Por qué es necesario dejar de hablar de "conquista" amorosa

Cómo encarar la seducción desde el consentimiento
Cómo encarar la seducción desde el consentimiento Crédito: Shutterstock
Laura Gambale
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20 de mayo de 2019  • 13:32

Existe una diferencia sustancial entre lo que comúnmente se llama una "conquista romántica", que es la que se encarga principalmente de reproducir formas de posesión y subordinación funcionales a las estructuras patriarcales de nuestra sociedad, y aquella otra manera que invita a generar encuentros e iniciar relaciones en términos de igualdad y sin necesidad de que uno de los dos sea dominado.

Para aquellos (y aquellas) que se sienten perdidos o perdidas por los cambios que trae esta época, algunas primeras claves para tener en cuenta: que el límite es el consentimiento, que no es no, y que la insistencia, los celos y la violencia no son amor.

Entre las preguntas que surgen con el avance del feminismo , aparece si es posible pensar la conquista en clave feminista. Luciano Fabbri, politólogo del Instituto Masculinidades y Cambio Social (MasCS), explica por qué no es posible: "El feminismo nos propone relaciones igualitarias y de reciprocidad; y el término conquista, en cambio, supone un cazador y una presa que inevitablemente pone a una de las partes en el lugar de subordinación y cosificación. La clave para pensar formas nuevas de seducción que rompan con las relaciones de subordinación tiene que ver con el consentimiento. Y uno de los grandes desafíos en términos culturales y subjetivos tiene que ver con el poder de erotizar ese consentimiento, porque lo que nos propone esta cultura machista y patriarcal es que lo que se erotiza es la violencia, la posesión del otro u otra para el propio placer sexual".

Erotizar el consentimiento

Se trata de construir vínculos donde ninguno domine sobre el otro
Se trata de construir vínculos donde ninguno domine sobre el otro Crédito: Shutterstock

¿De qué manera podemos hacer de ese consentimiento algo efectivamente seductor? Nos interpela Fabbri. "Muchas veces el erotismo puede estar dado a través del humor, de la inteligencia, la sinceridad, y muchas veces también la ternura que no tiene por qué dejar de ser erótica", desliza.

Vanesa Paola Elias, psicóloga experta en Género , coincide con Fabbri en que es imposible pensar una conquista amorosa con perspectiva de género. "La conquista trae intrínseca la connotación de posesión sobre aquello que es conquistado, a saber, en nuestra historia romántica, las mujeres, dejándonos en un lugar simbólico de 'trofeo', aquello que el varón ganó y ahora mostrará orgulloso a sus amigos, su manada, sobre la cual desea imponerse como macho". Luego de largas décadas en las que las mujeres hemos luchado por ser escuchadas y obtener los mismos derechos, hoy podemos dar cuenta, según lo dice Elias, de que "lo que antes era encubierto bajo el velo de encare, conquista o piropo, trae aparejada una connotación sexual que deja en claro el dominio de un género sobre el otro, y que es, por tanto, un acto de violencia de género que estuvo naturalizado durante cientos de años".

Otra idea que nos limita: que el hombre debe ser proveedor, poderoso, público, político y preñador (las 5 "P" del patriarcado) ha condicionado el accionar, el sentir y el pensar de los varones, y también de las mujeres, al momento de tomar posición en sus relaciones amorosas y sexuales.

"El laburo que hay que hacer es relacional y es tanto para los hombres como para las mujeres", retoma Fabbri. "Al mismo tiempo que hay que poder trabajar en la aceptación del no por parte de los varones, también hay que poder trabajar en la clarificación del sí cuando las mujeres están en el rol de ser seducidas y tienen miedo a ser tratadas como ´fáciles´ ante su inmediato sí, como también para que puedan ser ellas quienes hagan la pregunta o seduzcan cuando así lo desean".

La idea de "amor romántico" puesta en jaque

Teniendo en cuenta que el significado del amor es cultural, ya que fue algo construido y aprendido a través de distintos dispositivos sociales, Jorgelina Turdo, periodista especializada en género y miembro del colectivo de Periodistas Feministas de Mar del Plata analiza la necesidad de deconstruirnos. Explica que el cambio empieza por ellos: "Cuando hablamos de la deconstrucción de los varones, hablamos de la necesidad de que ellos se pregunten si alguna vez no se sintieron o se sienten obligados a cumplir con los mandatos patriarcales de una sociedad que les pide, que no solo sean exitosos en sus carreras, sino que también lo sean a la hora de relacionarse".

