
Natalia Verbeke: un corazón dividido
Nació en Caballito, pero a los 11 años emigró a Madrid, y desde hace un tiempo es la más aclamada de la nueva generación de actores del cine ibérico. En esta charla íntima con la Revista, en la que resalta su acento castizo, repasa su vida, cuenta las penurias de estar escindida entre España y la Argentina, y se rebela contra el mote de sex symbol que se le adjudica
1 minuto de lectura'
Cuando frecuentaba la madrileña Real Escuela Superior de Arte Dramático, el lugar donde se formó como actriz, a Natalia Verbeke (Buenos Aires, 1975) siempre le caían papeles con un gran cuajo dramático: la doncella que Shakespeare emparejó fatalmente con Romeo o alguna de las heroínas trágicas que parió el ingenio teatral del poeta Federico García Lorca. Personajes reconcentrados y conflictivos que a primera vista parecen poco congruentes con el carácter efusivo y desacomplejado de esta joven radicada en España desde los 11 años y que en la Argentina cuenta con la popularidad difusa que le dio un papel secundario junto a Ricardo Darín en El hijo de la novia.
Viendo su look de Lolita un poco crecida y el ánimo risueño con el que prepara el personaje que la semana última comenzó a rodar en Buenos Aires para una producción hispano-argentina, donde más creíblemente se la ve a Natalia Verbeke es en un rol similar al que hace un par de años le permitió el ingreso en el exclusivo coto de las actrices de moda en España. "Una tontona rubia y sexy que busca dar una imagen inocente", dice la actriz al caracterizar su personaje en El otro lado de la cama, la que fue la película española más taquillera de 2002 y que el próximo jueves estrenarán los cines porteños.
Pero ya lo advierte el refrán: las apariencias... engañan. A poco de charlar con esta chica nacida en el barrio de Caballito, que ha cambiado aquel pelo rubio por una melena negra con flequillo cortado a tijera, enseguida empieza a barruntar el periodista cómo de larga es la distancia que media entre la psicología del actor y la de su criatura. Entonces se piensa que muy probablemente si la Verbeke ha lucido tan bien en algún papel de tontuela ha sido porque de tonta no tiene un pelo. Y que si le va tan bien con las comedias es porque ya el azar se ha encargado de hacerle vivir a su tiempo el revés del drama.
No caben demasiadas dudas cuando la actriz que acaba de darle réplica al mexicano Gael García Bernal en la no estrenada El punto sobre la i, una producción británica de amores triangulares, rebobina su película y cuenta lo que pudo representar para una niña de 11 años un viaje desde Caballito hasta Madrid. "Significó tener que crecer muy de prisa", dice en un aparte, mientras sus tres compañeros españoles se retratan para las futuras promos de El juego de la verdad, el film que los ha traído a Buenos Aires.
A la vuelta de los años, con el efecto disolvente que provoca el éxito y la felicidad -han sido once películas en poco más de un lustro y algún golpe de taquilla-, y más aún, con el temple que imprimen los malos tragos bien asimilados, la actriz argentina es capaz de hablar sin complejos sobre su infancia "poco convencional" y de admitir cosas que, como una anorexia adolescente, en principio no se estilan en el mercado de las chicas guapas. "Al principio me costó muchísimo. Estuve cuatro años viviendo en la Argentina en mi imaginación. Yo vivía en Madrid, pero era como si la vida me pasara por delante y hacía todo lo posible por mantenerme ocupada durante todo el día. Y cuando dormía, soñaba con que estaba en la Argentina. Sólo pensaba en regresar..."
De repente, algo se quebró en la cabecita de esa niña que se entretenía con lecturas de mayores -cuenta Natalia que el libro que más le impactó fue Sobre héroe y tumbas, de Sabato, que leyó a los 10 años-, algo que le hizo ver que la puerta de la cárcel estaba en realidad abierta. No logra identificar cuál pudo ser el lance que precipitó todo, pero sí le resulta meridianamente claro que en esa metamorfosis de mariposa hubo un recurso a la voluntad. "No sé cómo, hubo en momento en que me abrí... Porque evidentemente, eso de no encontrar mi espacio en Madrid era una cosa mía. Empecé a aceptar las cosas y a ser un poco más tolerante", recuerda esta hija de bonaerenses, ama de casa ella y dentista él.
