buena impresión que dejó fue tomada como recepcionista. Lo que parecía el comienzo de una nueva etapa laboral terminó siendo una pesadilla para las dos partes: la chica fue despedida a los dos días y el local, tiempo después, cerró sus puertas.
La historia comenzó el 30 de mayo de 2019, cuando Sam Pearce, dueña del local The Potting Shed Spa, confirmó el ingreso de Lauren a quien le enseñó su tarea principal: agendar los turnos de los clientes. Un día después, el 1° de junio, el comportamiento de la chica cambió radicalmente y la relación con la dueña del establecimiento llegó a su fin.
Con una desazón enorme por no poder cumplir con las expectativas iniciales y sumado al trato que recibió por parte de sus superiores, Arafat recogió sus pertenencias y se retiró del lugar. Sin embargo, a modo de venganza, una vez afuera del edificio, según lo que determinó la Justicia, utilizó su celular para conectarlo al sistema interno del spa y hacerse pasar como otro empleado del lugar: así, eliminó 211 turnos programados.
Debido a la magnitud del hecho, una fiscalía tomó el caso y de acuerdo al diario Examiner Live, se recogieron los siguientes datos: “En su segundo día de trabajo, (Lauren) se comportó de forma errática y hubo una serie de problemas que dieron lugar a que la propietaria iniciara una reunión de personal y luego resolviera echarla”.

En cuanto a su represalia, la consecuencia directa decantó en que la dueña del lugar debió cerrar dos días el lugar para reacomodar el desorden: “La dueña tuvo que llamar por teléfono a los clientes para volver a agendar sus citas y también averiguar si se habían borrado otras”.
Pero eso no fue todo. Pearce, acongojada por lo sucedido, relató que fue tal el desmadre que generó que no le alcanzaron los dos días y su emprendimiento fue barranca abajo, hasta tal punto de tener que cerrar sus puertas, a pesar de haber invertido un dinero extra como un método paliativo. “Lo intentamos todo con un coste financiero personal para mantenernos a flote, pero se trazó un problema que forzó la bancarrota de mi negocio. En última instancia, destruyó por completo la reputación, los planes de futuro y otras posibilidades”.
El mismo medio que consignó la intervención de la Justicia en el caso, añadió que en el juicio realizado en el tribunal de Leeds Crown Court, los miembros de la corte caratularon el hecho como “una venganza sofisticada” en una sesión que duró media hora. La resolución determinó que Arafat cometió un delito enmarcado en el artículo 3 de la Ley “Computer Misuse Act”, que aplica al uso indebido de ordenadores y actos no autorizados con la intención de perjudicar el funcionamiento de un ordenador.
Arafat fue sentenciada el 11 de mayo de 2022 a realizar 250 horas de trabajo comunitario y 15 días de “actividades de rehabilitación”. En caso de no cumplir con las dos pautas, su pena tendrá un agravante aún mayor.
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