Sin miedo. En pleno puerperio, un examen de sangre reveló una complicación: “Mamá está enferma, los abuelos te van a cuidar”
A Tatiana le diagnosticaron esa enfermedad en medio del puerperio por el nacimiento de Isabella. Se aferró a su hija para poder salir adelante.
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“Cuando llegué a Fundaleu (Fundación para Combatir la Leucemia) obviamente seguí aislada. Ese mismo sábado me dejaron ver a mi hija, darle la última teta, le hablé a mi gorda y le expliqué que mamá estaba enferma, que se iba a poner bien, pero que ya no iba a poder darle más el pecho. Le conté que los abuelos la iban a cuidar y que pronto nos íbamos a ver. No tenía miedo a morirme, no estaba esa posibilidad en mi cabeza, sabía que tenía que ponerme bien por y para mi hija. Me dije a mi misma que podía llorar todo lo que quisiera, pero solo ese día ya que al siguiente iba a comenzar a dar pelea hasta estar recuperada”.
Tatiana Carolina Lizza (31) cuenta que vivió un embarazo muy lindo y que el 18 de enero de 2018, cuando nació Isabella, fue el día más importante de su vida. El único contratiempo que había tenido fue durante el tercer trimestre cuando comenzó a tener problemas con la tiroides. Por esa razón se empezó a atender con una endocrinóloga que le pidió que después de tener a su bebé se realizara los controles para saber de qué manera continuar con la medicación.
Malas noticias de los estudios
En marzo de ese mismo año fue a hacerse los chequeos endocrinológicos y a esos estudios su médica le sumó un hemograma por control. “Cuando tuve esos resultados me di cuenta de que había algo que estaba mal. Hablé con la doctora y me dijo que tenía que ver a un hematólogo para saber qué era lo que pasaba, pero que en principio podía ser que estuviera anémica”, recuerda Tatiana.

Cuando la hematóloga vio los estudios comenzó a hacer números en una hoja, sacó su celular y puso una cara rara como queriendo decir que algo no andaba bien. Luego de unos minutos de silencio que para Tatiana parecieron interminables, le dijo que tenía que repetir los análisis ya que se los había hecho hacía dos meses.
“El nuevo laboratorio dio igual o un poquito peor, tenía bajo los glóbulos blancos y la doctora me mandó a hacer más estudios, pero mientras tanto tenía que estar en casa en cuarentena sin poder ver a nadie, excepto a mi marido, a mi mamá y a mi hija. Pasó una semana mientras yo en casa me hacía mil preguntas porque me sentía bien, pero los análisis daban mal”.
A la semana siguiente le realizaron una punción en la médula que arrojó que padecía leucemia y casi de inmediato la trasladaron a Fundaleu. “Cuando me enteré no entendía nada, la misma doctora que hacía una semana me había dicho que no era leucemia, ahora me decía que sí, no me entraba en la cabeza. Obvio que me lloré todo”, confiesa.
La peor semana
La primera fase de la quimioterapia duró siete días seguidos y Tatiana cuenta que lo toleró sin dificultades. Sin embargo, el siguiente ciclo fue bastante complicado. “Un día me subió la fiebre a la madrugada, estaba en 39 grados y me dieron muchos antifebriles y otras medicaciones para que bajara, pero no había caso. Ese día me hicieron una tomografía (estaban buscando el foco de la fiebre) y cuando estaba en el tomógrafo empecé a temblar. En el momento en que me llevaban nuevamente a la habitación avisé que me sentía mal y comencé a temblar más fuerte y a vomitar. No me podían tomar el pulso, había tres enfermeras y una doctora, pero yo temblaba mucho por lo que se decidió que me dieran morfina”.

Tatiana pasó toda esa semana con fiebre y el pico llegó a los 43 grados y, además, debió estar con oxígeno ya que tenía líquido en los pulmones y en el corazón. “Fueron siete días en los que no podía moverme de la cama ni para ir al baño. Solo un día estuve a punto de decir no puedo más cuando entre mi mamá y una enfermera me estaban bañando en la cama, pero me recordé a mí misma que no podía decir esas palabras ya que tenía que recuperarme porque Isa me estaba esperando”.
Encontrar el para qué
Esos días fueron los peores para Tatiana durante el tiempo que permaneció enferma. Quizás, por aquellos días de preocupación y de desaliento recordó la charla que mantuvo con su psicólogo durante el primer día de internación. Ese día entendió que no ganaba nada preguntándose por qué le estaba sucediendo eso a ella, sino que la idea consistía en encontrar el para qué.
“La respuesta no fue inmediata y muchas veces recuerdo lo que viví para poder volver a pararme en ese para qué. Sería algo así como para disfrutar más la vida y no vivir a mil y gozar cada momento de la vida de mi hija. Cada día intento ver los problemas de la vida con otros ojos y agradecer por estar viva”.
A Tatiana tenían que realizarse un trasplante de médula ósea y los estudios demostraron que su hermano Axel era 100% compatible. “Cuando me enteré estaba con mi mama, nos pusimos muy contentas y fue un gran alivio, porque no es algo muy común y si había que buscar otro donante todo se volvía muy complicado. La relación con mi hermano es muy especial, él es un alma libre, cuando nos enteramos de la posibilidad él siempre se mostró muy predispuesto y colaborador. Cuando le pregunté cómo quería que le pagara por la médula, me contestó con un cajón de birra que, obviamente, se lo terminé comprando”, se ríe Tatiana.

Como los doctores le dieron dos semanas de descanso previo al trasplante, Tatiana aprovechó para bautizar a Isabella. “Fue una ceremonia muy linda. Si bien nuca dije que la bautizaba por miedo a que las cosas salieran mal, era algo que creo estaba implícito y que la familia acompañó. Quería estar presente en ese momento ya que el bautismo es un momento muy importante y, si las cosas no salían bien, que por lo menos hubiera fotos de ese momento en el que había estado presente”.
Previo al trasplante Tatiana tuvo que realizar una quimio muy fuerte para destruir las células madre de su organismo y así poder aceptar las células madres del donante, como ella misma explica. “El 22 de agosto a las 10 de la mañana fue el trasplante, estaba en mi habitación con dos médicos y el jefe de enfermeros quien me tomaba los signos vitales durante el tiempo que duró la transfusión. Era una bolsita como si fuera de sangre que la colocan por catéter. Duró más o menos 40 minutos”.
“Sin mi hija las cosas me hubieran costado más”
Tatiana cuenta que no hubo un momento en el que le dijeron que estaba en remisión, pero para ella ese instante fue cuando los médicos le informaron que la medula de su hermano había prendido, el mismo día del trasplante.

“Sin mi hija las cosas me hubieran costado más, ella es mi motor, es mi vida. Cada vez que me sentía mal pensaba en ella y sacaba las energías para seguir adelante. Después de la leucemia soy una Tatiana diferente en muchos aspectos. Si bien tengo un estrés postraumático y eso es algo que me pesa casi todos los días, sigo adelante pensando en las cosas lindas que tiene la vida: desde poder bañarme sola en la ducha, hasta llevar a mi hija a la plaza y jugar con ella sin cansarme y poder verla crecer”.
Actualmente, Tatiana desea poder volver a trabajar como psicóloga infantil en colegios o en su consultorio ya que aún no tiene el permiso para hacerlo a raíz del coronavirus. Pero, sin dudas, lo más importante es que puede compartir todos los días junto a su hija. “Isa es muy inquieta, le decimos terremoto, va al jardín y es una nena muy sana y super feliz. Creo que soy una buena mamá con mis defectos y mis virtudes, todo lo hago por ella y para ella, es mi vida entera”.
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