
Padres de hoy
En el universo de hombres de esta época, cada vez son más los que se comprometen con la crianza de sus hijos y, especialmente, con el afecto que les dan: más abrazos, más caricias y ternura
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Hay padres casados y solteros. Padres separados, adolescentes y viudos. Padres que encuentran problemas para ver a sus hijos, que ya tuvieron hijos y van por más en la mitad de su vida; padres que adoptan, padres que ni se enteran de que son padres. Hay padres abiertos y cerrados. Padres cariñosos, desilusionados, comprometidos, castradores, irresponsables, odiados, miedosos, buena onda, desocupados, trabajólicos. Padres, como siempre, pero modelo 2003.
-Yo no sé qué haría sin él, es la mejor madre del mundo -dice Julia Gawland y tuerce su mirada hacia Rodolfo Prayon, su marido desde hace diez años. Juntos tienen dos hijos, Thomas, de 10 años, y Michelle, de 8. Además, él es padre de dos más de su primer matrimonio, que andan por los 30. Este giro que dio su vida lo tiene feliz. Dice que los chicos son vasos comunicantes que le dan energía para vivir y entender la realidad.
Alto, rubio, deportista, enemigo de revelar la edad, no pone límites, pero a las 8.30 a la cama. Sin chistar. Parece un hombre de pocas pulgas. Pero las apariencias engañan. Sabe coser, cuenta que cocina bárbaro y fue el especialista en dormir a los chicos cuando parecía que llorarían toda la noche.
Los lleva al colegio, hace la tarea con ellos y estuvo en el parto de la última porque se lo pidió su mujer. Pero no se lo recomendaría a nadie. Para él no hay fórmulas de paternidad; "cómo puede ser que los críes igual y después sean tan distintos", se pregunta.
Con los dos primeros pasó menos tiempo, pero tuvieron una mejor situación económica. A Thomas y a Michelle los disfruta más. Tiene tiempo para ver que ahora los chicos tienen más información, que son más rápidos.
-Hace poco, mi mujer estuvo muy mal. El día que la iban a operar, mi hija más grande se los llevó a su casa con cualquier excusa. Cuando volvieron Thomas se dio cuenta y me dijo: "Me engañaste".
Cambia, todo cambia
Hace no mucho, cuando la mujer se quedaba en casa y el padre era un auténtico proveedor, las familias repetían más o menos un esquema parecido: una figura masculina dominante a la que el resto de la familia se acomodaba.
Pero las cosas cambiaron un€ poco y los padres de esta época participan más de la crianza y de las responsabilidades del hogar.
José Töpf, profesor titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, dice sobre la paternidad en estos tiempos:
-El modo de vivir la masculinidad del padre es muy distinto ahora que hace cincuenta años o incluso veinte. La concepción de que el hombre no se emociona, no llora, no tiene debilidades, se transmitía por la actitud paterna autoritaria. No hables en la comida, no dejes ese bocado en el plato. Ese modelo ya no corre más.
Mario Ignacio Brodsky, pediatra desde hace treinta años, insiste en la presencia del padre en la crianza. Dice:
-Puedo afirmar que hay una categoría de padres -los que él atiende se inscriben en una clase media con formación- con una disposición a ver en ellos los aspectos maternales. Esto no tiene que ver con ayudar a su mujer a lavar los platos, sino con la ternura, con el contacto corporal que antes se resumía en la mujer.
Quizás antes los padres besaban menos y acariciaban poco. Mariano Thieberger no pertenece a esa época. Los viernes a la mañana lleva a Paula, su hija de un año y cuatro meses, a una pileta para bebes en Belgrano.
La cambia en un cambiador, le pone una malla verde mientras ella se chupa el dedo, y al agua pato. Son 45 minutos sólo de ellos dos. Ella chapotea, grita, aplaude, saluda. El la levanta en el aire, la besa como se besan € los esquimales, la recibe cuando la profesora la tira de cabeza. Le habla y ella lo escucha aunque entienda poco. Y la mira con cara de amor total, incondicional, ese que -dicen- sólo existe entre padres e hijos.
En una clase de cinco adultos con niños, tres son padres.
-Vienen muchos papás. Con tantos trabajos independientes, se acomodan los horarios más que antes -dice Mariana, que trabaja en el lugar.
En todo caso, el nombre matronatación, ¿ya es obsoleto?
Los miedos de los padres hoy pasan por la falta de ilusiones y, a veces, de un proyecto de vida.
-Se vive al día y el padre no puede transmitirle confianza en el futuro ni seguridad básica. Además, ve que los hijos de sus amigos se van del país y eso puede sucederle a él -comenta Töpf.
