Son voluntarios. Hacen rescates de personas de una manera inimaginada y llegan donde otros medios no pueden
Se trata de una organización humanitaria que se dedica a la búsqueda en paramotor de personas desaparecidas en zonas de difícil acceso terrestre y diferentes situaciones de emergencia.
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Todo surgió allá por 2018, cuando en las charlas del final del día, un grupo de pilotos de la provincia de Buenos Aires que acostumbran juntarse a volar en paratrike (cayó en la cuenta de que muchos de ellos habían sido convocados a ayudar en diferentes situaciones puntuales, desde la búsqueda de una persona extraviada, la constatación de si tal puente estaba operativo o el rescate de algún bote que se había dado vuelta, entre muchas otras, aunque se percataron de que no contaban con el soporte y la capacitación necesaria para hacerlo de manera segura, eficaz y eficiente, de manera orgánica.
Fue así que decidieron unir su vocación solidaria con la pasión de volar, y de allí surgió el Cuerpo Argentino de Búsqueda y Rescate en Paramotor (Cabure), que reúne a más de doscientos pilotos desde Santa Cruz hasta Misiones y desde San Juan hasta Pehuén-Có, cerca de Bahía Blanca.
“En este tiempo crecimos muchísimo, no sólo en la cantidad de pilotos que se sumaron sino también en la elaboración de protocolos, estandarización de procedimientos, codificación de situaciones y el equipamiento adecuado para optimizar nuestras intervenciones”, cuenta Tedy Woodley (57) piloto de paramotor desde hace 15 años, y actual secretario de CABURE.

Básicamente, el Cuerpo Argentino de Búsqueda y Rescate en Paramotor es una organización humanitaria sin fines de lucro que se dedica a la búsqueda de personas desaparecidas en zonas de difícil acceso terrestre o todo aquel que requiera de sus recursos ante una emergencia.
Se dedican a la búsqueda de personas desaparecidas en zonas de difícil acceso terrestre o todo aquel que requiera de sus recursos ante una emergencia.
Para aquellos que no lo conocen, la principal diferencia del paramotor con el vuelo libre (en parapente) es que el parapente vuela por sí mismo, sólo necesita un desnivel como plataforma de despegue. Por eso en los lugares de montaña no precisan volar con motor. Lejos de esos lugares, la única opción es valerse de una propulsión auxiliar, como una hélice, para que el parapente pueda volar sin tener una pendiente. El despegue precisa apenas unos 15 o 18 metros de carreteo, y una vez en el cielo puede trepar hasta 67 kilómetros por hora.
“Son aeronaves de ala flexible, que en la actualidad ya están diseñados específicamente para el vuelo con motor. Colgando bajo el parapente y unido por una serie de bandas y suspentes se encuentra el grupo piloto/motor. En el caso del paramotor el piloto lleva el motor y la hélice como una mochila en su espalda. A su vez, el paratrike es un triciclo con el motor y la hélice atrás, mientras el piloto y hasta un acompañante, se ubican adelante”, explica por su parte Patricio González, piloto de paratrike desde hace 10 años, actual presidente de la organización.
Según explican los expertos, una de las grandes ventajas de este tipo de aeronaves es su portabilidad, ya que es la única que cabe en el baúl de un auto pequeño. Otra ventaja es su vuelo lento y el espacio reducido que requiere para aterrizar y despegar en unos pocos metros, y la posibilidad de volar al ras del suelo o elevarse cientos de metros con total seguridad. La mayor desventaja está en las limitaciones impuestas por las condiciones meteorológicas y orográficas.

