Perros y gatos: también sufren los cambios de temperatura; consejos para cuidarlos
Resfríos, rinitis, tos y dolor de garganta. El comienzo del otoño y las variaciones en la temperatura pueden influir negativamente no sólo en la salud de las personas, sino también en la de los perros y los gatos que pueden padecer patologías propias de este período del año. En nuestro país, se estima que las mascotas pasan más de la mitad de su tiempo adentro de sus hogares en donde predomina una temperatura agradable, diferente a la exterior.
¿Cómo evitar entonces que se enfermen cuando salen? "Ante todo manteniendo en forma correcta y al día la profilaxis sanitaria, la vacunación y la desparasitación interna y externa. De igual forma es importante ofrecerle al animal una alimentación equilibrada, adecuada y de calidad. Con esto ayudaremos a que nuestros perros y gatos afronten más fortalecidos este período del año y las consecuentes bajas de temperatura", asegura Celeste Kambourian, Asesora Técnica de Vitalcan.
Somos lo que comemos, y los perros no escapan a esta regla. Una alimentación basada en las demandas del organismo tanto para las bajas temperaturas como para las diferentes etapas de la vida de los perros y gatos hace la diferencia entre un poderoso o débil sistema inmune. "De proteínas y agua estamos formados y los animales también. Entonces, una ingesta de calidad permite al organismo sintetizar (elaborar) células y anticuerpos que van a defenderlos de microbios en cualquier estación, pero más en el invierno donde las primeras barreras de protección del cuerpo suelen debilitarse por el frío. Por eso es muy importante también la vacunación, ya que permite al organismo anticiparse a la presencia de virus o bacterias dando una respuesta mucho más rápida y efectiva", agrega el médico veterinario Baltazar Nuozzi.
¿Cuáles son los más susceptibles a enfermarse? Los cachorros (menos de un año de edad); los ancianos ( más de 8 años); los adultos con enfermedades (como diabetes o cáncer); los perros y gatos no vacunados, no esterilizados y con hábitos callejeros y los animales mal nutridos (baja condición corporal u obesos).
- PERROS. Durante los paseos diarios, los perros se enfrentan a cambios repentinos de temperatura. En ellos, las enfermedades respiratorias son consecuencia de los enfriamientos y diversas bacterias que se encuentran en el ambiente. Especial atención hay que tener con la "tos de la perrera", una enfermedad que se contagia a través del aire, por medio de tos o estornudos, y que afecta principalmente a grupos de varios perros cuando están juntos. El primer síntoma, que suele ser imperceptible para los humanos, es que los perros comienzan a comer menos porque hay una inflamación en la garganta y eso les provoca dolor. Luego comienza a evidenciarse la característica tos seca acompañada de fiebre y decaimiento. Cuando el cuadro está más avanzado, el perro empieza a expectorar flema (blanca, espumosa), lo que a veces se confunde con vómitos. Aparece especialmente en perros que quedan en pensionados o salen con paseadores que no exigen la vacuna como requisito.
"En todos los casos, la recomendación es evitar paseos; no incitar a realizar actividad física; evitar el contacto con otros perros y acudir lo antes posible a la consulta médica. Cuando la afección es leve -y el profesional permite los paseos cortos para que el animal haga sus necesidades-, se recomienda utilizar un arnés, en vez de collar, para no irritar más la zona laríngea", aclara la especialista de Vitalcan.

- GATOS. En los gatos, una de las afecciones que mayormente se presenta con la llegada de las bajas temperaturas es la llamada "gripe felina" (Herpes virus felino, FHV). Sus síntomas incluyen estornudos, descarga nasal y ocular, conjuntivitis, pérdida de apetito, fiebre y depresión. La recuperación completa puede llevar varias semanas y en algunos casos se mantienen secuelas de la infección, como cuadros de rinitis crónica. "Es común que esta enfermedad aparezca en refugios, pensionados o criaderos durante otoño e invierno. Es una afección que suele propagarse fácilmente de un gato a otro con el contacto directo y si bien una vez fuera del cuerpo el virus no vive más de dos días, también es importante estar atento a la higiene de la ropa de cama y los juguetes", indica Kambourian.
