
Liniers. "A veces, ni yo mismo entiendo mis historietas"
Su tira Macanudo cumplió más de diez años; fundó su propia editorial y desde hace cinco años hace recitales con Kevin Johansen
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Hoy, a las 21, volverá a subirse al escenario del Gran Rex junto con su amigo Kevin Johansen. Y allí, ante un teatro lleno y sentado al lado del músico, la dupla presentará una vez más su fórmula mágica: Johansen canta, Ricardo Liniers Siri (40) dibuja. Del joven tímido que asegura haber sido, obviamente, ya no queda nada. Dibujar, dice él, fue lo que lo ayudó a conectar con el mundo. Su mundo, el de la fantasía, lo inesperado y lo absurdo, que entre otras cosas lo convirtió en uno de los referentes de la historieta argentina, lo ayudó a cosechar fanáticos en distintos rincones del planeta y el mismo que le permite seguir en la conquista de nuevos territorios. Macanudo , la tira que publica hace más de una década en la nacion, ya cumplió más años que Mafalda. Editó más de una docena de libros y también diseñó el arte de tapa de varios discos. Más reciente, se convirtió en el fundador de La Editorial Común, junto con su esposa, Angie Erhart del Campo, una iniciativa cultural que busca difundir la novela gráfica. Tiene tres hijas -Matilda, Clementina y Ema-, que son fuente de inspiración constante. "Es como estar viviendo con Buster Keaton y Chaplin juntos en tu casa -dice-. Son tan desopilantes que es imposible no utilizar todo ese material que me regalan."
-Hace diez años firmabas con el diablo por conocer a Quino, trabajar en un diario y publicar con la editorial De La Flor. Todo cumplido. ¿Hoy por qué pactás?
-Ya estoy hecho. No puedo pedir nada más. Lo único que quiero es que mis hijas sean felices para toda la vida. Yo ya estoy pagadísimo, lo que viene para mí mejor que [el diablo] se lo tire a mis chicas.
-¿Qué tan tímido eras de chico? Hoy te subís al escenario del Gran Rex y tenés fans que te celebran como a un ídolo.
-Era un pibe muy antisocial. El clásico que en los recreos se quedaba solo dibujando. En los deportes era un inútil. Por eso en el colegio nunca terminaba de conectar con mis amigos. Pero la timidez es un rasgo común en muchos artistas y en un momento eso se destrabó.
-¿Y cuándo ocurrió ese clic ?
-Cuando llevé mis primeros dibujos a Página/12 era realmente un aparato. Pero yo sabía que quería trabajar de esto, así que no podía dejar que la timidez me frenara. Y cuando comencé a publicar mis primeros libros me obligaba a presentarlos. Cuando salió Macanudo 1 , en 2004, conseguí que me dieran el Malba para presentarlo, y ahí me agarró un ataque de pánico. Entonces llamé a mis amigos convocantes. Vinieron Kevin [Johansen], Maitena, Juan Sasturain, Daniel Divinsky. Al final había dos bandas, varios intelectuales y yo. La presentación estuvo buenísima, parecía Woodstock, pero yo en el micrófono era un idiota. Pero seguí obligándome a hacer presentaciones. Después pasó lo de Kevin, y ahí se fue todo a la mierda [se ríe].
-¿Cómo fue esa primera presentación?
-Tenía el recital superestudiado, lo había ensayado más de diez veces. Yo estaba escondido con el sonidista, dibujaba en una computadora que se proyectaba en la pantalla gigante. Y salió muy bien. Pero ahí le confesé a Kevin que no me llevaba bien con las computadoras. A pesar de los años, sigo sin sacarles el gesto sutil a los dibujos. Y le propuse a Kevin hacer algo con acrílicos y crayones. Me miró y me dijo: "Okey, pero entonces tenés que subirte al escenario".
-¿Los dibujos que hacés los tirás a la platea en forma de avioncitos?
-Sí, en tres o cuatro minutos tengo que transformar lo que él canta en un dibujo, y después los tiramos al público. Después la gente los enmarca y me mandan fotos. A veces se van con pedazos de dibujos. Hace poco mi galerista me dijo que había vendido "un par de esos dibujitos que yo hacía en los recitales".
-¿Y cuánto valen esos dibujos?
-Nunca lo quise saber. Mejor los sigo regalando, porque si hago un cálculo rápido, por recital haré treinta dibujos... [piensa] y llevamos más de cien recitales... ¡No quiero saber cuánto valen! [risas].
Hacés humor gráfico, el arte de tapa de varios discos, recitales, libros de cuentos para niños y también fundaste tu propia editorial. ¿Cuál fue el mayor volantazo que diste?
-Este año hice una rara. Tengo un amigo, Esteban Menis, director de cine, guionista, que tiene un sitio que se llamaLloro de Felicidad. Y cada tanto me convence para que haga alguna tontería. Hicimos una serie de entrevistas que se llaman Mo mentos con Liniers, donde yo soy una especie de David Letterman en el peor Late Show posible. Y ahora también me convenció de hacer una nueva serie, Eléctrica , que saldrá en un canal de la Universidad de Tres de Febrero, donde yo actúo de mí mismo y hacemos un programa que se llama Los grandes temas con Liniers . En realidad, somos cuatro personajes en un estado cerebral muy lamentable. Hay invitados como Daniel Hendler, Drexler y otros personajes. También está Kevin, que siempre lo llamamos. " Dale Kevin, vení, laburá."
-¿Qué tiene que tener un proyecto para que te convenza?
-Tiene que no ser algo más de lo que estoy haciendo. Como los recitales, como La Editorial Común o esta serie de entrevistas. Todas facetas diferentes. Algo de eso se deja ver en Macanudo , donde vale todo. En realidad, es una historieta bastante esquizofrénica, con muchos personajes y tipos de humor. A veces tierna, a veces oscura, absurda, crítica. Así soy siempre. Me interesa la sorpresa. A veces, ni yo entiendo mis historietas.
-Muchos te critican por eso. Incluso, en tus comienzos, te rebotaban las tiras porque no se entendían. ¿Fue así?
-Sí, es cierto. Muchas veces la gente se enoja porque no la entiende. Es más, me di cuenta de que se enojan más cuando no entienden un chiste que cuando el chiste es malo. Debería ser al revés. "¿Qué, se cree inteligente? Lo odio, nadie lo entiende, es una careteada." Y algunas otras cosas por el estilo. Pero la verdad es que a mí como espectador no me gusta que me subestimen. Está bueno que te dejen un espacio para llenar con algo propio, con tu propia vida. De eso se trata.
-¿Seguís envidiando a tus hijas cuando dibujan?
-Cuando recién empezamos a dibujar lo hacemos con absoluta libertad. Los chicos no piensan que tienen que dibujar bien, que algo puede salir mal y arruinar todo. Ellos no tienen ese miedo. No lo digo yo, lo dijo Picasso: "Aprender a pintar como los niños me llevó toda la vida".
Bien helada, un clásico veraniego
Con tanto calor, nada igual para Liniers que una cerveza bien helada. El gusto lo adquirió de joven, cuando su padre trabajaba como abogado para la cervecería Quilmes. "Imaginate, en casa siempre tenías una cerveza a mano. Abrías la heladera y ahí estaban, mirándote. Así que con los años le fui tomando el gusto. ¡Es el sabor del encuentro!"
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