
Los cuentos de la buena pipa
Mañana Babasónicos presentará en el Luna Park uno de los discos más esperados del año: Infame . Canciones con alma popular compuestas por freaks del baile. Los hermanos Adrián y Diego Rodríguez (Dárgelos y Uma, respectivamente) cuentan cómo fue que a partir del artificio sonoro lograron convertirse en una de las bandas más desfachatadas del rock de acá
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Son tres historias en una. O una historia separada en tres partes. A, B o C, como quieras. Elige tu propia aventura babasónica.
A. El cuento de los hermanos infames que querían ir a las estrellas.
B. El cuento de la banda infame que utiliza el artificio como arma secreta contra los males de la música poco original.
C. El cuento del disco infame, inmoral y sin contenido.
A Como los hermanos de Cinco estrellas de Leo Masliah, he aquí dos hermanos "que decían quiero ir a las estrellas... Y los padres les decían que tal vez ellos irían siempre que primero terminaran los deberes de la escuela". Así las cosas, casi sin proponérselo, fueron estrellas de rock. Pero de rock nacional. Y ahora, popular.
La historia podría decir que eran dos hermanos que lo único que realmente querían era no trabajar. Que el mayor tocaba mal la guitarra y que el menor nunca aprendió ni los tonos. Que ninguno de los dos entró jamás en una sala de ensayo. Que uno pensaba que se iba a morir antes de los 33 años y que el otro estaba seguro de que la profecía de su hermano se iba a cumplir. Que el mayor se fue de su casa y volvió recién después de un año para el cumpleaños del menor. Que uno escuchaba los discos de moda y el otro se deleitaba con Los Iracundos. Que el menor se unió a la banda de su hermano cuando estaba en quinto año y salía de la escuela corriendo para "tocar" baldes de pintura. Que uno cambió el Rodríguez paterno por el Dárgelos del libro blanco de Cocteau. Que, finalmente, ambos se hicieron famosos y populares, salieron en las tapas de los diarios y los chicos tararearon sus melodías. Que a fines de 2003 grabaron el disco más sincero, inmoral, sexual y menos irónico de su carrera.
Palabras más, palabras menos, los Rodríguez (Adrián y Diego, voz y percusión de Babasónicos, respectivamente) cuentan así su verdad, en un paquetísimo restaurante de Tortuguitas. Esto no es ficción. O sí, pero qué importa, quiero más.
Diálogo entre hermanos:
Diego: - De chico tenía la ilusión de ser director de cine y recién después fantaseé con la idea de vivir de la música.
Adrián: - Yo no pensaba nada.
Diego: - El no pensaba estar vivo.
Adrián: - Creía que no llegaba a los 33 años.
Diego: - Si vivís en Lanús, que es más limítrofe, podés en muchos momentos pensar que vas a morir bastante joven.
Adrián: - Aparte no tengo un interés muy grande en proyectar o dejar un rastro. No trato de tener una visión o perspectiva sobre mí o sobre el grupo, trato de ser lo más influenciable y de no juntar certezas.
Diego: - Claro, porque si no, creés que sabés todo y no vivís más.
Mientras se toman un break de los ensayos para lo que mañana se convertirá en la presentación oficial de Infame (uno de los discos más esperados del año), Adrián Dárgelos (34 años) y su hermano Diego (30 años), dos sextas partes del todo babasónico, recuerdan los comienzos de la banda. "Cuando me tocó hacer las primeras notas tuve que enfrentarme a una generación de periodistas conservadores. Entonces, para combatir su discurso, les decía que cuando ellos dejaran de escribir yo iba a seguir haciendo música y que ya era una estrella de rock aunque ellos no lo entendieran. Era una forma discursiva. Pero lo único que quería era no trabajar. No entrar en el marco de la productividad que me haga creer que el consumo es una panacea", recuerda Adrián.
Diego: - No pertenecer a las frustraciones normales de la vida cotidiana.
Adrián: - Cuando supuestamente me tocaba salir a trabajar era la época de la hiperinflación. En 1988 tenía que ingresar en el período laboral y yo no tenía ninguna gana de ingresar en ningún lado.
Diego: - Ninguna, pero ninguna gana (risas).
Así fue como se armó Babasónicos, la mejor excusa para no trabajar. Grabaron un demo con tres canciones y eso les bastó para conseguir un contrato con una compañía discográfica. "Teníamos una idea de qué queríamos hacer, pero no teníamos las canciones -cuenta Dárgelos-. Estábamos bien lejos de un estilo musical. Hicimos 10 demos en cassette. Se lo dimos a Melero, que era amigo nuestro desde los años 80, a un programador de radio, a personas que nos cruzábamos ocasionalmente en la noche. Uno llegó a las manos de una chica que era maquilladora. En una producción de fotos con otra gente, lo escuchó una mujer, que era la esposa del presidente de un sello, y lo convenció al marido de que nos grabase. El tipo nos ofreció un contrato, pero a la semana se divorció y no nos quería grabar nada. Quedó todo frenado hasta que Sony se plantea comprarnos, con el disco terminado y todo, y ahí empieza la historia conocida. ¿Por qué Sony quiere comprar el disco? Porque sacan Colores santos (Cerati-Melero) y creen que tienen que firmar un grupo moderno, nada más."
B Había una vez una banda que no quería decir nada. Una banda de desfachatados, reyes del artificio sonoro, que se ganaron un lugar en la música popular argentina sin postulados ni mensajes sociopolíticos. Un bicho raro. Una banda de rock infame. "No es muy importante lo que cuenta uno, sino cómo lo cuenta", dice Dárgelos, y vuelve a una de sus teorías favoritas. "El mundo subjetivo no es nada si vos no me podés contar con tus palabras algo que realmente es maravilloso, por la intertextualidad de tus palabras y no por el hecho en sí. Yo entiendo la obra o la composición como un artificio."
