
Microeventos a la carta: los restaurantes apuestan a los espacios personalizados
A medio camino entre la informalidad de una casa y el profesionalismo de un salón, cada vez más lugares ofrecen opciones para que los clientes organicen sus reuniones o festejos privados
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"Le preparamos una sorpresa. Mamá imaginó un almuerzo pequeño, sólo la familia más íntima, pero éramos más de 20 personas", explica Damián Melcer, un ingeniero que reservó un salón apartado en La Parolaccia Dolce & Caffé. "Es más cómodo y seguro que reservar una mesa en un restaurante tradicional; también más fácil que usar el SUM de un edificio. Un mozo nos atendía en exclusiva y teníamos cierta privacidad", afirma Damián.
Ideales para cumpleaños, presentaciones corporativas o pequeños festejos, hoy son cada vez más los restaurantes que deciden ambientar un espacio ad hoc para eventos privados. Los hay de todo tipo y presupuesto. Están aquellos que sólo reservan el lugar y la comida sale a la carta, y están los que arman menús all inclusive con lo mejor de la casa, con precios de $ 350 a más de $ 1000 por persona.
"El formato es ideal para esos eventos donde tu casa te queda chica, pero un salón ya es demasiado grande. Sea algo familiar, de amigos o corporativo. Hay pocas cosas peores que armar una comida y que te sobre espacio, perdés todo el ambiente", explica Agustina Numer, una de las socias del flamante Harturo, el restaurante en el pasaje del Correo, en Recoleta. Harturo cuenta directamente con un segundo restaurante, con cocina, baños y entrada propia, exclusiva para eventos privados, justo frente al local que abre al público. "Recibimos allí grupos que van de 10 a 40 personas sentadas; el salón no se cobra, sino que ofrecemos menús con todo incluido, para que los invitados se relajen. También abrimos el juego a menús a medida, sean desayunos, almuerzos, tes o cenas", continúa Agustina. Por eso, el salón está ambientado con tonos sobrios, si bien cuentan con algunos muebles preciosos, los mismos que se venden en la casa de decoración del mismo nombre. "Es así para que cada uno pueda ambientar a su gusto, y ofrecemos la posibilidad de armarlo como un living, con sillones. Hoy se usa al menos dos veces por semana."
El boom de las cavas
Comer en una cava, rodeado de cientos de botellas de vino, en una mesa única, es una de las experiencias más exclusivas que ofrecen algunos restaurantes de la ciudad. Entre ellos, La Bourgogne, que en los subsuelos del hotel Alvear tiene una cava donde se exhiben botellas antiguas y de colección, en un espacio dominado por una estética de catacumbas antiguas, con capacidad para varias mesas y los platos del genial Jean Paul Bondoux. Pero también el pequeño y privado Roux, que cuenta con una única mesa comunal, donde los fuegos son dirigidos por Martín Rebaudino.
Entre los más escenográficos y originales está La Locanda, el restaurante italiano de Danielle Pinna. "Muchos de nuestros clientes ni siquiera saben que tenemos esta cava. Como en un espacio de speakeasy en la época de los gangsters en los años 20, cuando todo se hacía a escondidas bajo los sótanos. Y jugando con eso decoramos el ambiente con detalles alusivos, fotos de aquella época y melodías de jazz, y preparamos platos que podrían salir de una película de Al Capone, con bandejas de antipastos y un sinfín de pastas, adaptando la mesa con cristalería y cubiertos de principios de siglo pasado", cuenta Danielle. Con capacidad de hasta de 14 personas, a este privado se llega por una escalera que, al traspasar un telón negro, permite ver las más de 4000 botellas de vino que descansan a temperatura ideal, incluyendo etiquetas italianas, francesas y españolas, además de una heladera con tesoros como jamones, quesos y trufas frescas. Un posible menú incluye seis o siete pasos, con pasta rellena de langostinos y centolla, langosta all'algherese, vieiras gratinadas y pulpo a la parrilla.
Sumar un negocio, fidelizar clientes, convertirse en una opción todoterreno, toda excusa es buena para abrir el juego. Inaugurada hace poco menos de un año, Crizia ofrece su propia mirada del private dining con la Chef's Table, para la que aprovecha un primer piso con una mesa para 14 personas que incluye además una cocina a la vista donde el propio Gabriel Oggero elabora los platos frente a los invitados. "Quisimos sumar una propuesta más íntima y cercana, donde elaboramos un menú a la vista y lo acompañamos con vinos para cada paso. Es algo que nos pedían muchas empresas y clientes que necesitaban hacer eventos exclusivos", dice Gabriel. Allí es imposible no comenzar por las ostras frescas y silvestres traídas desde la Patagonia, servidas crudas, templadas con manteca de trufas, gratinadas con vino espumante o incluso empanadas en panko. Y luego seguir con el estilo mediterráneo que es marca registrada de Crizia, sea con pescados o con un tiernísimo cordero braseado. Al incluir la cocina en el espacio, también se abren nuevas posibilidades: comer las entradas de pie, directo junto a los fuegos, o incluso animarse a una clase de cocina in situ.
Cada restaurante suma su estilo, su personalidad y su cocina. Sea sushi en uno de los privados del clásico Nihonbashi en Congreso, pescados en El Muelle con la vista al Río de la Plata, carnes a la parrilla en La Cabrera o aprovechando alguno de los espacios de Elena, en el Four Seasons Buenos Aires, los restaurantes apuestan a convertirse en la opción ideal, entre el calor de hogar y la formalidad de un salón, para los mejores festejos privados.