Nadie lo diría viendo el desparpajo con se transforma ante la cámara, el guiño de su mirada pizpireta, la estampa procaz de sus labios carnosos haciendo piquitos, pero la Verbeke es una chica tímida. En realidad, ese humor suyo es tan convincente precisamente por eso: el rostro más bonito del cine español (Max Factor dixit) es una de esas personas que, en el dilema de enmascarar la timidez con discreción o descaro, optan por lo segundo. Es además una inmigrante absolutamente naturalizada, a la que delata el acento y una expresividad de diminutivos, fonemas interdentales y todo un repertorio de interjecciones castizas: hombres, pueses y claros.
¿Que qué le queda de argentina? Al menos tres cosas: ningún inconveniente para echar mano del psicólogo cuando se trata de resolver problemillas, los colores de River y cierta querencia a seguir escuchando a Piazzolla.
-¿Has imaginado cómo hubiera sido tu vida sin ese viaje a España ?
-Sí, lo he hecho mil veces, pero como me gusta mucho la vida que llevo ahora...
-Te quedas con lo que tienes.
-Creo mucho en el destino y en que todo ocurre por algo. Y pienso que si me tuve que ir a lo mejor era para poder cumplir mi sueño, que es lo que estoy haciendo ahora. Porque tal vez si me hubiese quedado no se me habrían presentado las mismas posibilidades...
-¿Ya te has acercado a Caballito?
-Todavía no. No me ha dado el tiempo. De todos modos eso requiere fuerza...
-Fuerza...
-Sí, porque me vienen demasiados recuerdos. Y ya me vienen sólo estando en Buenos Aires... El olor, la manera de hablar... Y volver al barrio requiere estar decidida y hacerlo. Porque fue una etapa muy hermosa de mi vida que se interrumpió.
-Hay quien dijo que te sientes más española que argentina.
-No, no. No me siento de ningún sitio. O mejor, me siento argentina y española: tengo un corazón dividido. Esta es mi ciudad, porque no he roto los lazos con ella, pero la mayor parte de mi vida la he hecho en España... Digamos que está todo muy dividido y que no puedo sentirme de ningún lugar porque no puedo dividirme yo. Así que soy de los dos.
-Por si acaso, el cine español ya se ha apropiado de ti como si fueses de allí.
-Me fui con 11 años de aquí. La mayor parte de mi vida la he vivido en Madrid... Y el cine que he hecho lo hecho allí. Cuando he venido a rodar a la Argentina han sido excepciones...
-¿Y no será que ahora que te va tan bien el cine argentino va a querer reivindicarte como propia?
-Me encantaría.
-El público local te identifica con el personaje la novia de El hijo de la novia. ¿Cuál crees que puede ser la película idónea para redescubrir a Natalia Verbeke?
-Pues El otro lado de la cama, que se estrena ahora. O El punto sobre la i, la película británica que se va a ver aquí el próximo año.
-¿Qué encontrarán de nuevo los que ya te conocen por la película de Campanella?
-Lo primero es que no me van a reconocer, porque tengo la manía de cambiarme el look para cada película que hago. Cuando consigan reconocerme, verán que lo que me gusta es cambiar mucho de registro. En El hijo de la novia, por ejemplo, hacía de una chica formal y seria, con un problema con su pareja, pero vista desde un punto más maduro. Y en El otro lado de la cama soy una tontona rubia, que busca mucho la imagen inocente y muy sexy...
-Siempre rescatas de entre tus films Jump Tomorrow, que hiciste en Estados Unidos y del que hablas maravillas. ¿Qué tiene para que te guste tanto?