Para los Rodríguez, "la obra es una farsa, una representación, una comedia o una tragedia, no una realidad. Y lo genial de eso es el bluf que provoca". Consciente de la manipulación del engaño, Dárgelos se sumerge en un mundo discursivo que parece no tener fin. Habla de hombres elevados, de naturaleza subvertida, del sueño y de la realidad, de figuras retóricas que transgreden, de la metáfora, de los juegos retóricos que son artificios del lenguaje. Y concluye antes de saborear victorioso un trozo de pollo: "La problemática de la composición artística actual es cómo en un mundo donde está todo dicho por la televisión, la radio y donde todo es explícito poder contar algo diferente."
A su manera, y a lo largo de doce años, Babasónicos logró contar un mundo distinto, repleto de freaks, chicas sexys, playboys, grasas, oscuros hechiceros, drogones, marginales vip, dealers y fans de la cultura latinoamericana que unen a Sandro, Armando Bó y Aldo y Los Pasteles Verdes.
En ese universo también vive el Fan de Scorpions (uno de los temas nuevos). Allí, Dárgelos canta: "Seamos estupendos amigos, dejemos la crítica de lado. La música no tiene mensaje para dar... la música no tiene moral". Una constante en el discurso babasónico. "Me acuerdo de que cuando apenas uno ve semiología o se interesa por alguna problemática lingüística sale la definición de ideología. Ahí se habla mucho acerca de que la no ideología es ideología. En ese caso, sería imposible escaparle al mensaje, pero a lo que sí le puedo escapar es a la moralina, a lo aleccionador del mensaje y a lo que necesita cierto contexto... como si los mensajes tuvieran que tener un marco de beneficio."
Los hermanos hablan de la música como entretenimiento, de empequeñecer la función del músico como orador. "Mandar una cosa al mundo sin contenido. Eso realmente me obsesiona y aspiro a que algún día grabemos un disco completo así."
C Quince días atrás, el programa de radio Tiempos violentos (Rock & Pop, de 21 a 2) presentó los temas de Infame, el esperado sucesor de Jessico (el disco que hizo que Babasónicos bordee los límites de la popularidad). Cuando terminó la última canción, Once, en la que Dárgelos suplica eso de "trae a casa mi rock and roll", se anunció que existía una edición limitada con un track oculto. Ante la ansiedad de los fanáticos, pasaron un tema de Franco Simone: "Veníamos diciendo que las canciones tenían mucho de banda sonora de película argentina de los años 80, mucho bolero", dice el conductor, Gustavo Olmedo. ¿Infamia?
Diálogo entre hermanos II:
Adrián: - Yo compro discos de rock, nada más. Quizá se cruzan algunos discos más bailables, pero que los considero rock (Basement Jaxx, Avalanches). Están hechos con un formato de rock. Pero a mí me sigue impactando la música popular, sin que tenga que comprar los discos. Escucho The Soundtracks of Our Lives y Black Rebel Motorcycle Club, y a la vez en mi cabeza se cruza un bolero de Manzanero, o Vicentico y los Decadentes.
Diego: -Los Iracundos...
Adrián: -Vos tenés más esa influencia, yo no escuché tanto.
Diego: -Sí, Mariano (Roger) y yo tenemos más data antigua mezclada con la actual. El compra casi todos los discos del último mes.
Adrián: -Pero al mismo tiempo, Hipocresía , de Los Pasteles Verdes, me parece genial. Como algunos temas de Perales, de María Marta Serra Lima y el Trío Los Panchos, es música popular que todos tenemos, de una forma u otra, dentro de la cabeza. Pertenecen a nuestro background de influencia sudamericana. Y nosotros combinamos eso con el rock.
Dárgelos dice que Infame es el disco menos irónico de Babasónicos y es la mejor definición posible para un álbum sin pose, canciones naturalmente babasónicas que vagan en el limbo entre lo real y lo irreal. "Este es nuestro disco más espontáneo, porque queríamos encontrar un formato distinto de los demás discos, sin forzarnos a algo barroco o a la fuga. Entonces, para lograr abordar eso intentamos hacer la música que nos saliera", dice el compositor y cantante.
Una mujer de la alta sociedad lo saluda y una de las mozas del restaurante le pide autógrafos. Igual, Dárgelos dice que no son más famosos que antes, sino que alcanzaron cierto nivel de popularidad. Esa es la diferencia. "Salimos en las tapas de los diarios sin haber robado, sin haber estafado a nadie, haciendo lo que hacemos y sin tener ningún mensaje más demagógico que el que digo."
Llega la cuenta, el artificio se desvanece y la aventura babasónica termina. Pero, por suerte, habrá cuentos infames para rato. Eso es lo que sucede con las historias (y las canciones) populares.
La famosa tapa
Sin doble sentido
- Infame tiene una edición limitada (que se vendió junto a la entrada para el show de mañana) con una tapa distinta a la original. Allí, el diseñador Alejandro Ros tomó el logo de la legendaria serie de TV Fama y jugó con el título del álbum. Por eso, muchos medios entendieron que el disco se llamaba InFame (con una doble acepción en inglés relacionada con la fama de Babasónicos). Pero Dárgelos lo niega: "Fue una idea de Ros, nosotros no tuvimos nada que ver. El disco se llama Infame , sin doble sentido. Es más, esa tapa de la edición limitada a mí no me gusta". Curiosidades del rock vernáculo.






