La experiencia de alojarse en una estancia de principio de siglo entre montañas rojas

La Estancia Dos Lunas tiene más de cien años de historia pero solo un par de décadas de electricidad, y los alrededores cuentan la historia de la tierrra
La Estancia Dos Lunas tiene más de cien años de historia pero solo un par de décadas de electricidad, y los alrededores cuentan la historia de la tierrra Crédito: Gentileza
Gabriela Origlia
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24 de julio de 2019  • 15:59

CORDOBA. El paisaje impacta; tierra colorada mezclada con vegetación de monte; alturas que se levantan en el medio del valle y que tienen leyendas de siglos ya que Ongamira albergó hace unos 8000 años a una de las culturas nómades-cazadoras más antiguas del país, la Ayampitín. En ese paisaje está la estancia Dos Lunas, que data de 1904 y que hasta hace unas dos décadas no contó con luz eléctrica ni agua corriente.

Son 2300 hectáreas con todas las comodidades para quienes quieran alejarse del ruido y disfrutar de un silencio sólo quebrado por el viento que mueve los árboles o los animales del lugar.

En 1904 una familia rusa-alemana llegó desde Buenos Aires y compró estas tierras en Ongamira; construyeron la estancia y se instalaron allí donde realizaron explotación ganadera (tanto vacuna como ovina) y tenían una huerta para autoconsumo. Era una unidad rentable y para poder garantizarse lo mínimo, también ejecutaron la infraestructura.

La zona de Ongamira se recorre a caballo, parte del plan de la estancia
La zona de Ongamira se recorre a caballo, parte del plan de la estancia Crédito: Gentileza

"Hicieron el camino, los 50 kilómetros necesarios para llegar al campo; en esos años no había nada de nada. Si hoy la propiedad está aislada, hay que pensar lo que era hace un siglo", describe a LA NACION Gustavo Trápaga, uno de los actuales dueños.

Los propietarios originales vivieron hasta 1978 en el lugar, cuando lo vendieron a un médico cordobés que se dedicó a criar ganado limousin. Fue entonces que Trápaga y tres socios compraron la estancia y, con el objetivo de que se usara todo el año, resolvieron crear un alojamiento boutique. El casco fue reciclado conservando la estructura original; toda la decoración fue pensada para generar calidez y confort. Gran parte de los muebles son los originales ingleses, que fueron reciclados de manera artesanal.

Muchos de los muebles son los ingleses originales
Muchos de los muebles son los ingleses originales Crédito: Gentileza

"No había luz eléctrica ni gas; todo se calefaccionaba a leña, de la misma manera que funcionaban los calefones. El servicio de agua provenía de la vertiente cercana -señala Trápaga-. Hicimos una puesta en valor pero conservando el encanto original". De los socios, él era quien más conocía la zona ya que su abuela tenía una casa en Santa Catalina, donde está una de las estancias jesuíticas de Córdoba. "Mi infancia estuvo ligada a estos lugares, que son muy particulares".

La ubicación de la estancia -aislada de las ciudades- fue determinante para que los socios contrataran un especialista italiano en hotelería boutique (entre otros lugares, trabajó en el Faena) para que diseñara un una guía de procedimientos. "Es inevitable la rotación de personal por lo que contar con manuales operativos es crucial; quien llega debe saber qué y cómo hacer para prestar un servicio de excelencia -dice Trápaga-. Lo mismo hicimos para la cocina; una chef conocida diseñó 45 platos estandarizados". En Dos Lunas, entre 30% y 50% de los huéspedes son extranjeros.

Los propietarios vivieron allí hasta 1978
Los propietarios vivieron allí hasta 1978 Crédito: Gentileza

Quienes llegan disfrutan de todas las actividades ya que el alojamiento incluye desde las comidas a las excursiones, pasando por las cabalgatas y los tiempos de relax. En total pueden alojarse 17 personas (seis en una casa). Las cabalgatas se arman a gusto y experiencia de los visitantes; la que se realiza por Los Terrones de Ongamira (llamada "la Talampaya" de Córdoba ) es el primer paso para prepararse para las más largas.

Para los aventureros, la ideal es la del Cerro Colchequín, el lugar donde los comechingones celebraron su última batalla frente a los españoles. Durante el paseo se disfruta del avistaje de águilas, cóndores y halcones peregrinos. Panes y dulces caseros, asados y canastas preparadas especialmente para un día de campo son las especialidades de la cocina.

Ongamira está a 122 kilómetros de la ciudad de Córdoba, al norte del Valle de Punilla. Conserva las cuevas y aleros, donde vivieron (y resistieron a los españoles) los sanavirones y comechingones, pueblos originarios cordobeses. Además, está el museo Deodoro Roca, uno de los grandes pensadores argentinos e impulsor de la Reforma Universitaria de 1918.

El alojamiento incluye todas las comidas y las excursiones
El alojamiento incluye todas las comidas y las excursiones Crédito: Gentileza

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