
La fama y yo
Cómo es ser popular en tiempos en que la intimidad ya casi no existe para nadie
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Guillermo Francella

Convivo bien con la fama . Pasé la primera mitad de mi vida en el anonimato, y la segunda, en popularidad. Y disfruté de ambas.
La gente te siente tan de ellos , tan de la familia. Es maravilloso. La masividad radica en eso. Uno no puede ir por la calle ignorando que es popular, lo disfruto. Cuando es muy invasivo, trato de correrme.
Lo que me moviliza es el cariño . Cómo la gente me exterioriza su sonrisa. Cuando era jovencito me gustaba ser popular, que me conocieran cuando entraba a un boliche, pero con el paso del tiempo, es diferente.
Hoy sería curioso no ser famoso . Noto una gran demanda con el humor.
La gente que hace comicidad tiene fama de amarga, pero creo que la gente, como le generás tanta risa, no te puede ver serio. Esta profesión me posicionó en la vida y como hombre . Mi sueño es mantener esto que tengo.
Juan Gil Navarro

La fama es un pariente lejano , pesado y muy cholulo. Lo mejor que tiene es preguntarse para qué corno sirve.
A veces me gustaría ser perfectamente anónimo.
Creo que soy famoso porque algo salió mal.
Sin la fama jamás hubiese podido entender que ésta no es sinónimo de calidad ni de excelencia.
Cuando me muera quiero que me recuerden como un buen Gil muerto en un país de muertos vivos.
Mi vida cambió cuando me hice famoso porque debí empezar a contestar estas preguntas.
María Onetto

Tengo varios pensamientos en relación con la fama . Sobre la gente ultrafamosa, sobre lo plomo que puede ser para un no famoso vincularse con un famoso... Si se tienen ideales de libertad, igualdad y fraternidad, la fama trae contradicciones.
Del 1 al 10 mi fama es 1,2. Sé que la gente por la calle, al mirarme, siente que me conoce. Padezco cuando no saben de dónde. Me gusta cuando escucho la frase Mirá.... ahí va la actriz. Lo mejor que tiene la fama es que puede hacer de la vida cotidiana algo menos opaco o rutinario.
En varios restaurantes y bares , aun en los más remotos, puedo encontrar algún mozo que me sonría y me pregunte: ¿Qué vas a tomar María?
Roberto Carnaghi

Se dice que es puro cuento , pero no podemos negar que algunos somos famosos, en el sentido estricto de ser conocidos por un gran número de personas.
No todo el mundo logra ser reconocido en la vida . En mi caso tuve suerte, la suerte de llamarme Roberto, que quiere decir el que tiene fama.
A veces me gustaría no ser famoso para no estar siempre en la vidriera, perdiendo toda posibilidad de anonimato.
He trabajado como actor lo suficiente para trascender, tanto en televisión como en teatro y también en cine.
Gracias a la fama pude mantenerme vigente. Si sos famoso los productores difícilmente te olviden a la hora de armar elencos.
Mercedes Morán

Intento tener un vínculo funcional, divertido y liviano con la fama. Lo mejor que tiene es que no se queda para siempre, que en cualquier momento se va... En poco tiempo te das cuenta de que no es portadora de felicidad, lo que es genial porque destierra un mito muy engañoso.
A veces me gustaría no tener encima el peso de la mirada ajena . Eso es un poco pesado, valga la redundancia.
Soy famosa porque estoy en la tele. Punto.
Más de un día levantó mi ánimo cuando alguien me gritó te quiero y me hizo sentir menos triste.
Cuando me muera quiero que me recuerden como a una buena persona, capaz de dar amor y recibirlo.
Paola Krum

Con el tiempo tuve una relación diferente con la exposición , con lo que decidía mostrar o no. Cuando era más chica cedía más porque sabía menos de mí. Luego fui replegándome. Estoy muy atenta a que eso no me invada.
A veces me gustaría no ser famosa para mirar más, para chusmear más a la gente.
Soy famosa por mi trabajo y, lamentablemente, por cuestiones que tienen que ver con cosas de mi vida íntima. Prefiero decir que soy conocida antes que famosa.
Oscar Martínez