También en otoño suele aumentar el número de casos con Complejo Respiratorio Felino, una afección que afecta el tracto respiratorio superior de los gatos y trae aparejada una serie de enfermedades adicionales, que pueden presentarse en forma conjunta o separada. Los síntomas más comunes son la rinitis, la conjuntivitis, la queratitis, las úlceras corneales, la estomatitis, la gingivitis, la hipersalivación, la anorexia y el aumento de temperatura, entre otras. Este grupo de enfermedades se previene con la dosis anual de la vacuna Triple Felina. Los animales alguna vez expuestos a estos agentes tienen grandes posibilidades de permanecer como portadores de por vida y por eso es el especialista el que evaluará qué tipo de tratamiento hay que seguir en cada caso.
Los gatos que viven en casas y departamentos pero que tienen la costumbre de salir a dar paseos y explorar los terrenos linderos son los que mayor riesgo tienen de contagio ya sea porque se exponen al contraste de temperaturas dentro/fuera de la casa o porque se encuentran con gatos callejeros portadores de alguna enfermedad. El contacto directo con otros, a través de estornudos, salivación, secreciones nasales y oculares son disparadores de un posible contagio, además del hecho de compartir la comida, el agua o espacios comunes con gatos afectados. Pero los que nunca salen de sus casas tampoco están exentos de correr riesgo. "En estos casos aparece el cuadro porque las personas vacunan al principio y luego se relajan porque su gato no sale, sin saber que el virus que ocasiona la enfermedad respiratoria viaja con ellos en la ropa o zapatillas. La clave para los humanos que tienen animales es la prevención y la consulta temprana. Y para nosotros los veterinarios es la educación hacia una tenencia responsable e inteligente", asegura Nuozzi.
Refuerzo extra
Aunque recientes estudios muestran que en los últimos veinte años, precisamente en los que se popularizó la alimentación basada en balanceado, aumentó la expectativa de vida, a nivel mundial hay un amplio debate que se generó en torno a la conveniencia -o no- de alimentar a los perros y gatos solamente con este tipo de productos de por vida. "Por supuesto, hay otros factores en conjunto, como mayores cuidados, medicina veterinaria más avanzada y mejor acceso a muchas alternativas que hoy nos permiten ocuparnos de los animales desde diferentes disciplinas", asegura Ingrid Stein, veterinaria de DogHero. "Particularmente soy una partidaria de ofrecer al animal una alimentación natural, con alimentos frescos, mínimamente procesados o no procesados y de preferencia orgánicos. Creo que es la mejor opción a largo plazo para garantizar su salud. Pero eso no quita que la alimentación con balanceado comercial, de buena calidad, sea mala", agrega.
¿Cómo se puede suplementar entonces la dieta de estas especies para reforzar su sistema inmune? En el caso de los gatos, carnívoros estrictos, hay que tener en cuenta que en estado salvaje sólo se alimentan de presas "y, en consecuencia, del contenido en el intestino de esas presas, que entonces se convierte en la única forma de vegetal en su alimentación. Por eso, si un gato es alimentado sólo con balanceado, no tendría muchos alimentos para fortalecer su sistema inmunológico. Se pueden incluir algunos complementos en la dieta, aunque muchos gatos no los aceptan. El ideal sería mantener una alimentación natural, hecha en casa o comprada en lugares especializados, y luego incluir complementos, como la zanahoria, el aceite de coco, la cúrcuma y la pimienta del reino, que ayuda a la absorción de la cúrcuma. Todo en pequeñas cantidades", explica Stein.

En el caso de los perros, hay una gran variedad de frutas, verduras y semillas que se les pueden ofrecer: batata dulce (siempre cocida), manzana, banana, tomate, coliflor, maní (sin sal o azúcar), mango, calabaza, nueces y sandía. Siempre hay que retirar las cáscaras y todas las semillas, ya que muchas son tóxicas y pueden hacer que el perrito se ahogue. Es importante recordar también que nada puede ser dado en exceso: pequeñas cantidades de estos alimentos son suficientes para dar nutrientes al perro y dejarlo satisfecho.
Hay alimentos que suelen estar al alcance de los perros y que son peligrosos para ellos. "El café, el chocolate, el ajo, la cebolla, la pasa de uva, la uva, el carozo del durazno, la semilla de manzana, la palta, la nuez, la patata inglesa (principalmente cruda), el tomate, la berenjena y los pimientos son tóxicos o potencialmente tóxicos (pueden causar intoxicación de acuerdo con la cantidad ingerida)", indica Stein.
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