Qué es el “mile high club”: el origen de la fantasía de tener sexo en un avión y los famosos que lo admitieron
El caso de dos pasajeros detenidos tras mantener relaciones sexuales en un vuelo que aterrizó en Rosario volvió a poner en escena una fantasía instalada desde hace décadas
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El vuelo había salido de Panamá y se preparaba para aterrizar en Rosario cuando una escena insólita alteró la calma de la cabina. Dos pasajeros fueron sorprendidos mientras mantenían relaciones sexuales a bordo. Lo que en el imaginario popular puede sonar como una fantasía cinematográfica terminó con intervención policial por presuntas exhibiciones obscenas y los protagonistas detenidos. “Hay lugares mejores para practicar sexo”, dijo hace unos días el comandante Ramón Vallès, autor de un libro sobre todo lo que uno querría saber acerca de volar, en una entrevista con El País. La frase, lanzada con humor, parece escrita para este caso y abre una pregunta: ¿qué hay detrás del llamado mile high club (club de la milla de altura)?
El origen: ¿una apuesta?
El mile high club es una expresión instalada desde hace décadas en la cultura anglosajona, que se utiliza para referirse a aquellos que tuvieron sexo durante un vuelo. Aunque la expresión alude a la altura de una milla (unos 1600 metros), en la práctica no importa la altura exacta: el mito se asocia simplemente con la idea de hacerlo “en el aire”.
Sobre la fantasía de tener sexo en el aire, existe un antecedente curioso en el libro de apuestas de Brooks’s, uno de los clubes de caballeros más exclusivos de Londres. En el siglo XVIII, sus salones de juego eran conocidos por las fortunas que allí se apostaban. Los socios jugaban al whist, a los dados y también hacían apuestas sobre casi cualquier tema: la guerra, el clima, las mujeres o los episodios más extravagantes de la época. En ese registro aparece, en 1785, una apuesta llamativa. Apenas dos años después de los primeros vuelos exitosos en globo aerostático de los hermanos Montgolfier, Lord Cholmondeley le pagó dos guineas a Lord Derby con la promesa de recibir 500 si este lograba tener relaciones sexuales con una mujer dentro de un globo, a mil yardas de altura, unos 900 metros sobre la tierra.
No hay pruebas de que la apuesta se haya cumplido. Tampoco se trataba todavía del mile high club tal como se lo conoce hoy, porque los aviones ni siquiera existían. Pero el episodio deja ver que la asociación entre sexo, altura y provocación social ya estaba en presente mucho antes de la aviación comercial.

Uno de los antecedentes más citados como origen simbólico del mile high club tiene como protagonista a Lawrence Burst Sperry, piloto, ingeniero e inventor estadounidense del piloto automático. Según reconstruyó The Washington Post, el 21 de noviembre de 1916 Sperry volaba con Dorothy Rice Peirce —socialité, aviadora y esposa por entonces del artista Waldo Peirce— sobre la costa de Long Island, en Nueva York, cuando el avión cayó en las aguas de Great South Bay. Ambos fueron rescatados desnudos y Sperry intentó explicar que el impacto contra el agua les había arrancado la ropa. La versión nunca convenció demasiado y el episodio, envuelto en rumores y reconstrucciones posteriores, terminó convertido en una de las leyendas fundacionales del club.
El “club” que también sedujo a los famosos
Con el tiempo, esa mezcla de deseo, altura y riesgo dejó de pertenecer al terreno de las apuestas aristocráticas o las leyendas de aviadores y pasó a formar parte de la cultura popular. El mile high club empezó a aparecer como guiño en películas, series, canciones, conversaciones de aeropuerto y confesiones de celebridades. Ya no hacía falta saber quién había sido Lawrence Sperry: la fantasía había adquirido vida propia.
Kim Kardashian y Hailey Bieber también hicieron pública su pertenencia al club. En 2023, durante un juego de preguntas en el ciclo de YouTube Who’s in My Bathroom?, ambas reconocieron que habían tenido sexo en un avión.
La modelo y conductora Chrissy Teigen también contó que ella y su marido, el cantante John Legend, se habían sumado al mile high club durante un vuelo comercial de primera clase rumbo a Tailandia. En una entrevista con Cosmopolitan, la modelo dijo que estaban bajo una manta y bromeó con que deberían recibir “un trofeo” por la hazaña.

En febrero de 2024, en The Drew Barrymore Show, Drew Barrymore, la actriz estadounidense que saltó a la fama de niña con E.T., habló del tema con su invitada, Christina Aguilera. En tono de complicidad, admitió que había tenido relaciones sexuales en un avión y contó que, para ella, la experiencia tenía algo distinto. “¿No te parece una locura?”, le preguntó primero a la cantante, que también reconoció formar parte del club. Luego, Barrymore fue un poco más allá: “No es lo mismo”, dijo. Y agregó, entre risas, que si alguien tenía curiosidad por saber por qué la gente lo hacía, la respuesta estaba en la altura: “La altitud se siente diferente. ¡Lo recomiendo muchísimo!”.
Patricia Arquette, la actriz de Boyhood, también se sumó a la lista de confesiones públicas: en enero de 2025, durante una aparición televisiva en Watch What Happens Live, admitió que había integrado el mile high club.
El caso más escandaloso fue el del actor británico Ralph Fiennes. En 2007, quedó envuelto en un escándalo tras un vuelo de Qantas entre Australia e India. Fiennes y la azafata Lisa Robertson mantuvieron relaciones sexuales en el baño de clase ejecutiva del avión. La compañía primero la suspendió mientras investigaba el episodio y luego confirmó la terminación de su contrato. Aunque hubo versiones cruzadas sobre cómo ocurrió el encuentro, el caso quedó instalado como uno de los episodios más famosos asociados al club.

La fantasía del mile high club no solo circuló en películas o confesiones de famosos. También fue rozada, con mayor o menor sutileza, por la propia industria aérea. En una nota sobre la historia del fenómeno, The Atlantic señaló que algunas compañías utilizaron el deseo, el lujo y la intimidad como parte de su estrategia de marketing. Virgin America, por ejemplo, permitía enviar tragos a otros pasajeros desde la pantalla del asiento; Singapore Airlines promocionó sus suites de primera clase con camas dobles y champagne y Air New Zealand lanzó su Skycouch, una fila de asientos que podía convertirse en una superficie plana, acompañada por una advertencia irónica para que los pasajeros mantuvieran la ropa puesta. La paradoja es que las aerolíneas pueden vender la fantasía de intimidad en el aire, pero cuando se concreta puede convertirse en un problema de seguridad e incluso en una denuncia.
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