Con estas aeronaves hacen lo que otros no pueden, como sobrevolar lentamente y a baja altura 100 hectáreas por hora por piloto, y usando sólo cinco litros de combustible
En cualquier caso, la colaboración de estas aeronaves puede resultar de valor incalculable, sobre todo si se considera que hacen lo que otros no pueden, como sobrevolar lentamente y a baja altura 100 hectáreas por hora por piloto, y usando sólo cinco litros de combustible. Frente a los 15 0 20 minutos de autonomía de un dron, pueden volar durante tres horas y rastrillar el territorio a simple vista -por más que lleven una cámara de respaldo-, y no a través de una pantalla. Además, el costo operativo es infinitamente menor que el de un helicóptero, y porque no necesitan de grandes infraestructuras para actuar. “Otra de las ventajas es que podemos acercarnos en una camioneta hasta lo más cerca posible, descargamos un trike biplaza y despegamos con un médico en un camino rural en menos de cinco minutos y una persona herida recibe atención médica casi inmediata mientras llegan otros equipos de rescate. Un grupo de 5 pilotos pueden despegar desde una canchita de fútbol e iniciar una búsqueda que puede prolongarse por más de dos horas y regresar habiendo cubierto más de mil hectáreas de superficie”, precisa Woodley.
SOS Emergencia
Una vez que los contactan para alguna emergencia, el primer paso es evaluar las condiciones orográficas de la zona, ubicar una ventana meteorológica que les permita realizar la búsqueda y relevar quienes son los pilotos registrados en la cercanía. Siempre en colaboración con la autoridad a cargo, conforman una mesa operativa para coordinar el trabajo de los pilotos en vuelo.
“Utilizamos distintas técnicas de barrido, así como diferentes alturas de vuelo, de acuerdo al objetivo de la búsqueda. Y siempre priorizamos la participación de pilotos locales por el conocimiento previo de la zona. En todos los casos, los pilotos utilizan los elementos de seguridad necesarios, como chalecos inflables si se vuela sobre el agua, y registran el vuelo con cámaras deportivas y sistemas de trackeo. Al finalizar el trabajo se elabora un informe final que se presenta a las autoridades junto al registro fílmico completo de los pilotos y los tracks de los vuelos realizados”, apunta González.
Lamentablemente, las búsquedas no siempre tienen final feliz. Como el caso de Tehuel, el joven trans desaparecido en Alejandro Korn: “Salimos a volar desde un predio de UPCN, bastante cercano al área de registro, con el padre y las hermanas de Tehuel esperándonos con los ojos llenos de lágrimas. Efectivamente encontramos esos senderos y 15 días después acompañamos y ordenamos desde el aire a más de un centenar de efectivos de la Policía Federal y de la Policía Bonaerense en un barrido multitudinario que por desgracia no dio un resultado positivo. Si bien eso implicó una aparición que no esperábamos en los medios nacionales, los pilotos que participamos en ese operativo tardamos mucho tiempo, si es que lo logramos, en superar la angustia que nos llevamos en esa oportunidad”, se lamenta Woodley.

También participaron en la búsqueda de Juan Carlos Woldryk, un peón rural de la zona de San Carlos de Bolívar, provincia de Buenos Aires, desaparecido después de haber sido víctima de una sextorsión en redes, al ser chantajeado sexualmente por internet.
“Allí llegamos convocados por el Sistema Federal de Búsqueda de Personas Desaparecidas y Extraviadas (SIFEBU), dependiente del Ministerio de Seguridad de la Nación. Las dilatadas extensiones de campo y el anegamiento de la zona hacían imposible realizar la búsqueda por medios terrestres y CABURE resultó una herramienta eficaz, no para dar con Juan Carlos, pero sí para certificar que en el campo en el que trabajaba y los aledaños no había señales de su presencia ni rastros de su cuerpo”, explica Teddy.

Tiempo atrás se sumaron también a la infructuosa búsqueda de un pescador de avanzada edad desaparecido en la zona de Pipinas, entre las desembocaduras de los ríos Samborombón y Salado, sobre el Río de la Plata. “Fueron 52 kilómetros de costa conformado por bañados y cangrejales inaccesibles desde el agua por la Prefectura Naval ni por tierra por la Policía Bonaerense, cubiertos por tres pilotos volando en formación. Las difíciles condiciones meteorológicas de aquel vuelo fueron menos angustiantes que tener que enfrentar a aquella familia y decirle que no había rastros de su abuelo, ni del bote, ni del perro que partió con él”, recuerda González.
En cualquier caso, aquellos que deseen contactarse pueden hacerlo a través de sus redes (@cabureparamotor) y en la web (www.cabureparamotor.com.ar), donde se brinda información sobre la organización y un enlace al formulario donde pueden sumarse nuevos pilotos de paramotor a paratrike. También pueden contactarse vía mail a cabureparamotor@gmail.com o a los teléfonos que figuran en los sitios mencionados.










