Palabras fuertes

El lenguaje es un universo insondable e infinito para cualquiera, aunque no haya sido bendecido con el genio del poeta
Cecilia Absatz
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9 de febrero de 2014  

Hace unos cuantos años (1988) el Diario de Poesía, dirigido por Daniel Samoilovich, publicó un dossier sobre el poeta W.H. Auden. Entre otros artículos incluía un trabajo notable del escritor ruso Joseph Brodsky (Premio Nobel de Literatura 1987) llamado Complacer a una sombra . Brodsky analiza varios textos de Auden, y en especial un poema, En memoria de W.B. Yeats , que la revista reproduce con traducción de J.R. Wilcock.

Un fragmento dice: El tiempo que es intolerante / con los valientes y los inocentes / e indiferente en una semana / a un físico hermoso // adora al lenguaje y perdona / a cualquiera que vive por él; perdona la cobardía, la arrogancia, / pone sus honores a sus pies. Brodsky cuenta que se quedó horas sentado en su cabaña, preguntándose si había comprendido bien las palabras de Auden, puesto que todavía luchaba, diccionario en mano, con el idioma inglés.

Brodsky no podía creer que Auden hubiese escrito el tiempo… adora al lenguaje , porque según él adorar es una actitud de lo más pequeño a lo más grande. Si el tiempo adora al lenguaje, reflexiona, quiere decir que el lenguaje es más grandioso, o más viejo que el tiempo, el cual, a su vez, es más grandioso y más viejo que el espacio.

Brodsky se rehusaba a creer, lo cito textual, que un poeta inglés hubiera escrito el tiempo… adora al lenguaje , y que aun así el mundo a su alrededor siguiera siendo lo que es.

El lenguaje, por cierto, es un universo insondable e infinito para cualquiera, aunque no haya sido bendecido con el genio del poeta: de hecho, tal como dice Auden, perdona la cobardía y la arrogancia y aun así pone los honores a nuestros pies. El lenguaje nos llena a veces de felicidad y por momentos nos ofende con el horror. Pero siempre nos ofrece nuevos costados para explorar. El escritor y lingüista Héctor Zimmerman publicó tiempo atrás un fascículo apasionante sobre la palabra como acción. Se refería al tipo de palabra que trasciende la mera expresión física del vocablo, dscriptiva, especulativa, tal vez innecesaria o compasiva, para convertirse en una acción en sí misma.

Es decir: hay palabras que van más allá del conjunto de letras que las forman y significan más que su oferta semántica. Una palabra como perdón , por ejemplo, es un acto en sí mismo: quien la dice hace algo más que formularla, expresa una actitud personal más comprometida que su mera pronunciación. Por eso mismo, tal vez, a mucha gente le cuesta tanto decirla. Amar, perdonar, jurar, prometer son acciones condensadas en palabras, acciones que representan la voluntad deliberada de quien las dice, y que se distancian de la conversación trivial. La palabra gracias es una acción, que muchos se abstienen de ejercer. El uso de estas palabras implica una tarea, un ejercicio espiritual, un compromiso personal. Es la jura de los funcionarios sobre la Biblia, los votos de los novios ante el altar, el acto necesario para la reconciliación, la bendición de los padres a los hijos, la devoción a Dios. Aunque parecen palabras, nada más, representan uno más de los misterios del lenguaje, que según Auden, es más grande que el tiempo y más viejo que el espacio.

A propósito de Joseph Brodsky: nació en Rusia en 1940, y a los 24 años fue condenado a dieciocho meses de cárcel, acusado de parasitismo cultural , porque al preguntarle en el juicio cuál era su profesión, contestó que era poeta. En 1972 fue expulsado de la Unión Soviética y se instaló en Estados Unidos. Uno de sus poemas dice: De todos los prodigios que nos donó el abismo/ sólo te sirve el desinterés de tu mirada, / y eres feliz, y a pesar de todo / sigues viviendo. Pero en esta primavera / tenemos tan pocos pájaros, que deberías anotar sus direcciones / en tu libreta, y sus nombres en el santoral.

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