-Lo primero, se trata de una película al estilo de Jacques Tati, que es un director que me encanta. Luego, que es muy naïf, con un sentido del humor muy british. Y está el personaje, que es tan tierno y que me toca mucho. Es la historia de una mexicana que no consigue encontrar su sitio en Estados Unidos, y que sueña todo el tiempo con volver a México. Me toca mucho porque es lo que me pasó a mí ...
-Ese sentimiento de desarraigo, ¿lo vives como una carencia o como un estímulo?
-A mí parece una riqueza. Sientes que tú corazón está dividido, pero en realidad no lo está, porque es un corazón para los dos países. Está dividido porque no hay otra, pero por dentro el sentimiento es que las tierras están unidas.
-Volviendo al viaje de Caballito a Madrid: no tuvo que ser fácil para una niña de 11 años...
-Mis padres nos dijeron muy claro cómo iba a ser todo. Nunca nos contaron fantasías para que nos fuéramos alegremente... Lo que más me costó fue saber que me iba a separar de la gente que quería, que mi vida ya iba a cambiar para siempre. Ser consciente de la muerte y del no volver a ver a alguien. Significó todo eso y tener que crecer muy deprisa.
-Esas cosas, ¿las pensaste en su momento? Porque son reflexiones más propias de un adulto que de una niña.
-En su momento. También mis hermanos eran conscientes de todo eso, porque todos hemos sido bastante maduros desde pequeñitos. Y tampoco se nos ocultó nada. Quizás ahora yo estoy volviendo a mi infancia, a lo mejor por no haberla vivido entonces... Fui una niña con un mentalidad que no era para mi edad. Yo de pequeña no iba a jugar como los otros niños. Lo que más me gustaba era ir a hacer ballet y leer. No tuve probablemente una infancia lo que se dice normal... Aunque no me arrepiento; y tampoco es que ahora eche algo en falta.
-En esos años sufriste un problema de anorexia...
-Tuve un problema... No gravísimo, porque no llegué a los extremos a los que se suele llegar, pero tuve un problema. La anorexia es un tema grave al que no se le presta mucha atención y que lleva a muchas personas a la muerte. No es una tontería de niños o adolescentes. Es un problema que hay que empezar a tratar, porque si no se trata puede durar para siempre... Por eso ha sido que conté lo mío... Se puede salir.
-Ese es el mensaje que te gustaría que quedase: que hay salida.
-Por supuesto que hay salida. Hay mucha gente que ha salido, miles de personas... Hay que ser valiente y decir: "Yo he tenido ese problema y se puede superar". Se necesita la ayuda de la familia. Y, obviamente, ayuda médica. Pero lo primero es reconocer el problema.
-¿Y qué pasó con el ballet?
-El ballet, que era una cosa que me encantaba, se convirtió en una obsesión al viajar a España. Probablemente, para no tener que enfrentarme a la realidad.
-El veneno del cine te lo inoculó ver a Vivian Leigh en Lo que el viento se llevó.
-Vivien Leigh era... ¡el personaje! Me volvió loca ese personaje tan fuerte, tan manipulador...
-¿Cuántos años tenías entonces?
-¡Uh...! Muy pequeña. Yo tendría 5 años. Fue al ver a esa mujer tan guapa que podía con todos los hombres...
-¿Qué tiene que tener un personaje para que te guste?
-Que me toque las tripas, que me haga reír y me haga llorar, que me angustie...
-Pero en tu filmografía hay mayormente comedias.
-Y no entiendo por qué. En la escuela siempre me daban los papeles dramáticos, que es dónde me siento más a gusto...
-¿Cómo te metes en el pellejo de un personaje? Dicen que sigues la técnica de un tal Meisner...
-La técnica se estudia y luego se olvida. Es como el padre nuestro: lo sabes de memoria, pero no lo recitas todos los días. Cada personaje se hace de manera distinta.
