Madeleine Vionnet Inventora de atuendos intemporales, enemiga de la moda

Javier Arroyuelo
Javier Arroyuelo LA NACION
Madeleine Vionnet fotografiada por Edward Steichen, 1930
Madeleine Vionnet fotografiada por Edward Steichen, 1930
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5 de enero de 2020  

La moda refleja, a la vez que viste, todos los comportamientos sociales y registra las rupturas de estilo, portadoras de lo nuevo, desde el momento en que arrancan. De allí que, para quien aprende a detectar los cambios que verdaderamente han sido y siguen siendo esenciales en la evolución del vestir, mucho del futuro de la moda está en su pasado. Investigando lo que hubo, adivinamos lo que vendrá.

No se trata de adherir, como la mente comercial cree y el cuerpo consumista practica, a aquellas reapariciones, provocadas periódicamente, de tal o cual motivo estético vistoso o atractivo y de probado éxito -el escote bote o los moños o el escocés, por citar algunos al azar. Lo que sí cuenta y auxilia para ver -o intentar ver- hacia dónde va la moda, es ser capaces de identificar cuáles vestuarios, prendas, piezas, fueron la señal patente de los momentos bisagra de la historia del traje en nuestra modernidad, de entender por qué han sido significativos y porqué, en consecuencia, siguen siendo significativos a pesar de la distancia establecida, medida en décadas, en generaciones, en porciones de siglo.

El período clave de la moda tal como la heredamos y la entendemos aún hoy, coincide la llegada del siglo XX, se superpone en Inglaterra al reino de Eduardo VII y a los tres lustros finales de la retrospectivamente llamada Belle Époque y cubre la franja, de 1914 a 1918, de la Primera Guerra, años en los que las mujeres de Europa son llevadas a reemplazar a los hombres en numerosas áreas de actividad. Durante aquel lapso, el mundo, o más justamente la mundanidad que Marcel Proust exalta en su Búsqueda del Tiempo Perdido, irá diluyéndose mientras la modernidad, que se manifiesta ya con potencia en las artes visuales, la literatura, la música, y también en el diseño, va a forzar su entrada en la cápsula de la moda para subvertir los principios que hasta allí la regían. Primer acto de ruptura radical: no fueron ya más apenas unas pocas mujeres audaces sino un número creciente de ellas quienes rechazaron el corsé, el artefacto de constreñimiento que imponía a sus cuerpos el rigor de una silueta juzgada ideal, de cintura violentamente estrecha.

A partir de aquel punto de quiebre, Madeleine Vionnet, pionera en aquella batalla, hizo del oficio de la costura, que ejercía con maestría, una oportunidad de creación. Inventó, literalmente, prendas y formas, nuevos modos de vestir y de entender el cuerpo que la época requería. Recurrió, hallazgo fulgurante, a la técnica del corte al biés, hasta allí restringida a detalles decorativos, que aplicó a la totalidad de las prendas. El gesto inédito produjo resultados espectaculares. En las charlas en torno al itinerario de Madame Vionnet que tengo el placer de dar, las participantes no dejan de sorprenderse ante la belleza intemporal de las prendas que vemos. No es por cierto casual que su obra supere la prueba del tiempo. La sostiene, la mantiene viva, la voluntad de celebrar la vida, justamente, a través de la búsqueda de la armonía. Y ésa es una aspiración de todos los tiempos. Ella tuvo el don, la fortuna, de lograr plasmarla con un talento único.

Cesó su actividad en 1940, ante la inminencia, que la espantaba, de una nueva guerra. Poco antes, en 1937, había escrito que "si puede decirse que haya una escuela Vionnet es sobre todo porque me he mostrado enemiga de la moda. Hay en los caprichos temporales, fugitivos, un elemento superficial e inestable que ofende mi sentido de la belleza."

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