¿Por qué entramos en "modo espera"?
Desde ahora y hasta marzo, la mayoría de la gente entra en una pausa que abarca factores económicos, laborales y, sobre todo, emocionales
1 minuto de lectura'

Hace tiempo que la relación está quebrada. "En un punto muerto", define ella. El final parece inminente. Está convencida de que su pareja tiene fecha de vencimiento, pero... ¿separarse ahora, con las Fiestas a punto de empezar y las vacaciones asomando en un horizonte cercano? "No me da plantearlo ya, sobre todo por los chicos, con Navidad y Año Nuevo tan cerca. A todos -incluida a mí- nos pegaría muy mal. Y tampoco es que en casa el aire es irrespirable, la verdad es que no es que nos estemos matando. Simplemente la relación no da para más, se terminó el amor. Después de pensarlo mucho resolví irme de vacaciones y separarme después", cuenta Carla M. mientras cierra un paquete all inclusive al Caribe -probablemente las últimas vacaciones que pase en familia- que, paradójicamente, seguirá pagando muchos meses después de consumar su divorcio.
Desde hace aproximadamente un mes, y sin que nadie lo advierta de forma explícita, entramos en un estado psicológico que muchos especialistas definen como "modo standby". A partir de octubre y hasta marzo, la mayoría de las personas ingresa en una especie de parálisis y evita tomar decisiones importantes de vida, como mudarse, cambiar de trabajo o separarse.
La excusa es la inminente llegada de fin de año, que actúa internamente como un catalizador que retarda la toma de decisiones y hace posible que estos meses transcurran sin que haya cambios significativos en nuestras vidas. "No me voy a separar ahora, me voy de vacaciones y después veo", "¿mudarte? Esperá unos meses hasta que empiece el año", "no irás a cambiar de trabajo justo en noviembre", son algunas de las frases típicas de esta época del año.
Probablemente todos podamos reconocernos en alguna de aquellas situaciones. Pero ¿por qué se da esta limitación psicológica? Según la socióloga Graciela Chiale, "la inacción que caracteriza a este período standby que empieza hacia fines de octubre puede darse tanto por motivos individuales como sociales", sostiene. "Entre las influencias sociales, están las relacionadas con la política y la economía. La idea de caminar con pies de plomo, por las dudas de que pase algo está muy difundida. Y entre las individuales, sin duda la finalización de un año y el inicio de otro está atravesada por las Fiestas y las vacaciones. La primera suele ser movilizante porque los conflictos familiares se agudizan o actualizan en estas celebraciones, y en la segunda la soledad puede ser patética", plantea la autora de Procastinación: el arte de postergarse en la vida.
"El final del año, el comienzo de un Año Nuevo, el inicio del año laboral, son convenciones compartidas por la sociedad. Son momentos que parecen indicar un comienzo o un fin de algo, y entonces es un tiempo propicio para plantearse algún cambio de tipo personal, familiar o laboral. Pero una cosa es plantearlo y otra es cambiar realmente", dice la psicóloga Cristina Benchetrit, directora de Espacio Olazábal, un centro terapéutico focalizado en terapias breves.

La inminente llegada de las vacaciones termina por hacer añicos ese deseo de cambio. "Típicamente irse de vacaciones es un momento en el que uno no quiere complicarse la vida, y entonces es una buena justificación para no hacer cambios que puedan implicar algún dolor o incomodidad -sostiene Benchetrit-. Por eso la gente resuelve tomarse las vacaciones y a la vuelta ver qué sucede (si seguimos juntos o no, por ejemplo). Aunque pensar así tiene algún sentido -algunos confían en que la pareja puede mejorar por el efecto mismo de estar de vacaciones-, es poco probable que ocurra. Pero aun así resulta una excelente excusa para poner en standby cualquier decisión importante o idea innovadora".
Sin embargo, entrar en modo standby no es equivalente a procastinar. El primero es un estado que está asociado a la época del año y tiene que ver con decisiones importantes de vida como separarse, mudarse o cambiar de empleo, mientras que el segundo es un comportamiento propio de la persona, que posterga tareas sistemáticamente. Aunque sin duda el modo standby es un estado que se agudiza entre los que tienen tendencia a procastinar, lo cierto es que entrar en ese estado no es nada difícil, sobre todo porque muchas veces es el mismo entorno el que está inmerso en esa situación.
