
Marta Maffei "Hicieron bien en pagar"
No cree que los que cumplimos con el impuesto docente seamos algo más que tontos. Piensa que hicimos lo justo, porque -dice- no puede dividirse la sociedad entre sinvergüenzas y estúpidos
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El 2 de abril de 1997, la secretaria general del gremio de los maestros, Marta Olinda Maffei (58 años, casada, 4 hijos, 3 nietos), junto con 51 colegas de todo el país, inició una singular protesta gremial: un ayuno dentro de una carpa azul y blanca instalada justo frente al Congreso. A casi 30 meses de aquella fecha y después del conflictivo impuesto docente, ni Maffei ni la conducción de su gremio piensan en moverla de donde está.
"¿Qué quiere que le diga? Hoy, la carpa viene a ser un reaseguro. Si nos vamos de ahí, no sé qué podría pasar", dice la maestra que no ejerce desde 1995 (lo hizo por última vez en el colegio Jean Piaget, de Neuquén), pero que durante más de 20 años, salvo por cuarto, pasó por todos los grados de la primaria y por algunos de la enseñanza media.
-¿Por qué esto terminó como terminó?
-Es casi imposible que la gente no desconfíe de un gobierno y de un ministro de Economía que meten la mano en cada rincón en donde sospechan que hay un peso.
-Me refiero a que la ciudadanía que pagó el impuesto sintió un veloz desencanto frente al tema de la postergación, otra afrenta a la buena fe...
-No pienso igual. Sería la misma clase de sorpresa, o de injusticia económica, de los que pagan en tiempo y forma el IVA, ganancias, bienes personales, las cargas sociales y después se encuentran con que para los que no pagan hay un blanqueo o una eximición. Pero le voy a decir algo: por primera vez en la historia lo que se pagó irá íntegramente al bolsillo de los trabajadores de la educación.
-Hay millares de argentinos que pagaron en término y ahora se dan cuenta de que podrían haber postergado o diferido el pago. ¿Qué les diría?
-Les diría que hicieron bien en pagar. Nosotros seguimos apostando a que todos cumplamos con nuestras obligaciones.
-Sin embargo, muchos, por haber pagado, se identifican con una palabra que no es muy docente, pero que...
-¿Fastidio?
-No, boludo...
-Yo no estoy tan de acuerdo. Porque, entonces, ¿qué hay en la balanza? ¿En un platillo están los sinvergüenzas y en el otro los estúpidos? Sí corresponde que exijamos el cumplimiento de las leyes por igual para todo el mundo, que no silenciemos los atropellos. Y aunque acepto que los camioneros sintieron su vaso colmado, podría cuestionarlos porque no reaccionaron con la misma fuerza con otros temas como el peaje, el incremento del precio del gasoil, el hecho de que el galón de gasolina cuesta en los Estados Unidos lo que cuesta un litro aquí. ¡Qué cosa! Todo eso lo fueron tolerando, pero les resultó posible, o fácil, arremeter contra un enemigo débil.
-A propósito: me dio la sensación de que, más allá de la voluntad de las partes, terminaron enfrentados un sector empobrecido de maestros contra un sector empobrecido de camioneros.
-No estoy muy segura de que sea así. En la Argentina hay 13 millones de personas que son realmente muy pobres. La verdad es que ni los camioneros ni nosotros estamos en el último estrato del escalón. Nosotros tenemos sueldos muy bajos, pero contamos con estabilidad, obras sociales, organización gremial y ciertas seguridades. Sí estoy segura de que en algún nivel se ejercitó la voluntad de enfrentar sectores de la sociedad entre sí y sí puedo asegurar que camioneros y maestros no integran el 20% de la población más beneficiado por este modelo.
-Para muchos, el pago de este impuesto iba a constituir una especie de test de solidaridad. Ahora que se sabe que pagaron menos de los que deberían haber pagado (43% de pagadores contra 57% de no pagadores), ¿esto da cuenta de que la nuestra es una sociedad menos solidaria de lo que imaginamos?
