Mansiones a fines del siglo XIX

Mediante una película de Scorsese, reconstruimos los interiores victorianos
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25 de agosto de 2001  

"La casa de los Beaufort había sido osadamente planeada. En vez de atravesar un angosto pasillo para llegar al salón, uno marchaba solemnemente por una vista de filas dobles de salas de recepción." Observaciones como ésta son frecuentes en La edad de la inocencia , película que el director norteamericano Martin Scorsese realizó entre 1992 y 1993.

Más allá de sus virtudes cinematográficas, el film puede ser visto como una exhaustiva descripción del modo en que los habitantes de la Nueva York de fines del siglo XIX se vinculaban entre ellos... y ornamentaban sus casas.

La sociedad descripta por el prestigioso realizador era la de las familias acomodadas, que solían prestar particular atención a la decoración de las viviendas. Estas eran mucho más que un lugar donde vivir; constituían, además, símbolos del poder y la jerarquía de sus moradores.

¿Cuál era el estilo que imperaba en ese momento? En términos amplios, podría decirse que el victoriano aunque, en realidad, se conoce con este nombre una confluencia de tendencias agrupadas por ciertas características comunes: opulencia, elegancia y empleo de materiales refinados. Durante esos años, en buena parte de las mansiones de Brooklyn se podía hallar interiores recargados, en los que brillaban los espejos de pie, paneles de cristal, esculturas de mármol, cortinas de terciopelo, encajes, paredes tapizadas y muebles realizados en madera tallada. Un buen ejemplo de este tipo de ambientaciones aparece a poco de comenzada la película, en la escena que tiene lugar en un salón de baile.

Con el mismo cuidado con que sigue los pasos del personaje de Daniel Day-Lewis, la cámara se detiene en los múltiples detalles que adornan el lugar. Descubre, así, la imponente araña de cuentas de cristal que pende del techo, los solemnes cortinados rojos, la madera y el entelado dorado de las paredes, la infinidad de pequeños adornos en cristal y porcelana. Otros espacios destacables son las moradas de los protagonistas, en las que se reitera el acuerdo entre códigos de reconocimiento social y ambientaciones importantes.

Una observación aparte merecen los cuadros. Los responsables de arte de la película tuvieron en cuenta las tendencias pictóricas que influían en el diseño de interiores de la época, y las homenajearon explícitamente. Por eso, en cada muro pueden advertirse reproducciones de movimientos representativos del período como, por ejemplo, los impresionistas.

Antes del estreno del film eran fuertes los rumores que aseguraban que Scorsese se había excedido largamente en el presupuesto adjudicado por los productores. Habida cuenta de la cuidadosa reconstrucción de época que realizó, esos dichos no suenan demasiado extraños.

Lo cierto es que, por momentos, la magnificencia de los decorados amenaza con distraer la atención del relato: una historia de amor imposible entre dos integrantes de la sociedad neoyorquina (interpretados por el ya mencionado Day-Lewis y Michelle Pfeiffer), presionados por una sociedad tan cuidadosa de los normas... como de la exquisita ornamentación de sus viviendas.

Recrear un periodo

Sin duda, nada hay tan alejado de las austeras superficies actuales como los ambientes retratados por La edad de la inocencia . Pero, anticuarios mediante, quizá sea posible recrearlo. Aunque en Buenos Aires lo que predomina es el estilo francés, pueden hallarse bases de lámparas inglesas de madera, $ 800; juegos de cubiertos de plata, 4500; juegos de platos en cerámica Crownderby, 1500. En cuanto a las esculturas de mármol, si son de autor reconocido cuestan desde US$ 5000. La opción económica son las réplicas en mármol o yeso, desde 400 pesos.

FUENTES CONSULTADAS: New York Style , Clarkson Potter Publishers, New York; Victorian Interior Design, Crescent Books, New York, Antigüedades Bohemia: Libertad 1688; 4815-6775. Anticuario Miriñaque: Defensa 1012; 4362-7702. Anticuario Pallarols: Defensa 1015, 4362-5438.

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