Mientras la procastinación está relacionada con una cualidad no deseada (dejar de hacer sistemáticamente algo que no nos agrada), el modo standby se asocia con la prudencia y la cautela, que cuentan con mucha mejor imagen. Según Chiale, "la diferencia entre procastinar y entrar en el modo standby está dada en que en la primera, la postergación puede perpetuarse. De todas formas el límite entre ambas es difícil de marcar a priori, ya que para algunos el standby puede llegar a extenderse después de marzo".
Para la médica psiquiatra Graciela Moreschi, autora del libro Con el reloj en el cuerpo, existe una enorme diferencia entre la procastinación y el modo standby: "La diferencia es enorme, la procastinación es un síntoma, es posponer lo que uno debe hacer, lo cotidiano, y esto es poner una pausa que tiene que ver con el momento del año, con estar en concordancia con el afuera. Quien pone en standby un proyecto, no está dejando para mañana todas las actividades cotidianas. En cambio, el procastinador está postergando todas sus tareas", diferencia la especialista, que define el modo standby como "un parate necesario".
"Tenemos un reloj en el cuerpo, un ciclo circadiano que es diario, pero también uno anual que está relacionado con las estaciones y también al ciclo social. En el hemisferio sur, fin de año coincide con la primavera, que sería un período de comienzo, pero a nivel social, cultural, las actividades van cerrando el ciclo, todo se prepara para las vacaciones -sostiene-. Incluso para mudarse, la gente cree que en verano habrá menos ofertas, igual que para empezar cualquier proyecto individual. Hacia esta época del año la persona está agotada, con energía de cierre y ve que en el entorno social ocurre lo mismo", describe Moreschi.

En este sentido, Chiale asegura que en esta época del año la energía en baja se retroalimenta entre instituciones e individuos. "Es indudable que las decisiones empresariales influyen en las decisiones de las personas. Se produce un efecto contagio y es entonces cuando la actitud de inacción queda socialmente internalizada. La postergación de hacer cosas importantes o evitar tomar decisiones fundamentales parece haberse expandido fuera del ámbito empresarial", analiza la socióloga.
Paula Pereira directora de Brainstorm Multimedia (www.brainstorm.com.ar), una agencia de comunicación con foco en lo digital y las redes, ya percibe en su entorno laboral esa "energía de cierre". A punto tal que este año decidió no tomar clientes nuevos porque a estas alturas del calendario, los que se acercan para armar un proyecto lo hacen pensando en marzo.
"Lo que suele pasar es que como profesional uno le pone todo el empuje, le presenta varias propuestas y después de algunas reuniones el cliente te dice: «Ya no tengo presupuesto, hagamos algo tranqui, mejor lo dejamos para marzo». Ya nos ha pasado muchas veces, entonces, decidimos no tomar clientes nuevos y enfocarnos en los que tenemos para mantener la calidad -sostiene-. Lo que sucede en las empresas es que todo se maneja con presupuestos anuales, y en general los cartuchos se queman en los primeros seis meses del año. Sabemos que a nivel social uno está mejor predispuesto para empezar proyectos en la primera mitad. Y en las empresas pasa lo mismo, esos nuevos productos o servicios que quieren comunicar son en la primera mitad del año".
Sin embargo, hay quienes en medio de este entorno de inacción generalizado deciden romper con el modo standby e inician proyectos propios sin mirar el calendario. Como Cecilia "Cepi" Fernández, que renunció a su trabajo de ocho años en el área de Recursos Humanos de una empresa de entretenimiento y decidió empezar un proyecto propio, Bora Bora Moda. Se trata de un showroom (también se puede comprar online) de ropa y maquillaje que, a pesar de los cuestionamientos y las alertas que se activaban desde su entorno más cercano, comenzó a funcionar hace menos de un mes.
"Era una idea que la tenía hacía un tiempo y ya no quise estirarla más. ¿Para qué? Sentía que era el momento de renunciar a mi trabajo en relación de dependencia a pesar de que muchos me aconsejaban que esperara a que pasaran las vacaciones o me decían que no era el mejor momento para quedarme sin trabajo. «¿Y cuándo lo es?», contestaba yo. Para mí, esos motivos me impulsaban más, todo lo que me decían yo lo veía como un motivo más para irme y empezar mi proyecto y por ahora estoy feliz con la decisión que tomé".