Incorporar que los celos no son amor y que la otra persona no es un objeto que nos completa es fundamental para construir vínculos sanos
Incorporar que los celos no son amor y que la otra persona no es un objeto que nos completa es fundamental para construir vínculos sanos Crédito: Shutterstock

También lo relaciona con lo que dice Paul Beatriz Preciado (filosofo transgénero feminista), cuando habla de pornografía dominante. "Paul hace un planteo muy interesante acerca de la necesidad de comenzar a producir 'nuevas representaciones alternativas de sexualidad ' , esto nos lleva a pensar que es muy necesario cuestionarnos como son nuestras relaciones cuando nos vinculamos afectivamente, si prevalece la dominación del ´macho alfa´, por encima de los deseos de la otra persona y la de los propios varones, donde no cabe la posibilidad de ser sensibles, donde siempre el varón debe ir al frente y lograr el objetivo más allá de un 'no' , y donde tampoco el varón puede rechazar una relación sexual".

"Es sumamente necesario avanzar hacia la igualdad y erradicar la violencia para acabar con creencias erróneas sobre el amor: no somos la mitad de nadie, no nos hace falta el amor para sentirnos completas y desarrollarnos, ya que esto genera una idea de dependencia, lo que se conoce como 'el mito de la media naranja'", concluye Turdo.

No es amor, es acoso

"Que me diga 'que linda sos, ¿te puedo invitar a tomar algo?', no es acoso. Pero si te agradezco y te digo que no, pero insistís, me perseguís, me aguarrás del brazo o de la cintura contra mi voluntad, eso no es romántico, eso es acoso. Cuando se pierde el registro del sujeto y se lo convierte en un objeto, se está vulnerando la voluntad de ese otro o esa otra. El respeto tiene que ser la clave", ejemplifica Mariana Palumbo, socióloga y miembro de la Dirección de Género y Diversidad Sexual de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Luego reconoce al espacio público como un "espacio sexualizado", donde entiende que hay encuentros, acercamientos, miradas, y donde corrobora que el límite es lo marca el no de una de las partes. "Si estás en un bar, es de noche, vas al baño y una persona te pide un beso para liberarte el paso y te dice que de otra manera no será liberado, ¿de qué estamos hablando? No puede obligarte, y no te convertís en una histérica por tener un escote que a este "pobre" hombre lo motivó a pedirte un beso. Esa línea es la del acoso".

Con la popularidad que tomó la Campaña "No es No", nacida principalmente entre la juventud para denunciar la violencia machista, quedó visibilizado y puesto en discusión las formas de acoso y violencia. Actualmente está vigente la ley contra el acoso callejero, lo cual demuestra un avance jurídico en el reconocimiento de esta figura por parte de la sociedad, pero no alcanza si desde el seno de nuestra cotidianidad olvidamos observarnos, cuestionarnos y deconstruirnos.

¿Y el piropo callejero? ¿A quién buscar seducir realmente? En diversos trabajos y entrevistas, la antropóloga y feminista Rita Segato introduce el término "Mandato de masculinidad", esa especie de paquete de normas funcionales al patriarcado que todo hombre debe poder responder para ratificar efectivamente su masculinidad. Y lo explica definiendo al sujeto masculino por un paquete de seis potencias: el poder bélico, la fuerza física, económica, intelectual, moral y política).

Según Fabbri, el varón lo que realmente busca en el piropo callejeros es "ratificar su masculinidad viril y heterosexual ante sus pares. Un gesto de complicidad machista o de corporativismo masculino que necesita ser visto o escuchado por ese otro par para confirmarle su virilidad".

En relación con la transformación de esas prácticas, Fabbri observa que está viniendo principalmente a partir de que las mujeres no se callan más. "Creo que de a poco esto va cambiando principalmente porque las mujeres ya no se quedan en el lugar de objeto calificado y descrito por el acosador, sino que en cambio responden, y cuando lo hacen no solo desafían ese mecanismo de subordinación, sino que en muchos casos dejan en evidencia y hasta ridiculizan y avergüenzan al varón acosador y eso es lo peor que le puede pasar a ese varón en el momento en el que está buscando la ratificación de su virilidad.

Para descubrir nuevas formas de seducción, según Elias -y coincido- solo basta con "animarnos a correr los velos, a salir del escudo de las tecnologías, las apariencias, los estimulantes y atrevernos a fluir en la simpleza y complejidad de una charla con otra persona, sin frases armadas, sin pasos estipulados, sin estrategias de "levante" y trascendiendo el género de la persona que tenemos enfrente".

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