Le Moulin de la Galette / Cómo ver la obra

El pintor holandés toma los principios clave del impresionismo para resignificarlos y adaptarlos a las necesidades de su creación
(0)
25 de abril de 2004  

Vincent van Gogh llegó a París en marzo de 1886, luego de realizar algunos estudios de arte en La Haya, Bruselas y Amberes. Su hermano Theo, que trabajaba como marchand, le facilitó el contacto con el ambiente artístico, un mundo en el que convivían el impresionismo junto a las novedades del divisionismo y del simbolismo, y donde surgían variadas discusiones teóricas. Paul Gauguin, Emile Bernard, Henri de Toulouse-Lautrec, Paul Signac, Georges Seurat, el más viejo de los Pissarro, fueron algunos de los artistas con quienes se relacionó. Sus obras lo influirían y servirían de referencia, según sus cartas. Fueron años de aprendizaje, confrontación, investigación y experimentación. Conoció la estampa japonesa, cuyas características introduciría en un medio más denso como el óleo. Pintó naturaleza muerta y flores estudiando el comportamiento del color.

Aún cuando su obra no atrajo la atención de la crítica ni la del público, ésos deben de haber sido los años más felices de su vida. Tras un período en el taller del pintor Cormon donde trabajó con modelo vivo, Van Gogh descubrió el exterior parisino, que, como dice en una carta a Bernard del verano de 1887, le sirvió para aprender no sólo a vivir, sino también a pintar. De allí nacerá su interés por rincones de la ciudad, en especial las áreas suburbanas. De Montmartre, donde vivía, lo atrajo el panorama de París. También rincones recónditos, esquinas laterales, modestas fachadas bañadas por la luz del sol, pequeños jardines coloridos y las fábricas humeantes. Fue en esa época cuando dedicó varias obras al Moulin de la Galette como un elemento dominante de un paisaje cuya topografía retrató con gran fidelidad. En el caso de la que posee nuestro Museo Nacional de Bellas Artes, el edificio es por sí solo el tema de la obra. Su figura cubre gran parte de la tela, dividida en dos por una gran diagonal que está formada por la escalera de acceso prolongada por una de las aspas. Se generan dos grandes triángulos: en el cielo y en el edificio. Un lleno y un vacío que se tratan de modo distinto. Al molino corresponden líneas y formas que se contraponen entre sí: el suelo se eleva para recibir el edificio; su cuerpo de maderas horizontales, su techo de planos inclinados, rematado con barandas, y un mástil con una bandera que flamea y con aspas que se recortan contra el cielo. El sector está dominado por tonos tierra, ocres y verdes, con toques de blanco, amarillo y rojo. Contrastan con el otro triángulo, lugar del cielo definido con pinceladas que crean una ambiente de nubes de diferente densidad. Los colores quebrados o neutros de la aquitectura se realzan con contrastes que proporcionan tonos brillantes de luces y reflejos. Crean la atmósfera límpida y clara que deslumbró a Van Gogh cuando llegó a París. La materia aparece distribuida con espontaneidad en una grafía que anuncia aquella de las obras que pintaría en el sur de Francia hasta su muerte, en 1890.

Vincent van Gogh

(Groot Zunder, Holanda,1853 - Auvers-sur-Oise,1890) Uno de los artistas más personales y audaces de todos los tiempos, que realizó más de 800 cuadros en sus 9 años como pintor.

En los comienzos fue estudiante de teología en su Holanda natal, vendedor de reproducciones de arte y pastor protestante. A los 30 años comenzó a desarrollar su vocación artística.

Datos útiles

  • Año: 1853
  • Técnica: óleo sobre tela
  • Medidas: 61,2 cm x 49,4 cm
  • Dónde encontrarlo: Museo Nacional de Bellas Artes, Avenida del Libertador 1473

    Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.