Algo así siente Gustavo De Oliveri, un obrero de 20 años que vive en San Miguel:
-Cuando lo sostengo en mis brazos, cuando lo miro a los ojos, siempre me vienen las mismas preguntas: ¿qué futuro le tocará?, ¿hasta dónde podré ayudarlo?, ¿podré darle todo lo que yo no tuve? Porque... la verdad... no me asusta ser padre, me asusta su futuro en un país que no te ayuda a proyectar.
El pianista Adrián Iaies, viudo, con dos hijos, también siente el peso de la responsabilidad económica. Sobre todo porque el trabajo de músico es inestable.
-Ya no acepto que me paguen mal, por ejemplo. Y cuido más el dinero y la salud. Soy consciente de que dependen de mí.
Enviudó hace un año y tuvo que reorganizarse y, sobre todo, definir prioridades.
-Al principio no me daba cuenta. Pensaba: tengo que dar una clase, prepararme para tal concierto y, además, llevar a Laura a canto y a Martín a piano. Obviamente, no podía con todo. Hasta que me pregunté: ¿qué es lo más importante de mi vida? ¿Qué es lo único que no puedo dejar de hacer? La respuesta es ellos. Primero.
Sí, confiesa que muchas veces se siente un remisero de tanto llevarlos, traerlos, esperarlos. Pero así es el juego y lo acepta, y aprovecha para conversar, € para conocerlos, para mirarlos.
Dice que su familia no es una familia a la que le falta alguien. Es una familia. Punto.
De insólito a cotidiano
Hace cuarenta años, el chico que tenía a sus padres separados lo ocultaba, tenía vergüenza. Era un hecho insólito, inexplicable. Hoy es una condición muy habitual, particularmente en las ciudades.
El modelo de Hernán Caputo, de 35, fue el tradicional. Sus padres estuvieron casados durante cincuenta años. Pero él está separado y tiene a Renata, de tres años y medio.
- Estoy practicando un modelo nuevo. A mi padre lo tenía todos los días en casa, pero estaba muy poco.
Según Töpf, el modo de ser padre se modificó. Hoy, el padre se anima a hablar con el hijo cosas que con su padre no habló. Dudas sexuales, religiosas, que antes ni siquiera se mencionaban en la casa.
Recuerda Prayón sobre sus años mozos:
-Cuando yo era chico, si un adulto te daba un chirlo estaba bien dado. No había vuelta que darle. Una vez fuimos con una empleada al cine a ver una película de Pluto, y yo, como chiste, dije fuerte put.... en lugar de Pluto. Y ella me dio un bife. Cuando llegamos a casa, le conté a papá y le dio la razón a ella.
En aquella época, los chicos comían primero y los grandes más tarde, había menos diálogo y la mesa del comedor era para ocasiones especiales, igual que los sillones del living.
Los límites ya no son tan rígidos y si en otro tiempo se hablaba de M’ hijo el dotor, éste se acomoda más al tema que cantaba Baglietto que dice: "Mis hijos serán trompetistas o no serán".
Rodolfo Prayon
Publicista
Prayon defiende el deporte con fuerza. Será porque su padre era basquetbolista y su abuelo, campeón de salto en largo. Lo suyo es el rugby, que lo comparte con su hijo Thomas.
Cree que el deporte es esencial en la educación de un chico.
-Es la mejor manera de que tenga una mente sana. En un partido se repiten situaciones de la vida. Por ejemplo, un juez que te cobra una falta que no corresponde y no podés hacer nada.
Hernán Caputo
35 años, empresario
Nunca se casó, pero convivió con la mamá de su hija Renata un tiempo y luego se separó. Hoy vive su rutina de tenerla con él dos veces por semana. Hasta hace un tiempo eralos fines de semana, pero como trabaja de noche no podía disfrutarla, estaba muy cansado.
Entonces lo cambió por los lunes y martes, con todo el tiempo y la energía para estar pendiente.
-Así como a veces es divina, otras puede ser un pequeño dictador que te lleva y te trae como quiere.
Al principio le costó, pero cuando empezó a hablar todo se hizo
más fácil. La va a buscar al colegio, ella le cuenta lo que hizo o le dice: "Nada", y no cuenta.
Le prepara ravioles, su comida preferida, y la lleva a jugar a Niceto, su lugar de trabajo, cuando no hay nadie, salvo los empleados.
-No tiene una familia tradicional, pero tiene una gran familia de amigos que la quieren y cuidan.
Adrián Iaies
42 años, pianista
Su mujer, Viviana, murió hace un año después de una larga enfermedad. Hoy, Adrián tiene una obsesión (además del piano, claro): que sus hijos Martín (de 12) y Laura (de 9) no recuerden esta época como una de abandono.
-Ok. Se murió la madre. Pero estamos juntos. Somos una familia.
Los lleva al médico, lee el cuaderno de comunicaciones y decide.
- Cuando tenés un hijo cada día decidís algo que afecta su vida. Yo escucho a todos, pero la decisión final es mía. Me ayuda pensar qué hubiera hecho Viviana en esta situación.
