
Los celos y el miedo
Señor Sinay:
Tengo 21 años de edad y acabo de cortar una relación de tres años porque mi novio descubrió en mi correo electrónico unos mensajes con otra persona y se hizo toda una película. Cuando esto sucedió, mi respuesta fue: "No te lo dije porque te seguía eligiendo a vos y fue una aventura que quedó en esos mensajes". ¿No debería estar yo enojada también por la violación de mi privacidad? ¿Cuál es la actitud adecuada, sobre todo si aún persiste el sentimiento?
María Laura Saz
Los celos han sido considerados la tumba del amor y, también, su necesario condimento. Hay quienes, con cierto orgullo, se manifiestan celosos y lucen esto como una demostración de su capacidad amorosa. Otras personas, exactamente al revés, ven los celos como algo desdeñable, que desmerece a quien los experimenta. Esta emoción ha estado presente en grandes tragedias del arte (como el drama Otelo , de William Shakespeare), así como en la vida real. Como el amor mismo, como la tristeza, la ira, la vergüenza, la alegría o el miedo, los celos son una emoción inherente a la condición humana. Las emociones nos constituyen; no se elige sentirlas o no sentirlas. Lo que sí está en la órbita de nuestras posibilidades es aprender a gestionarlas. Esto significa, en primer lugar, aceptarlas; luego, comprenderlas, explorarlas, y, finalmente, ser conscientes de lo que hacemos con ellas. No elijo sentirme triste, furioso, celoso, alegre o esperanzado, pero puedo elegir cómo actúo, qué hago con esas emociones. Ello hablará de mi evolución como ser responsable.
Lo que se puede decir en principio de los celos es que representan una señal de temor ante la posible pérdida de una relación importante o del amor de un ser querido. Este temor es componente natural de un vínculo. De hecho, cuando nace un hermanito los niños temen, casi de modo instintivo, perder el amor de sus padres. Pero no es lo mismo un bebé que un adulto. Los celos, siempre, remiten al temor por la presencia de un tercero, aunque éste, de por sí, no represente un peligro sino un detonante. ¿Qué es lo que detona? Un mecanismo que el médico y psicoterapeuta Norberto Levy describe con sutileza y sencilla profundidad en Los aprendices del amor , sensible trabajo sobre las emociones y la mente. "Uno siente celos en relación con aquellas áreas en las que se siente más inseguro", explica Levy. Mis celos hablan más de mí que del tercero. Cuentan en qué aspectos me siento carente, ineficaz, inhábil, pobre o incapaz. Creo que alguien brindará a mi ser querido aquello que yo no puedo, no sé o no tengo, y que, por lo tanto, él (o ella) preferirá a esa tercera persona. En el camino olvido que si he de construir un vínculo real será con lo que soy, y no con lo que no soy. Al menos, esa debería ser la finalidad del mutuo conocimiento, el mutuo encuentro y la mutua elección que llamamos amor.
La ira, la tristeza, la obsesión o el dolor que los celos disparan pueden producir una profecía autocumplida. Llevan a actuar de tal manera que finalmente el ser amado (y celado) se aleja y, a veces, busca refugio en otra persona. Los celos son, como apunta Levy, una forma de autorrechazo destructivo. Su intensidad y su dimensión están en relación directa con la poca valoración de los atributos propios. Hay un punto de ese autorrechazo (proyectado hacia la persona amada y hacia un tercero real o imaginario) en el que los celos alcanzan características patológicas y hacen imposible todo vínculo. El celoso, si no toma conciencia, dirá que él tenía razón. Y repetirá la historia, con idénticos o peores resultados, en su próxima relación.
Los celos, apunta Levy, se curan cuando uno deja de ser enemigo de sí mismo e inicia un camino de aprendizaje y crecimiento. Cuando nos convertimos en individuos autónomos, que no necesitan depender emocionalmente de otro para existir, cuando no necesitamos ni apropiarnos del otro como si fuera un objeto ni adherirnos a él como si se tratara de nuestro oxígeno. No se trata, entonces, de "no ser celoso" o de reprimir esta emoción, sino de tomarla como una señal para advertir sobre qué aspecto propio debería uno trabajar y para revisar si se está participando de una relación recíproca e interdependiente. Norberto Levy cita en su libro unos versos antiguos y anónimos: Los celos son un hilo de temor/ tan delgado y tan sutil/ que si no fuera tan vil/ podría confundirse con el amor . Esta confusión es fatal. Quien cela más no ama más. Sólo teme más. El amor da seguridad, nutre, calma y libera.
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El autor responde cada domingo en esta pagina inquietudes y reflexiones sobre cuestiones relacionadas con nuestra manera de vivir, de vincularnos y de afrontar hoy los temas existenciales. Se solicita no exceder los 1000 caracteres.







