Premio Pritzker. Quiénes son los franceses que impactaron con su arquitectura
Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal fueron distinguidos con el Premio Pritzker 2021, el equivalente al Nobel de la Arquitectura
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Fanáticos de los invernaderos y militantes de la conservación patrimonial, el dúo francés es reconocido por sus intervenciones respetuosas, la luminosidad y el carácter social y ecológico de sus proyectos, más de 30 en Europa y Africa.

Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal se conocieron en los años ’70 cuando estudiaban en la Escuela Nacional de Arquitectura Superior de Bordeaux. Se instalaron en 1987 en Paris, donde armaron el estudio, Lacaton & Vassal, una usina creativa que desarrolló arquitectura cultural y académica, viviendas sociales y espacios públicos.

Un hito para recordar
El hito del estudio fue la refuncionalización del Palais de Tokyo, un edificio monumental construido en 1937 para la Exposición Internacional Arts et Techniques dans la Vie Moderne, a pasos de la Torre Eiffel. En 2012 Lacaton & Vassal tuvieron a cargo la ampliación de este conocido centro de arte contemporáneo de París. Uno de los principios aplicados fue “construir modestamente, tornar sostenible lo existente”, una característica que representa al estudio. La ampliación sumó circulaciones dinámicas, preservó y optimizó la entrada de luz natural y extendió la superficie expositiva en función de generar espacios para “compartir y debatir ideas”, según consignan desde su página web lacatonvassal.com

¿Por qué los eligieron?
El jurado que desde este año preside el arquitecto chileno Alejandro Aravena (ganador del Pritzker en 2016) ponderó las virtudes del estudio francés: “Tienen la convicción de que la arquitectura es más que edificios, que puede ser humilde y siempre reflexiva, respetuosa y responsable, y que puede tener un gran impacto en nuestras comunidades contribuyendo a sentir que no estamos solos”. Además, destacó su conciencia medioambiental y su responsabilidad en torno a la problemática de la vivienda, entre los argumentos para entregarles los U$S 100 mil dólares y la medalla que reparte el premio instaurado por la familia Pritzker, dueña de la cadena de hoteles Hyatt.

El viaje que les cambió la vida
Alineados con los principios de la arquitectura social Anne (65) y Jean Philippe (67) proponen transformaciones que mejoren la calidad de vida, maximicen espacios públicos de disfrute y ejecuten el menor presupuesto posible. Menos es más es su lema. En 1993 construyeron bajo esta premisa la vivienda familiar Maison Latapie, en Burdeos, que aplicó a la fórmula de gran espacio y costo mínimo.
Lejos de los materiales lujosos y las tipologías orgánicas, los franceses siempre optaron por el perfil bajo. La experiencia en Nigeria los marcó para siempre. En los ’80 viajaron a África y se empaparon de formatos simples, estructuras integradas al paisaje, abiertas y funcionales, construidas con materiales locales. Bellas y modestas. Desde entonces a la premisa del menos es más sumaron a sus proyectos la de “stay simple”, mantenerse simple. Apreciar la luz, aprovechar el aire libre y honrar las construcciones preexistentes se incorporaron a su catálogo de recursos constructivos.

“La transformación es la oportunidad de hacer más y mejor con lo que ya existe. Demoler es una decisión fácil y de corto plazo. Es un desperdicio de energía, de material y de historia. Además, tiene un impacto social muy negativo. Para nosotros es un acto de violencia”, dijo Anne Lacaton en un artículo publicado por Harvard Gazette, “They build, but modestly”.
El foco en la vivienda social
En 2019 obtuvieron el premio Mies van der Rohe al mejor edificio del continente, otro galardón de peso que concede la Comunidad Económica Europea. Fue por la reforma del bloque de 530 viviendas sociales de Burdeos, un proyecto que se ajustó al presupuesto otorgado y todos los gastos fueron publicados en su sitio web. Al complejo habitacional le sumaron balcones prefabricados, ampliaron los ventanales y diseñaron jardines de invierno cerrados. A los departamentos ni los tocaron: conversaron con la gente y escucharon sus deseos de mantenerlos intactos.

Con el proyecto de la Plaza Léon Aucoc de Burdeos hicieron lo mismo: preguntaron y tomaron nota cuando el Ayuntamiento les encargó una reforma. En vez de planos entregaron los resultados de la encuesta casera. Los vecinos estaban muy conformes con ese espacio, entonces sugirieron incrementar la limpieza, uno de los temas más recurrentes de las charlas.
“La buena arquitectura es abierta - abierta a la vida, abierta para mejorar la libertad de cualquiera, donde cualquiera pueda hacer lo que tenga que hacer. No debe ser demostrativa ni imponente, sino que debe ser algo familiar, útil y bello, con la capacidad de sostener tranquilamente la vida que tendrá lugar ahí”, declaró Anne Lacaton al conocer la noticia.

Nunca vemos lo existente como un problema. Miramos con ojos positivos porque hay una oportunidad de hacer más con lo que ya tenemos”, afirma Lacaton. “Fuimos a lugares donde se habrían demolido edificios y conocimos a personas, familias que estaban apegadas a su vivienda, aunque la situación no era la mejor. La mayoría de las veces se oponían a la demolición porque deseaban permanecer en su vecindario. Es una cuestión de bondad”, continúa Vassal.
Actualmente el estudio trabaja en la puesta en valor de un antiguo hospital de París transformado en 138 departamentos, edificios de uso mixto (hotel y locales comerciales) en Toulouse, y un edificio de media altura para viviendas privadas de 40 unidades en Hamburgo, Alemania.

“La buena arquitectura es un espacio donde sucede algo especial, donde quieres sonreír, solo porque estás ahí”, señala Vassal desde el sitio oficial del premio, pritzerprize.com “También es la relación con la ciudad, una relación con el entorno y el lugar para ser feliz, donde la gente se sienta bien y cómoda. Un espacio que genera emociones”.
Ni tantas mujeres ni tantos latinos premiados
Mientras que el año pasado el jurado seleccionó al estudio Grafton Architects, de las arquitectas irlandesas Yvonne Farrell y Shelley McNamara, los Pritzker no suelen contemplar cuestiones de género. Tampoco amplían su mirada hacia Latinoamérica. Desde 1979 apenas cuatro mujeres fueron distinguidas. La primera fue Zaha Hadid, la arquitecta anglo iraquí que lo recibió recién en 2004. Luego llegó el turno de Kazuyo Sejima, en 2010, aunque lo compartió con su marido Ryue Nishizawa, co fundador del estudio SANAA, con sede en Tokyo. Y en 2017 asomó otro premio compartido, el de Carme Pigem, junto a sus socios de RCR Arquitectos (Rafael Aranda y Ramón Vilalta), de Girona.
Con los latinos tampoco fueron tan contemplativos. Luis Barragán, de México, lo recibió en 1980. De Brasil, Oscar Niemeyer, en 1988 y Paulo Mendes da Rocha en 2006. En tanto, Alejandro Aravena (Chile), lo obtuvo en 2016. Entre los candidatos figuraba Tatiana Bilbao, arquitecta mexicana. Hubiese sido una oportunidad para contemplar la perspectiva de género y considerar la arquitectura latinoamericana.
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