-¿La verdad? Pensábamos que los pagadores iban a ser muchos menos. El impuesto se difundió, se estableció y se cobró con tantas deficiencias, errores y perversiones que el hecho de que en sólo 8 días -del 8 al 18 de junio- se hayan movilizado 2.300.000 personas para nosotros fue una grata sorpresa. Así que diría que tanto la solidaridad como el compromiso con la educación fueron elevados.
-El botón que lleva en su saco dice: Somos todos docentes. ¿Qué pasaría si esto fuera así en verdad?
-En verdad es así. Somos todos docentes, porque aunque no tengamos la profesión, todos enseñamos algo. De oído o por formación, mejor o peor, algo enseñamos. Siempre.
-He leído que la provincia en la que los docentes están mejor es Neuquén. ¿Es una casualidad o tiene que ver con que usted estuvo allí como secretaria general durante diez años?
-Tiene que ver con que peleamos. Eso está clarito. Logramos un salario piso mínimo de 500 pesos de bolsillo, que es más digno, y los jubilados perciben el proporcional. Neuquén es la única provincia en la que todos los directores lo son en jornada completa, para que se hagan cargo integralmente de la dirección pedagógica y no sólo deban ocuparse de tapar agujeros, comprar mosaicos o arreglar inodoros, como terminan haciendo muchos directores.
-Lo de la carpa, ¿a quién se le ocurrió primero?
-Diría que se trató de una oportuna creación colectiva. Veníamos pensando desde hacía tiempo la posibilidad de instalarnos frente a la Casa Rosada con sombrillas durante la época de las vacaciones escolares. En 1996 se avanzó con lo de la carpa y, finalmente, Hugo Yasky propuso lo del ayuno. La carpa nace en un momento de altísimo conflicto. La provincia de Río Negro había perdido 140 días de clase, la de Jujuy más de 100, San Juan se encontraba en paro por tiempo indeterminado y los docentes de Neuquén participaban de un gravísimo conflicto social, con cortes de ruta en Cutral-Có. La primera idea fue tener un lugarcito para que docentes de cada provincia pudieran mostrarles a sus legisladores su realidad. Después, Yasky planteó lo del ayuno, como algo de mayor compromiso.
-¿Usted ayunó?
-Sí, en tres ocasiones distintas, unos 70 días en total. Y una vez, 30 días seguidos. Esa vez terminé internada, porque por una infección en una muela tomé un antibiótico y me bajaron las defensas y perdí glóbulos blancos. Por suerte, me recuperé rápido.
-¿Cómo es ayunar? ¿Qué le pasa al cuerpo, a la cabeza?
-Primero que nada, se entiende perfectamente lo que les pasa en la escuela a aquellos chicos que vienen mal alimentados y que necesitan que las cosas se las expliquen veinte veces. Es extraño, porque contrariamente a lo que cualquiera se podría imaginar no hay ansiedad alimentaria, ni una sensación de hambre insoportable. Por otro lado, ninguno de nosotros llega desnutrido a la carpa, por lo que en un primer tiempo hay pocos efectos. Pero a las dos semanas comienzan a advertirse síntomas de fatiga, uno empieza a tener más sueño y cuesta más concentrarse. Se baja de peso muy rápidamente. Mi último ayuno fue en septiembre, bajé ocho kilos, pero ya estoy completamente recuperada.
-En la situación de ayuno, ¿cómo es la vida cotidiana?
-Lo más notable es la actividad pública. La carpa es un tránsito permanente de escuelas, de maestros, de ciudadanos argentinos y extranjeros que llegan a solicitar explicaciones y también a ofrecer adhesiones, de amigos, de vecinos, de curiosos. Fíjese que en estos dos años se realizaron más de 350 hechos culturales, desde conciertos hasta presentaciones de libros, jornadas de reflexión, conferencias, cátedras universitarias que deciden dar sus clases en ese ámbito. Fíjese el número: uno cada día y medio. Y cuando están ayunando los tucumanos, por ejemplo, se produce una afluencia grande de comprovincianos que viven en Buenos Aires que llegan a charlar, recordar, compartir, cantar, bailar, exponer sus habilidades...
