
El momento justo y en el lugar donde lo cotidiano toma una nueva dimensión
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Por Soledad Aznarez
Lo que más me gusta de fotografiar es sentirme en libertad. Ese juego de disfrutar de ver algo, de fotografiarlo y de mostrarlo. Ya había hecho fotografía callejera. Pero hace cinco años, cuando nació mi hijo Mateo, tuve que parar. Estaba de licencia, y entre el cochecito, el bolso de los pañales y otros objetos ligados a la maternidad que tenía que cargar todo el tiempo, además de ocuparme del bebé, se me complicaba esa actividad que tenía incorporada desde siempre. Entonces decidí comprarme un celular con una buena cámara, para poder hacer, de la manera más simple, las fotos de lo que veía cotidianamente. El teléfono me dio practicidad. Tiene un solo lente, y eso hace que no deba tomar tantas decisiones a la hora de disparar.

Me enfoqué, entonces, en estas imágenes instantáneas, espontáneas. El ejercicio de tener el teléfono siempre encima me permite, en cualquier momento del día, y cualquiera sea la situación, capturar y mostrar lo que me llama la atención. Para eso me baso, esencialmente, en una sensación. No tengo un patrón. Sin embargo, mirando el trabajo de estos últimos cinco años, hay alguna temática recurrente. En general, me interesa mostrar eso que le está pasando a una persona, o a un animal, a toda una ciudad. Y siento que al momento de posar mi mirada, me estoy metiendo en una intimidad. Puede ser algo simpático, algo dulce, algo desconcertante, algo que gráficamente me llame la atención (por eso también tengo varias fotos de maniquíes). Me gusta trabajar a partir de las luces y las sombras, salvo que la escena sea un beso, por ejemplo. Porque entre las cosas que más me atraen está esa intimidad pública que genera un beso callejero.

Desde que empecé a fotografiar tuve la necesidad de buscar ese tipo de imágenes. Y siempre las hice. Lo que cambió fue el método: la coyuntura me fue delimitando las características de la toma. Empezó de un modo azaroso, pero se transformó en una decisión estética. Así fue como encontré un hilo conductor temático y estético en lo que venía haciendo, y me siento representada. Son encuadres cuadrados, casi siempre en blanco y negro. Aunque hace tiempo que mi hijo dejó el cochecito, y por la propia dinámica laboral llevo mi cámara colgando muchas horas del día, sigo sacando con el teléfono. Hago una foto y la subo a mi cuenta de Instagram. Ese es el motor. Como si fuera un diario íntimo de observaciones cotidianas.

Es un work in progress constante, que no tiene condicionamientos, salvo algunas pequeñas reglas estéticas que le dan un aspecto lúdico al método. Lo mágico de la fotografía es sentirme libre. Con el paso del tiempo, repasando lo que había hecho, encontré que tenía una mirada propia. Cuando ves las fotos podés encontrar que hay una manera de mirar. Lo único que hago es cuidar eso a la hora de subir las imágenes. Cuido que la foto sea buena, eso es que la foto funcione, que la foto transmita lo que yo vi. Eso es lo más difícil. El modo de encararlo es sencillo. Si me propusiera trabajar un tema, pensar en un ensayo fotográfico o en un proyecto grandilocuente, se me haría cuesta arriba. Con las fotos de todos los días encontré una forma de expresarme, de mostrar mi mirada andando por la vida: teniendo el teléfono a mano puedo disparar en cualquier situación. Tengo una especie de antena abierta: si algo me llama la atención, paro y hago la foto. Clic.

SOLEDAD AZNAREZ nació en Buenos Aires. Estudió Comunicación Social en la UBA y Fotografía en TEA Fotoperiodismo. Es fotógrafa del staff del diario La Nación. Sus trabajos también fueron publicados en las revistas Rolling Stone y La Mano. Participó en las muestras colectivas Teatro por la identidad (2001), Argentina, el valor de la imagen (2003), Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires (2008) y en la muestra anual Fotoperiodismo Argentino (2006, 2007, 2009, 2010 y 2013). Sus obras fueron exhibidas en los dos últimos encuentros de Buenos Aires Photo. Una de estas imágenes fue finalista en la edición XVII del concurso Gente de mi Ciudad, e integró la exposición alusiva. Sus fotos ilustran las notas del blog deseoconsumido.com y todos los días las sube a su Instagram.











