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Ecología

Michael Reynolds, de hippie visionario a pionero de la bioarquitectura

Inés Ramírez Bosco
(0)
11 de noviembre de 2020  • 14:04

¿En qué momento la basura deja de ser un desecho descartable para convertirse potencialmente en una casa? Michael Reynolds es el arquitecto norteamericano que, allá por la década del 70, se lo preguntó y como respuesta desarrolló las Earthships-o Naves de la Tierra-, una tipología de viviendas autosustentables con bajo impacto en el ambiente.

Michael Reynolds en una de sus obras en Puerto Rico
Michael Reynolds en una de sus obras en Puerto Rico Crédito: Gentileza Una Escuela Sustentable

Nacido en 1945, Reynolds fue un "hippie" visionario que reconsideró desde joven los alcances de su profesión y se anticipó a lo que veía como una crisis ecológica de grandes magnitudes. Por entonces no tuvo muchos adeptos pero, hoy, 50 años más tarde, su obra cobra más sentido que nunca. Los efectos del cambio climático ocupan cada vez a más países, agrupaciones e individuos, que buscan soluciones desde distintas aristas para generar un impacto positivo en nuestro planeta y él lleva adelante una escuela con base en Taos, Nuevo México, donde enseña sus métodos de construcción y promueve proyectos comunitarios en todo el mundo.

El recorrido no fue algo fácil y hasta lo llevó a perder su licencia ante un fallo del estado por demandas recibidas desde unos viejos clientes. El documental Guerrero de la Basura (Garbage Warrior) cuenta la vida y obra del arquitecto, hoy abanderado de las construcciones ecológicas.

Reynolds, durante la construcción de la obra de la primera escuela sustentable en Uruguay.
Reynolds, durante la construcción de la obra de la primera escuela sustentable en Uruguay. Crédito: Gentileza Una Escuela Sustentable

En 1969 se graduó como arquitecto en la Universidad de Cincinnati, Estados Unidos, y desde entonces su carrera profesional estuvo marcada por un pensamiento desafiante que buscaba provocar los fundamentos de la arquitectura clásica. Toda su atención estaba puesta en desarrollar viviendas que tuvieran un mínimo impacto en el ambiente y que se puedan construir a bajo costo utilizando materiales reciclados.

El joven Reynolds en la década del 70.
El joven Reynolds en la década del 70.

Así, en 1972 el joven Mike finalizó su primera casa en medio del desierto de Nuevo México, a la que llamó The Thumb House. Fue construida con un novedoso sistema de "ladrillos" a base de más de 70.000 latas de aluminio -de cerveza y bebidas varias- unidas con un mortero. Este sistema lo patentó en 1973. The Thumb House no fue bien vista en esa época, recibió críticas tanto de sus colegas como de la prensa que lejos de considerar a Reynolds como un pionero en la construcción sustentable, fue calificado como "una desgracia para la comunidad arquitectónica", según él mismo recuerda en varias entrevistas.

El interior de la escuela de Jaureguiberry en Uruguay.
El interior de la escuela de Jaureguiberry en Uruguay. Crédito: Gentileza Una Escuela Sustentable

Sin embargo, The Thumb House fue el puntapié inicial de la misión que llevaría adelante por el resto de su vida, que fue creciendo y se fue haciendo carne en nuevas construcciones cada vez más complejas. Desde su empresa, Earthship Biotecture, con base en el pueblo de Taos en Nuevo México, Reynolds lleva hechas más 1.000 construcciones distribuidas por todo el mundo que van desde viviendas unipersonales y hoteles de lujo hasta escuelas de grado y refugios de emergencia. En todos los casos, la propuesta es la misma y, en principio, sencilla: construir viviendas que, como él mismo plantea, sean "radicalmente autosustentables". Como bien dice el refrán, del dicho al hecho hay un gran trecho y a Michael le llevó décadas de trabajo e investigación en el campo de las tecnologías sustentables desarrollar los modelos más avanzados de Earthships.

El arquitecto Michael Reynolds en el Pueblo de Taos, Nuevo México, donde construyó una zona de casas sustentables en pleno desierto.
El arquitecto Michael Reynolds en el Pueblo de Taos, Nuevo México, donde construyó una zona de casas sustentables en pleno desierto. Crédito: Gentileza Earthship Bioculture- Eve

Las naves

Los principios fundamentales sobre los que se basan estas construcciones proponen usar materiales naturales y reciclables, aprovechar al máximo el potencial del ambiente donde se construye y hacerlo con el menor impacto posible; además procuran el autoabastecimiento energético de la vivienda y el tratamiento de desechos.