-Lástima que no puedan hacer empanadas.
- No, eso no lo pueden hacer y hasta los niños lo entienden, porque cuando están adentro ni un caramelito abren. Es un lugar en el que nadie habla de comidas, y eso también concentra y tranquiliza. Sólo cumplimos la orden de los médicos: cada media hora ingerimos cien centímetros cúbicos de líquido, agua, soja, caldo, Seven Up. Esa intensa vida pública que le mencionaba provoca un estado de reflexión permanente. Maestros y alumnos del Delta y de Mendoza, de Tierra del Fuego y de Salta comparten e intercambian sus realidades. Todo eso genera una situación de crecimiento muy grande.
-Frente a tanta actividad, alguien se vuelve loco y transforma la carpa en un gran lugar de recitales y le va tan bien que la plaza le queda chica y, en un momento, ni siquiera necesitan del Fondo de Financiamiento. ¿Qué dice frente a eso?
-Digo que no es tan loco. Ya hubo por lo menos un par de artistas argentinos, importantes, que plantearon la realización de festivales para juntar fondos. Pero lo que se necesita es demasiado. Estamos hablando de setecientos millones. Es imposible imaginarse muchos Luna Park o cines repletos para producir semejantes resultados económicos.
-¿Qué es hoy para la sociedad la carpa docente?
-Depende de las personas. Las que más apoyan son las que se acercan y reconocen en esta lucha a un sindicalismo que no se entrega. Esta gente representa a otra, que aun cuando no se acerca, está de acuerdo con la lucha. Son los que, en el colectivo o en el subte, me piden que no aflojemos. Otras personas nos hacen saber que la consideran una lucha inútil, que aunque estemos ahí toda la vida no vamos a conseguir nada y hay otros, minoritarios, que directamente no nos pueden ni ver.
-Usted, en julio de 1997, se planteaba el levantamiento de la carpa para octubre de ese año. Eso no se dio entonces y, encima, ya pasaron dos años.
-En septiembre de 1997 se hizo público un compromiso escrito del presidente de la Nación de dar, a partir de enero de 1998, un aumento del 20 por ciento a los trabajadores de la educación. Ahí dijimos que si esto se concretaba la carpa dejaba de tener sentido, porque se cumplía un objetivo importante. Hoy y siempre dijimos dos cosas: que dejaríamos la carpa con el objetivo de la mejora cumplido y con el consenso de todos los maestros.
-¿Qué es lo que más le critica al actual proceso educativo?
-Este ha sido un proceso muy autoritario en el que a los principales sujetos se nos ha tratado como objetos, sin verdadera participación democrática. Es una reforma típica de técnicos para quienes lo único que importa es enlatar contenidos, pero lo demás no cuenta. No les importa la falta de posibilidades de los padres, no les importan los chicos con hambre.
-¿Le gustaría ser ministra de Educación?
-No.
-¿Por qué?
-Bueno... tal vez debería haber dicho depende. Podría empezar a considerar ese cargo dentro de un proyecto político social de transformación, de cambio, con buenos equipos de trabajo. No si se trata de algo individual, pensando que una sola persona, como kamikaze, podría cambiar la realidad desde un ministerio.
-¿Cuánto cuesta mantener la carpa?
-Está rondando los 8000 pesos mensuales.
-¿Se sostienen con donaciones?
- Algunas, pero en general poquito. Algún comerciante que envía un cajón de agua mineral, aunque lo más común es la persona que hace las compras en el súper y dedica una parte de la compra a nosotros. Una vez tuvimos una donación de insólita generosidad. Una pareja de bastante edad preguntó si podía dejar una contribución y nosotros para esas cosas siempre tenemos una caja de zapatos forrada, afuera de la carpa. Los vimos acercarse y poner con alguna dificultad un sobre. Pero después nos olvidamos y durante dos días en la caja estuvo un sobre con cinco mil pesos. Fue otro caso de solidaridad impactante, en especial porque decidieron hacerlo en el más absoluto anonimato.