El actor no puede apostar a la posteridad como otros artistas. Si es por su condición profesional, la fama ganada es un logro importante. Para mí es una buena consecuencia de mi profesión.
Gracias a la fama pude experimentar el afecto, la gratitud y la generosidad del público. Y por hacer lo que me gusta. Trato de retribuirle con igual respeto y afecto.
Un día un amigo me dijo algo memorable : "La fama y el dinero no cambian a nadie: lo muestran".
Juan Leyrado

Le puede pasar a cualquiera , es algo que no se puede prevenir, pero se cura con un buen tratamiento. Mi relación con la fama es de paciente.
Sin la fama jamás hubiese podido darme cuenta de la importancia de no ser aquello que el otro construyó de mí.
Mi vida cambió cuando me hice famoso porque me di cuenta de que en realidad la fama no te cambia.
Me hizo ser más verdadero, más auténtico. Pero ser famoso es algo más que me pasa en mi vida y que me permitió un viaje interno en mí.
Julieta Díaz

Lo mejor que tiene la fama es la posibilidad de que la gente conozca tu trabajo. Para mí es consecuencia de mi laburo. Agradezco lo que tengo en un 100%.
Florencia Peña
- David Sisso y Guido Chouela Me gustaría no ser famosa para caminar por mi ciudad de Buenos Aires y evitar esa mirada constante del otro que te juzga y analiza si sos linda, flaca, simpática, etcétera.
Hay un estado de la conciencia en la que todos los sentidos están expectantes, pero pasivos. El cerebro no termina de dar las directivas apropiadas para la acción, tal vez porque necesita un poco más de tiempo, segundos quizá, para recuperarse de una acción anterior en la que todos ellos se sincronizaron para lograr una forma armónica. Una expresión humana.
Se ha escrito y teorizado acerca del retrato fotográfico casi desde que el primer rostro se perfiló en la superficie de un daguerrotipo. Siempre desde el que retrata, y no del retratado.
Para algunos de los grandes fotógrafos de la historia, el retrato es un acto de colaboración entre las partes involucradas. En parte, reconocen la voluntad y la destreza del sujeto al servicio del autor. Por el contrario, Richard Avedon consideraba que sus personajes eran simples sujetos que él describía implacable. Poco le importaba quiénes eran o qué les gustaría decir ante la cámara.
En todo caso, hay siempre un momento antes y otro después del disparo de la cámara. Los retratos de Guido Chouela y David Sisso editados en esta nota –y otros tantos que integran la muestra Intervalos lúcidos, que en el marco de Buenos Aires Photo se exhibe hasta mañana, de 13 a 21, en el Centro Cultural Recoleta– intentan plasmar esos segundos imprecisos, extremadamente volátiles, que se ubican en la pendiente del momento culminante que hemos aceptado culturalmente como el instante preciso.
Estos momentos de transición de la conciencia reciben el nombre de intervalos lúcidos en el lenguaje médico. Henri Cartier-Bresson hablaba de un silencio interior. Y a veces le bastaba un solo disparo de su Leica para captar ese instante intrascendente, pero revelador del personaje elegido.
Para enriquecer aún más esta reflexión sobre el retrato, Sisso y Chouela fotografiaron personajes muy conocidos, famosos, detalle que magnifica el sentido de la propuesta, porque el espectador tiene, seguramente, una idea previa bastante definida de quién está del otro lado. Y la confrontación con estos rostros tan familiares, pero silentes, casi inexpresivos, perplejos, no hace otra cosa que abrir nuevos interrogantes a la interpretación.
Después de todo, las expresiones o no-expresiones que vemos en estos rostros tal vez no sean más que un recurso actoral, y los autores hayan sido atrapados en un imperceptible e involuntario juego de seducción.
Los resultados de esta creativa colaboración están a la vista y las únicas conclusiones posibles están en la mirada del espectador.