-Le gusta compartir la música con sus hijos. Hace poco empezó a ir a recitales con Martín y ya le mostró discos viejos de Charly García.
- Los pibes no lo conocen, piensan que el rock empezó con Los Piojos.
Con Laura fue al recital de Shakira, que no es su artista preferida, pero disfrutó la salida.
José María Bouza
47 años, empresario
La imposibilidad de convivir con su hija Andrea, producto de la decisión de su ex esposa de negarle todo contacto con ella durante tres años, lo llevó a crear, en 1988, la Asociación de Padres Alejados de sus Hijos (Apadeshi), asociación civil sin fines de lucro que agrupa, en forma orgánica y jurídica, a papás y mamás que han sido obstruidos en la relación filial con sus hijos menores, en forma ilegal y arbitraria por la acción del otro progenitor.
-Tratamos de evitar que el niño, por el tironeo de sus padres y el lucro del entorno jurídico, quede partido por la mitad o usado como arma de un padre contra el otro.
Las consecuencias de esta irracionalidad -describe Bouza- son nefastas. Estas se traducen en adicciones, abandono del hogar, prostitución, desorientación en su identificación sexual, repetición de la historia con futuros hogares desechos. Y también es tremendo el daño moral, psíquico y económico inferido al progenitor al cual se le priva de sus hijos. Luego de tres años de ausencia, Bouza recuperó a su hija -hoy de 20- y pudo recomponer el vínculo padre-hijo.
Mariano Thieberger
34 años, periodista
Desde que empieza hasta que termina, el lunes, todo, es Paula, su hija de un año y cuatro meses. En general prefieren salir. Van a la calesita de la plaza o a los jueguitos del shopping. Pasean.
-Yo soy tímido y ella, para nada. Le gusta hablar con la gente. Saluda a todo el mundo y me gusta ver lo sociable que es.
Con su mujer, Verónica, tienen las tareas bien repartidas. Los dos entran a trabajar a mediodía y podrían dormir hasta tarde. Pero Paula no los deja. Entonces decidieron que cada día se levante uno. ¿Hoy a quién le tocaba? A veces se olvidan, pero enseguida lo resuelven. Vale pedirse días prestados, pero ojo, después se devuelven. No, sin intereses.
Si se levanta en la mitad de la noche, también se turnan. Pero son otros turnos distintos a los de la mañana. Como se ve, todo está muy organizado y, dicen, da resultado.
Emilio Paz
34 años, empleado
Si fuera un varón jugaría a la pelota, pero Azul (de 7 años) es una nena y a Emilio Paz le toca jugar a las barbies.Emilio y la madre de Azul convivieron dos años después que ella nació. Y se separaron, pero intentan llevarse bien. La nena vive con la mamá y él la ve los fines de semana. De todas formas extraña el día a día y tiene el sueño de vivir con ella.
Los padres de Emilio fueron sobreprotectores, él trata de evitarlo. Le gusta verse como un guía. Siempre se acuerda de una anécdota que hoy le da risa, pero cuando fue chico le dio vergüeza.
-Había una chica de la escuela que me gustaba. Un día me puso una cartita en el saco para que nos encontremos. Cuando llegué a casa, mi mamá guardó el saco y la vio. No me dijo nada y le habló a mi viejo para que me siguiera porque quién sabe me podían secuestrar. El me siguió hasta que cuando estaba por llegar me di cuenta y me morí de bronca, además de ponerme rojo. A la chica nunca la vi, obvio.
¿Qué querés, papá?
Por Eduardo de la Puente
¿Qué querés para el Día del Padre? es una frase que temo. Porque mi mujer siente, como cualquier adulto, que es necesario ponerse con un presente. Y mal no está. Pero la respuesta de Martín fue contundente: "Te hago un dibujo donde estén Eloy y Dexter (nuestros perros), mamá, papá, yo, la tía, el tío y Agustina (su primita)".
¿Qué más?
Ya tendrá tiempo de pensar en garpar culpas con otra cosa. Ya aprovecharé yo, para cambiar el DVD. Pero, a sus tres años y me-dio, aún recuerda que el va-lor de lo hecho con amor es altamente superior al de cualquier re-galito caro.En mi estudio reposa, colgado en una pa-red, el collage que me hizo para el Día del Padre anterior, con un feliz día, papá garabateado y un montón de Hombres Araña recortados de decenas de revistas pegoteados en un papel. El pibe había registrado mi fanatismo por Spiderman y el regalo nació por iniciativa propia. Ese fue más regalo que el trabajito en sí. Ser padre me obligó a ser chico de nuevo. ¿Se fijaron que estos petizos prefieren jugar con una botella de agua mineral vacía que el juguete que uno le acaba de regalary por el que pagó un montón? Me pasa lo mismo.
El autor es conductor del programa de TV CQC