Mudarse es otra de las cosas que -salvo que sea estrictamente necesario por cuestiones contractuales o económicas- solemos dejar para después de marzo con la esperanza de tener el panorama un poco más claro. Pero en el caso de Alan Kuchler, la necesidad era personal y decidió que no iba a esperar a que se le venciera el contrato de alquiler en abril de 2018 para salir a buscar. "Hace un tiempo que no me venía sintiendo cómodo y me dije que cuando encontrara algo que me gustara me iba a mudar", cuenta el joven abogado. Ese departamento apareció hace poco y casi de casualidad: "En esta época la gente no publica mucho porque como estamos a fin de año, tanto el dueño como el que alquila no se arriesgan a empezar ahora un contrato sin saber bien la inflación proyectada, el precio del dólar... Se hizo difícil la búsqueda porque había poca oferta y lo poco que había no me gustaba", sostiene.
Finalmente, Alan consiguió el piso que quería una tarde caminando por la calle con su novia. "Ella se encontró con una amiga que justo estaba dejando el departamento que alquilaba en un mes. Fui a verlo, me gustó, me contacté con la dueña y ya estoy viviendo en mi nueva casa", dice Alan.
Pero convenir precio no fue nada fácil justamente porque en esta época es difícil fijar un valor: "La dueña proyectaba entre un 28 y 32% de inflación, yo le peleaba el 20 por ciento... Al final terminé elevando un poco lo que pretendía pagar. En ese sentido, tal vez en marzo, con el panorama más claro, hubiera cerrado un precio mejor -reconoce-. Pero necesitaba el cambio. Es como los que dicen: «Empiezo la dieta el lunes». Yo digo: «No empieces el lunes lo que podés empezar el domingo». Estoy feliz de haberme mudado y ansioso por ver cómo quedará con los muebles. Pero eso sí lo voy a dejar para después de las vacaciones porque se me juntan los gastos".
La paradoja de la inacción
Si bien es cierto que esta época del año se caracteriza por la inacción, para Graciela Chiale se da una situación paradójica: "Muchas personas adoptan una actitud standby dentro de una comunidad con altos niveles de ansiedad social. Un bocinazo del auto de atrás para que arranques antes de que la luz verde se encienda. Enojarse con la computadora si está lenta, o no soportar hacer cola, o peatones que no aguardan a que el semáforo se ponga en verde para cruzar la calle, o esperar en la calzada en lugar de hacerlo en la vereda hablan de una sociedad ansiosa, que no puede esperar pero que a la vez está detenida porque sus individuos postergan hacer las cosas importantes. Es como si tuviesen conectado el freno con el acelerador", compara la socióloga, poniendo de manifiesto un cóctel explosivo.
Entonces, ¿es recomendable romper con el modo standby? Depende. Para la psicóloga Graciela Moreschi ,"hoy en día hay como un mandato de que todo debe ser acción y no es así, de ahí viene el agotamiento, el estrés -plantea-. Me parece importante respetar los ciclos internos y ponernos en armonía con el exterior. Es lo más saludable. A veces hay exigencias que no pueden posponerse, por ejemplo, una mudanza, pero si uno puede elegir, es mejor estar con la máxima potencialidad interna y en consonancia con el afuera", sostiene la especialista. En otras palabras, no vale la pena luchar o resistirse a entrar en modo espera. No hace ningún daño. Incluso, como pasa con los equipos electrónicos que usamos a diario y que entran en standby hasta que decidimos usarlos, puede ser el secreto de una larga vida. Con las personas, parece, sucede lo mismo.
Las claves del estado
Parecidos, pero diferentes
Entrar en modo standby no significa procastinar. El primero es un estado que está asociado a la época del año y tiene que ver con decisiones importantes de vida como separarse, mudarse o cambiar de empleo, mientras que el segundo es un comportamiento propio de la persona, que posterga tareas sistemáticamente
¿Resistir?
Algunos especialistas sostienen que no hace ningún daño entrar en modo standby y que, incluso, es beneficioso estar en armonía con un entorno externo que, por la época del año, adopta ese estado
La paradoja
La inacción característica de este período coincide con una sociedad con altos niveles de ansiedad
Producción de Florencia Nijenshon
1Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”
2Llamó a su esposa y le propuso hacer un viaje que cambió sus vidas para siempre: “Nos vamos a Alaska tres o cuatro meses”
3Efemérides del 20 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?
4Efemérides del 21 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?






