
Macrobiótica, el cambio alimentício
Comer es asimilar del exterior hacia el interior, la energía que posibilita la supervivencia tanto material, como espiritual", señala Perla Palacci de Jacobowitz, maestra en el arte de transmitir la cocina macrobiótica, una disciplina oriental que ganó adeptos en Occidente en busca de la buena salud.
Ella descubrió que había otro camino para vivir bien, lejos del colesterol, la diabetes, los desánimos, la obesidad, las alergias, pero también de los conservantes, las harinas blancas, el azúcar y otros alimentos que hacen daño.
Explica que la energía se regula y equilibra con una alimentación, por sobre todas las cosas, natural e integral, que busca un balance energético y vibracional.
Aconseja que al principio se opte por una dieta elástica para ir adaptándose física y mentalmente a decisiones más disciplinadas. "En todos los casos, ir abandonando los alimentos extremos –carne (yang) y azúcar (yin)– para acercarse más fácilmente a los cereales." El arroz integral es el cereal más importante. Las comidas se balancean eligiendo un 50% de cereales, un 20% de verduras, 15% de proteínas, 10% de sopas y 5% de postres.
En su libro Macrobiótica para todos (Deva’s) está explicado. No ser rígidos y permitirse regresar a alguna tentación que el mismo cuerpo terminará alejando.
Pan de pescado:
Picar 1 kg de merluza y mezclar con 3 cucharadas de cebolla rehogada, ½ taza de zanahoria hervida y rallada, ¼ taza de sémola cruda, 2 cucharadas de aceite, 2 cucharadas de morrón y 2 de perejil bien picados, sal marina, pizca de nuez moscada y 1 cucharadita de orégano. Darle forma de pan, acomodar en una asadera aceitada, rociar con aceite y hornear unos 30 minutos.
1. En invierno
Cocinar las verduras a fuego bien lento, a presión o en el horno.
2. Verduras orgánicas
Contienen un 25% más de minerales que las comunes.
3. Sopas
Son el alimento comodín de todas las estaciones y no deben faltar.