Intentar que Natalia Verbeke cuente qué artes utiliza para dar encarnadura a un papel es tiempo perdido. En pocas ocasiones pone tanta reserva la actriz como a la hora de conversar sobre su oficio. "Es que me cuesta mucho hablar de cómo me preparo: es algo muy íntimo", se excusa. A lo más que puede llegar el entrevistador es a que esta joven deseosa de rodar en la Argentina -aviso preferente para Aristarain, Mignona o Piñeyro- devele uno de los sortilegios que le permiten animar a sus personajes. Para interpretarlos, necesita primero identificar el perfume que los distingue.
-¿Y a qué huele el papel que haces estos días?
-A Angel, de Thierry Mugler.
Es posible pensar que hay en su estratagema algo de prevención: como si no quisiera que se confundiesen personaje y actriz. A fin de cuentas, en términos muy parecidos explica la Verbeke ese gusto camaleónico que la lleva a mudar de peinados y looks cada vez que cierra las páginas de un guión. "Actuar es jugar a disfrazarte como cuando eras niñito. Y cambiar es necesario: si no, una estaría haciendo de sí misma."
Certificar que la propia Natalia se sabe doble deja el alma mucho más tranquila. Hace un rato, durante la sesión de fotos para esta entrevista, se podrían haber visto dos personas: la fotogénica Verbeke y otra chica mucho más normal, que se hacía a un lado cuando el fotógrafo corregía el encuadre o la intensidad de luz; una chica sin la misma aura de estrella, pero quizá más encantadora y verosímil.
Antes de apagar el grabador, y para curarse definitivamente la incredulidad, este cronista se lo pregunta sin ambages a Natalia:
- ¿Y tú tienes algo ver con la chica que posa delante de la cámara?
-Nada. Nada que ver.
Para saber más
www.elpuntosobrelai.fox.es
www.publispain.com/nataliaverbeke
Talento de exportación
Por Fabiana Scherer
Durante los últimos dos años, el desembarco de talento argentino en España se transformó en un fenómeno al que hoy los medios españoles llaman boom. En busca de respuesta, la prensa hispana la encontró en la crisis económica argentina, y en la alta cotización del euro, la punta del iceberg. Una punta que no sólo hizo posible la inmigración de personajes de amplia trayectoria, sino que posibilitó la penetración de una nutrida oferta teatral en las marquesinas españolas. Este fenómeno encontró también en el cine una fuerte llave con títulos como Nueve reinas, El hijo de la novia e Historias mínimas. Sin embargo, esta intensa relación no es nueva y tiene como antecedente el exilio de actores, directores y técnicos durante la dictadura militar. Como el caso de Héctor Alterio, que se instaló en España luego de ser amenazado de muerte. El actor, cuya carrera fue homenajeada en la última ceremonia de los premios Goya, es uno de los pioneros de la lista que incluye a Federico Luppi, Miguel Angel Solá, Darío Grandinetti, Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín, Cecilia Roth, Oscar Martínez y directores de la talla de Adolfo Aristarain.
Vida y milagros
- Natalia Verbeke nació en Buenos Aires, en 1975. Vivió en el barrio capitalino de Caballito hasta los 11 años, y a esa edad se trasladó a Madrid en compañía de sus padres y sus dos hermanos.
- Sus primeras inquietudes artísticas la encaminaron hacia el ballet, disciplina que practicó ininterrumpidamente durante más de 15 años.
- Durante cuatro años estudió actuación en la madrileña Real Escuela Superior de Arte Dramático. Su irrupción en el cine llegó con un protagónico en el film español Un buen novio (1997), dirigido por Jesús Gutiérrez.
- Hasta la fecha ha participado en once películas. Sus mayores éxitos han sido El hijo de la novia, de Juan José Campanella, y El otro lado de la cama, la película española más taquillera de 2002, que ahora se verá en Buenos Aires.
Agradecimientos: peinó Diego Lacasagne para BCN Peluqueros con productos Tiggi. Maquilló Victoria Santillán, 15-5619-7562. Asistente de producción: Rosario Perazzo






