
Prejuicio
Diccionario emocional: es una cuestión de actitud emocional, es herencia y aprendizaje, es un acto de responsabilidad social
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Uno de los principios fundamentales de los derechos humanos da cuenta de que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Sin embargo, es muy probable que, antes de la evidencia, el señalado ya haya recibido la condena social del prejuicio.
Juzgar de antemano, calificar sobre la base de criterios insolventes, criticar bajo supuestos consensos de rebaño no es otra cosa más que injuriar, discriminar o etiquetar de tal o cual a alguien. Así como cuando se señala con un dedo hay otros tres que nos devuelven la puñalada por la espalda. Con el prejuicio podemos llegar a convertirnos en verdugos de la autoestima. La culpa, no cumplir con el mandato o no responder lo que esperamos o creemos que esperan de nosotros nos reduce a la mínima expresión de nuestro ser y sentir.
El prejuicio connota emociones positivas y negativas. Podemos idolatrar o idolatrarnos hasta ocupar la diestra del dios de cada quien o tomar cursos de cocina en el más cruel de los infiernos. Cuidado: el purgatorio también nos pone en el banquillo ante la mirada caprichosa de los unos y los otros. ¿Cuál es nuestro destino? ¿Cielo o infierno? ¿Quién sentencia? ¿Quién tiene la primera y última palabra?
El prejuicio puede entenderse como una visión anticipada, recortada o tomada a préstamo; así como la ley subjetiva que resulte después de una experiencia personal. A propósito, podemos pensar la presunción como una distorsión cognitiva (una creencia sesgada, una interpretación aleatoria, una cuestión o mirada personal). El prejuicio es una cuestión de actitud emocional, es herencia y aprendizaje, es un acto de responsabilidad social, es la decisión de ser fiel o pecar ante la inteligencia espiritual, que es la que suele devolvernos la identidad más profunda.
¿Qué podría llegar a pasar si cerramos por un momento los ojos y sintonizamos nuestras ideas y emociones? ¿Quién sos? ¿Qué voces interiores hacen eco y desafinan o silencian nuestra música interior? ¿Vamos a validar el poder que creen tener los que están dispuestos a juzgarnos? ¿Qué estamos dispuestos a reprimir por temor a la exclusión?
Dar respuesta a estas preguntas es una elección saludable (seamos fieles o no a nosotros mismos) de la que deberíamos hacernos cargo en algún momento de la vida.