Exterior del Phoenix Earathship en Nuevo México.
Exterior del Phoenix Earathship en Nuevo México. Crédito: Gentileza Earthship

Para la construcción, se usa como materia prima materiales de descarte como latas de aluminio, neumáticos en desuso y botellas de vidrio o de plástico (que favorecen el paso de la luz por las paredes y sirven como elemento decorativo). Se suman la mezcla de materiales de construcción como madera, cemento y adobe. Las viviendas generan y almacenan la misma energía que van a utilizar. Para eso, se recurre principalmente a paneles solares y, en algunos casos, también a turbinas para energía eólica, y, desde el diseño, se incorporó el uso de neumáticos - excelente aislante térmico que permite regular la temperatura en el interior de la vivienda- rellenos con tierra comprimida para levantar las paredes y así generar el menor desperdicio posible de energía geotérmica.

Michael Reynolds sentado sobre neumáticos que conforman la pared de una de sus construcciones.
Michael Reynolds sentado sobre neumáticos que conforman la pared de una de sus construcciones. Crédito: Earthship Bioculture

Las Earthship están diseñadas para recolectar el agua de lluvia o nieve, que luego de un proceso de filtrado se potabiliza para el consumo y se distribuye para su uso en toda la casa. Las aguas negras se depuran con un biodigestor que utiliza y separa los desechos en abono para las plantas y aguas grises para el riego de las huertas de cultivo, proyectadas en el interior y exterior dependiendo las zonas. El objetivo siempre está puesto en lograr la mayor autonomía posible de la vivienda y sus habitantes.

Escuelas sustentables en el Cono Sur

En 2018, construyó en Mar Chiquita la primera escuela autosustentable de nuestro país siguiendo los pasos que dos años antes había dado en el pueblo de Jaureguiberry en Uruguay. En ambas oportunidades, gracias a la iniciativa conjunta de la ONG Tagma con su proyecto Una Escuela Sustentable- que busca hacer por lo menos una escuela de estas características en cada país de América Latina - y Earthship Biotecture con Reynolds a la cabeza.

Durante la construcción de la escuela sustentable de Chile.
Durante la construcción de la escuela sustentable de Chile. Crédito: Gentileza Una Escuela Sustentable

Se eligió Mar Chiquita por su condición de Reserva de Biósfera de la Unesco. Con la colaboración de los vecinos de la comunidad se juntaron más de 2.000 neumáticos usados, 4.000 botellas de plásticos y 8.000 latas de aluminio. En 45 días con la participación de personas de distintos lugares del país se levantó la Escuela Pública N°12, una construcción de 300 mt2 donde actualmente estudian 72 niños -pero tiene la capacidad para que estudien 100 niños. El edificio está abierto a las visitas y cuenta con una huerta interna en una galería vidriada, que se riega con agua filtrada del mismo uso de las cañerías. Durante su estadía en Argentina, Reynolds dio charlas de capacitación para enseñar cómo construir sus Earthships. En 2020 se inició la construcción de la tercera escuela, en Chile.

* Ushuaia, Earthship del Fin del Mundo

La Nave Tierra en Ushuaia
La Nave Tierra en Ushuaia

En 2014, Elena Roger y su marido, el actor Mariano Torre contactaron a Michael Reynolds y juntos dieron forma al proyecto "Tol-Haru, la Nave Tierra del Fin del Mundo", la primera vivienda autosustentable en América del Sur, con el objetivo de fomentar en la ciudad austral las construcciones de bajo impacto ambiental. Esta Earthship fue construida por más de 60 personas provenientes de diferentes partes del mundo en un terreno donado por la Municipalidad de Ushuaia. Se usaron 350 neumáticos, 3.000 latas de aluminio, 5.000 botellas de plástico y 3.000 botellas de vidrio. Los actores son miembros de la Fundación NAT, Naturaleza Aplicada a la Tecnología. Todo el proceso quedó documentado en una película "Navetierra. Un nuevo mundo, en el fin del mundo".

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