-A partir de la instalación de la carpa blanca ¿advierte un cambio en el perfil de los docentes argentinos?
-Sí, un cambio notable. A partir de la carpa el docente se sintió más considerado por la población y más respetado por sus alumnos, que perciben la lucha como una gesta de la época. Me acuerdo de una alumna que en una asamblea en una escuela normal de Buenos Aires se paró y dijo: "Yo no sé si ustedes tienen razón y tampoco sé si van a ganar, pero cuando alguien lucha por sus ideales los jóvenes lo valoramos".
-Lo que les dijo la alumna me lleva a otra pregunta. ¿Qué pasa si pierden esta lucha?
-¿Qué sería perder? Dése cuenta... Nosotros ya estábamos perdidos, desconsiderados, arrinconados, responsabilizados de todo lo malo que le sucedía al sistema educativo, al borde mismo de la exclusión. En cambio, entramos a pelear por nuestra dignidad. Es posible que no logremos la totalidad, pero todo lo otro que alcanzamos no lo teníamos cuando empezamos. Así que no podemos perder.
-¿Tenía usted faltas de ortografía?
-Sí, cuando era chica. Eran horrendas. Creo que las superé.
-¿Y sus hijos?
-En general, tuvieron muy pocas. Hay uno que las sigue teniendo, pero es porque no se fija. Como no he sido maestra de mis hijos, procuré que se lo solucionaran sus maestros. Tal vez por todo eso, siempre luché mucho contra las faltas de ortografía. Una vez en un tercer grado le saqué un papelito a un alumno que, me advirtió, había escrito "algo feo". En el papel, con letra bien chiquita, decía: El guevón de Mijelito: casi incomprensible, huevón con g y Miguelito con j.
-¿Se imagina el día final de la carpa?
-Nunca me lo imaginé. Pero, aunque me cueste, tengo que aceptar que algún día tendrá que terminar. La carpa fue planteada para recuperar la noción de Nación educativa. Algún día se terminará y ojalá que sea lo antes posible, porque en el medio está el sacrificio de muchos maestros ayunantes, y eso es doloroso e injusto.
En el portarretrato
Jorge Martínez: su marido desde hace 33 años, es abogado, pero no ejerce. Trabaja en representaciones comerciales.
Sus cuatro hijos: Sergio, de 32 años, ingeniero; Diego, de 30, periodista deportivo en el diario La Mañana del Sur; Santiago, de 26, estudiante de Relaciones Públicas; Celina, de 23, artista vocacional especializada en clown. Sus tres nietos: Antonella, de 9; Agustín, de 2, y Nicolás, de 1. Los tres viven en Neuquén.
Maestros y profesores admirados: de la Escuela Normal Nacional de Lomas de Zamora, donde cursó su enseñanza media, recuerda a Adua Magiolli, de historia; Elena Amestoy, de matemáticas, y Berta Gruber, de literatura. De su paso por Derecho, carrera que no completó, recuerda con admiración a Silvio Frondizi, asesinado en 1974 por la Triple A.
El equipo de Racing: Marta Maffei, además de una sufriente docente argentina, también confiesa sufrir por ser hincha de la Academia.
El pizarrón de Marta
320 El monto en millones de pesos de recaudación impositiva hasta el 30 de junio último. Esa cantidad se repartirá entre los docentes en un pago único de 360 a 420 pesos.
220.000 Los afiliados al gremio docente en todo el país.
1.000 Los maestros de todo el país que ya atravesaron la experiencia del ayuno en la carpa docente.
580.000 La cantidad total de docentes argentinos.
854 Su sueldo, como maestra jubilada de dos cargos.
10.000.000 El número de niños, adolescentes y jóvenes argentinos en situación de alumnos en todo el país.




